Por
Silvina Damiani

Entrevista a Ariel Prat, o jogral do povo

antante, músico, compositor, poeta e intérprete argentino que plasma su concepción musical y particular estilo en el tango, la murga, el candombe y el rock.

Nació en Buenos Aires, en el barrio de Villa Urquiza. El fútbol y el tango marcaron su infancia (jugó tres años en los legendarios «Cebollitas» de Argentinos Juniors, con Diego Armando Maradona). Será por eso que sus primeras canciones recrean poéticamente esos aromas y esas remembranzas. Alcanza con citar “Al olor del hogar”, un clásico de Ariel Prat y Juan Subirá popularizado por La Bersuit:

Mi casa era un abrazo con aromas,
afuera el mar oleaba en adoquines,
por suerte había chapas que, en la siesta,
hacian que llover no fuera triste...

Ariel Prat es a todas luces un referente de la canción porteña y a la vez la excede (con interpretaciones magistrales de otros exponentes como Paco Ibáñez y Goytisolo). En ese camino heterogéneo y fecundo, Prat ha colaborado en trabajos discográficos de artistas populares como León Gieco, La Chilinga, Flavio Cianciarulo (bajista y cantante de Los Fabulosos Cadillacs), La Chicana, Juan Carlos Cáceres y con La Bersuit Vergarabat.

Con varios discos editados, y un libro de poemas Curiosidad y azar, recorre los caminos de la música y la poesía con el mismo fervor de siempre.

1. Hace un tiempo falleció en París el compositor, artista plástico, investigador Juan Carlos Cáceres. Vos, además de haber sido su amigo, le realizaste un merecido homenaje en Buenos Aires. ¿Cuál es su impronta en el panorama del tango y qué aporte ha dejado su obra?

R: Fue, es y será uno de mis padres musicales y creo que su obra no es valorada aun por la cultura oficial. Ha tocado un costado incómodo que es nada menos la historia negada de una Argentina contada por los grupos hegemónicos, que aun hoy están activos y marginan la negritud de nuestra cultura en general y de la música en particular. Haber trascendido en el plano internacional lo salvó de quedar sepultado por lo que llamo «La secta del formol» (Alejandro Szwarcman dixit). Soy uno de los herederos de Cáceres y espero honrarlo en el tiempo.

2. Cómo músico, trabajás el candombe, la milonga y otros géneros rioplatenses desde hace mucho tiempo. ¿Cuál sería la mejor manera de definir la música rioplatense desde tu óptica?

R: Yo diría metropolitana más que rioplatense. Mi obra se nutre de estas orillas por sobre todo, aunque tenga influencias notables de otras, por supuesto. Creo que mi camino se asemeja, sin caer en comparaciones y con toda humildad, al de un Chico Buarque, un Rubén Blades o un Sabalero (José Carbajal). Yo no rescato, solo articulo y tomo del entorno con mi propia visión y capacidad limitada, bebiendo de la fuente tan rica que dejaron mis ancestros tanto rítmica, poética, como melódicamente, payadores afroargentinos, los músicos y poetas diversos que evolucionaron en el tango así como la milonga en el baile, y sobre todo: descubriendo que en nuestra murga, la de este lado, está ese eslabón perdido entre el compadrito y el negro. Creo, sí, que en el Río de la Plata hubo una unidad que en el tiempo se atomizó y los caminos se hicieron paralelos pero en cada orilla tuvo luz propia, tanto en lo popular callejero como en lo que se escribe de todas las formas incluidas las cantadas.

3. ¿Cuáles son los errores en los que caen muchos comunicadores a la hora de catalogar la murga como género? ¿Por qué siendo Buenos Aires una usina del movimiento murguero, se recurre siempre a Uruguay como referencia obligada?

R: Hay una gran ignorancia muy bien aprendida. Ignoran el origen afro de nuestra murga que solo lleva de común a la otra el nombre y el carnaval. Nuestra murga viene de la vieja comparsa negra que se blanquea, como toda la sociedad, desde finales del siglo XIX en adelante. Por otro lado fue fundamental que, en la otra orilla, los artistas populares sí tomaron a la murga y al candombe montevideano como una herramienta para contar sus cosas, y acá hasta la llegada de la democracia no ocurriera. Yo fui el primero en cantar para y desde la Murga Argentina como un ente vivo, hubo casos anteriores muy elogiables, pero que le cantaron a la murga «desaparecida» o evocando a «aquella» murga que creían perdida como todo el «medio pelo».

4. Has musicalizado a grandes poetas del tango como Enrique Cadícamo y Julián Centeya. ¿Qué te ha dejado esa experiencia?

R: Maravillosa. Un viaje en el tiempo para reencontrarme con maestros que escribieron esa obra siendo más jóvenes que cuando yo las tomé. O sea que siguen estando vigentes en estado puro y no como pieza de museo. Julián Centeya, quien parte de su obra estuvo dedicada a los afroargentinos, fue uno de mis artistas preferidos integrales en un podio con Hugo Del Carril o Leonardo Favio.

5. Además de intérprete y compositor, sos investigador y tenés varios libros publicados. ¿Cuál es la obra literaria que crees le falta al Río de la Plata?

R: Falta completar una obra o retomar la que une aquel Buenos Aires incipiente y caótico con el actual, combinando elementos que se pueden encontrar hoy dispersos en una cultura metropolitana muy nutrida de novedades que a veces atentan contra el propio sonido, que verdadero está esperando que se lo escuche.

6. ¿Cómo definirías a Ariel Prat dentro del vasto mundo del tango, la milonga y el candombe argentino?

R: En los años 30, las orquestas que atendían el llamado de la época que apuntaba de oro en el tango, se llamaban «Tango Milonga de Corte Moderno». Junto a Juan Carlos Cáceres en París, comentando esto en su Sanatario (atelier hoy bautizado Tango Negro) de Montmartre; se nos ocurrió una tarde que nosotros hacíamos Tango milonga de corte murguero, nos reímos con la ocurrencia de esta definición más o menos certera. Yo agregaría apenas que soy un vehículo entre la calle porteña y el escenario. Tal vez por eso me bautizaron algunos conspicuos del medio como El Juglar.

«Es un orgullo para mí, que tanto en Europa como en Argentina me inviten a menudo a ofrecer mis «Charlas ilustradas: Murga porteña, tango y negritud». También es motivo del mismo, la materia que depende de la licenciatura de Gestión Cultural de la Universidad Nacional de Avellaneda: Cultura Popular y Carnaval en Buenos Aires, acompañado por la historiadora e investigadora Leticia Maronese».

Con ocho discos editados, Prat presentó este año su primer disco grabado en vivo No solo murga, incorporando elementos del tango, el candombe argentino, la milonga y el rock. Registrado en vivo el 27 de agosto de 2015, en una actuación en el Teatro Caras y Caretas, cuenta con producción propia y está acompañado por Hernán Kallis (guitarra), Martín Hernández (armónica) y Alejandro Caraballo (percusión y voz), además de muchos invitados.