Rey de la selva, cantor errante, indio salvaje, de mirar triste como las quejas del aquilón, allá en el bosque donde tú reinas vivías tranquilo, fuerte y confiado, como tu hermano el astro sol.
Corazón de indio de indio manso te hirió de muerte la rubia mala de la ciudad. Corazón de indio mal te pagó la rubia linda que le brindaste todo tu amor.
Con tu caballo, potro de empuje, de ojazos negros como dos penas, fiel compañero de soledad cruzabas montes, llanos y sierras y eras primero siempre en la guerra porque eras, indio, bravo y sagaz.
Tras de su amada, indio valiente, tus altas sierras, tu selva umbría, dejaste un día por la ciudad. La blanca reina de tus hechizos te trajo atado por su capricho y hoy, triste, lloras su deslealtad. |