Por
Analía V. Aprea

Molar - Entrevista a Ben Molar

n su oficina porteña de Corrientes y Montevideo, Ben Molar custodia los mitos argentinos. Hay un busto de Jorge Luis Borges, un retrato de Ernesto Sabato, cuadros, revistas, fotos, afiches y partituras de los grandes del tango: Julio De Caro, Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Osvaldo Pugliese, Carlos Gardel y Hugo Del Carril, entre otros. Y esta él, que también es un mito, por su trayectoria y su batallar en defensa de la cultura popular argentina, porque frecuentó a Borges, Cadícamo, De Caro, a muchos otros. Y vio a Gardel.

Además, creó y promocionó muchos artistas, como Mercedes Sosa y Litto Nebbia, hoy consagrados. Es académico de la Academia Nacional del Tango y de la Academia Porteña del Lunfardo. Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, miembro de la Comisión Directiva de las Escuelas Tecnológicas ORT, miembro de la Comisión Directiva del Instituto Cultural Argentino-Israelita, Presidente Honorario de la Asociación Gardeliana Argentina, miembro fundador de la Casa Argentina en Tierra Santa, miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Amigos de la Calle Corrientes.

Por su iniciativa, se colocaron, en 40 esquinas de la calle Corrientes, placas de bronce con el nombre de reconocidas figuras del tango que están vivas, entre ellas: Libertad Lamarque, Marianito Mores, Enrique Cadícamo, Horacio Salgán, Tania, Tita Merello, Raúl Lavié.

Es autor de canciones populares, entre ellas, “Final”, grabada por los más famosos cantantes; autor de canciones de comedias musicales, entre ellas “Paren el mundo... quiero bajar”, “Mame”, “Dos Virginias para un Pablo” y “Te casarás Gaspar”. Autor de versiones castellanas de canciones de Los Beatles, Paul Anka, Elvis Presley, Bill Halley, Chubby Checker, entre muchos, y de las famosas “Noche de paz, noche de amor”, “Repican las campanas”, así como de canciones incluidas en muchos filmes.

También vale recordar que allá por la década del '60, cuando Buenos Aires se embriagaba con ritmos importados, Ben Molar comenzó su lucha para que se estableciera el 11 de diciembre como el Día Nacional del Tango y once años más tarde lo consiguió.

Por esa misma época reunió a catorce pintores, músicos y poetas, y realizó el gran evento: Catorce con el Tango, quizá la última realización tanguera importante del siglo veinte.

Pregunta: —¿Costó mucho trabajo que se colocara el monumento a Gardel en el Abasto?

Ben Molar: «Nosotros, los de la Academia Porteña del Lunfardo auspiciamos ese esfuerzo, realizado gracias al apoyo de la Asociación Amigos de la Academia Porteña del Lunfardo que consiguió los dineros y las donaciones para poder hacer esa estatua de dos metros cuarenta y un metro cincuenta la base. El trasfondo de esto es muy importante si nos ponemos a pensar que durante tantos años en la República Argentina sólo hubo una estatua, y siento mucho decirlo, solamente en la Chacarita. En Costa Rica hay seis monumentos, y en distintas partes del mundo hay varios. ¿Cómo Gardel no iba a tener uno en nuestro país? (Iba,a decir en cada esquina, que es mucho). Ahora hay que preguntarse por qué sólo va a tener una cuadra que es una cortada de 120 metros cuando está a la altura de los milagros más grandes que dio la Argentina. No hay en el mundo artístico un cantante compositor del calibre de Carlos Gardel, que se le escuche día y noche, en distintas partes del globo, y hay lugares donde lo adoran tanto como nosotros.



«Es un milagro único en la historia de la música popular. Y lo curioso, ¿cómo es posible que no tengamos lo que él se merece? En cada barrio tiene que haber un busto de Gardel, en cada provincia, en cada ciudad. Creo que a raíz de este esfuerzo, la gente dirá "mirá vos, hay una multitud de turistas que se acercan para verlo, vamos a hacer nosotros lo mismo, por respeto y por merecimiento para tener a Gardel más cerquita". Y entonces en Villa Urquiza o en Villa Crespo, en La Boca, Almagro o en Pompeya, tendrá que haber bustos o estatuas del querido Gardel que nos representa en todo el mundo, y como bien decía Julio Jorge Nelson "cada día canta mejor".»

P.: —¿Conoció a Gardel?

B.M.: «Hay una placa en Teatro Blanca Podestá, en Corrientes al 1200, que recuerda ese momento. Estaba en una esquina que frecuentábamos todas las noches, Corrientes y Talcahuano, donde estaba la Confitería La Real, donde todo el mundo artístico de alto nivel tomaba el te o café. Una noche vi salir a dos personajes mitológicos de Buenos Aires, hasta la vereda de enfrente. Uno de ellos le presentó a otro en el interior del teatro que antes se llamaba Smart. Esto me lo confirmó el poeta César Tiempo, años más tarde. El cruzó la calle con Gardel, y en hall del teatro estaba Federico García Lorca y se abrazaron. Por eso esa placa dice "En el hall de este teatro se abrazaron Carlos Gardel con Federico García Lorca, llevados de la mano del poeta César Tiempo. Testigo presencial: Ben Molar". Perdoname porque esto parece compadrada, pero es que no pude tocarle la mano o chamuyar con él.»

P.: —Usted siempre acompaña y apoya al Coral Manoblanca.

B.M.: «Si vos me vieras aplaudir antes de que terminen de cantar te darías cuenta que no me tendrías que hacer esa pregunta. Primero, porque soy un agradecido. Segundo, porque realmente es un conjunto sensacional, digno de todo respeto en el país y el mundo. Por eso quisiera que las cosas cambiaran como eran en el pasado, y yo pueda llamarlos cada diez minutos y decirles: "Che ustedes tienen que estar mañana en Montevideo, pasado en Rosario, tienen que viajar a Chile, Brasil y tantos lugares". Espero que vuelva a repetirse eso que teníamos los argentinos de apoyar lo nuestro un poquito más. Es un conjunto coral sensacional, muy bien dirigido. Cuando interpretan me emocionan mucho, con toda sinceridad. Y tengo la suerte de escucharlos de tanto en tanto.»



P.: —¿Qué opinión tiene de la relación entre los jóvenes y el tango?

B.M.: «Lo que hay es un acercamiento al baile. No hay todavía el acercamiento que teníamos los pibes de entonces, los adolescentes, que escuchábamos una hermosa poesía, una hermosa melodía, una manera de interpretar por los cantores y las orquestas. Todavía no es lo suficiente para nuestro tango. Un poco de alegría pero también con tristeza, tengo que decir que en Finlandia y en Alemania, hay muchas más orquestas que en Argentina, y más audiciones por radio, lo mismo en Holanda y se está empezando fuerte en Estados Unidos. En el mundo se le da mucha importancia, pero a la danza, y eso repercute en la Argentina porque llega a través de Internet, de la televisión, a través de los medios masivos de comunicación, la información de que en esos países está muy activo nuestro tango. Se acerca la fecha del Día del Tango y un mes antes me llaman de los lugares más distantes para preguntar algo. Me llama la atención y me digo: "que lindo que lo nuestro repercuta internacionalmente. En este momento es una de las banderas argentinas más importantes en el mundo".»

P.: —¿Cómo ve el tango de acá al futuro?

B.M.: «Siempre vi el futuro para nuestro tango muy bien, a pesar de que el país pasa por momentos difíciles, del olvido de los medios de comunicación. Pero es la época, cuando sale algo nuevo en alguna parte del mundo automáticamente se la ve en todo el mundo a través de la televisión, entonces los jóvenes se acercan porque ven el impulso que toma la danza, la pintura, los conjuntos.»

P.: —¿Qué proyecto le gustaría ver realizado por nuevas autoridades cuando asuman la conducción de la Ciudad de Buenos Aires, en cuanto al tango?

B.M.: «Primero, que llamen a los directores de los diarios, las revistas, las radios y canales de televisión y les expliquen que el tango tiene unas raíces tan profundas que por algo florece en todo el mundo. Entonces hay que apoyarlo. Esto fue lo que hicieron en la década del '40, que fue orgullo para los tangueros, donde había un centenar de orquestas de diez, doce músicos, y un centenar de cantantes cada uno, a la manera de los grandes pintores, con un estilo propio. Ojalá que los medios de comunicación, a través de esto que estoy pidiendo a los futuros funcionarios de la Ciudad de Buenos Aires, haga posible que se apoye mucho más a nuestro tango.

«Ojalá los que pueden dirigir nuestra cultura abran las puertas para que se acerquen compositores, músicos, cantantes, de toda clase, pintores, escultores. Para que estos grandes artistas en vida tengan el elogio nuestro, el aplauso, que no siempre seamos un pueblo que honra a sus muertos gloriosos, que sigamos honrándolos pero empecemos a honrar a nuestras glorias vivientes, a esta gente que nos deja una herencia para muchos centenares de años, con el regalo de su voz, de su inspiración poética o musical. Así que insisto, por favor, hacer que esta gente no muera con tristeza o en el anonimato.»

P.: —Están cerrando muchas confiterías y cafés históricos, por ejemplo, San Juan y Boedo, El Molino. ¿Cuál es su visión de esto y su propuesta?

B.M.: «Yo estuve luchando más de un año cuidando la esquina de Corrientes y Esmeralda, que es la que mi querido amigo Celedonio Flores había bautizado como la Esquina del Tango. Me acuerdo que le hice colocar trece placas a distintas entidades del quehacer artístico y había puesto un cartel: "Por favor no pintar esta esquina". Todas las noches durante un año, era una manera de vigilarla. Pero después vinieron las elecciones y empezaron a pintar sobre las placas. Las hice retirar por la Asociación Amigos de la Calle Corrientes, que si Dios quiere volverán a ponerse cuando las autoridades sepan que esas esquinas históricas son invalorables. Si uno va a España, Francia, a otros lugares del mundo, ve con que cuidado cuidan las esquinas, los cafés, los edificios históricos. Ahora me prometieron que en la casa donde vivió Gardel se va a hacer un museo, y que en la esquina de Rivadavia y Rincón, Corrientes y Esmeralda, y Corrientes 348, se va a demostrar que hay cuidado para con ellas.»

P.: —¿Quién tiene que hacerlo?

B.M.: «El Gobierno, pasa que nunca me metí ni me voy a meter en política. Siempre los pedidos los hago a través de los Secretarios de Cultura. Así estuve once años peleando con Secretarios de Cultura de la Municipalidad y de la Nación para conseguir el decreto, para que se festeje en todo el mundo el "Día Nacional del Tango". La idea surgió cuando yo iba al cumpleaños de Julio de Caro, en 1964, y dije "que curioso un día como hoy nació Julio de Caro y Carlos Gardel, y son dos de los caminos del tango: la música y la voz". Entonces, peleé once años para que se estableciera el 11 de diciembre el Día Nacional del Tango.»

Publicado en Coral Manoblanca (Pompeya)-Revista de Tango, nº 16, Buenos Aires, Junio de 2000.