Por
Juan Manuel Peña

Un baile de tango multitudinario en La Rural (1932)

l 2 de enero de 1932, se realizó un gran baile de tango, en las instalaciones de la Sociedad Rural Argentina, ubicada frente a Plaza Italia, en el barrio de Palermo, al que acudieron cerca de cuarenta mil personas. El diario La Nación del miércoles 30 de diciembre de 1931 lo anunciaba de esta forma: «Se escuchará el tango al aire libre... Habrá una gran audición el 2 de enero en La Rural», y remataba el artículo: «Los tangos de la primera época alternarán con los más recientes». El espectáculo se hizo en el marco del XIII Salón del Automóvil.

Y el diario La Prensa del 1 de enero, también daba la noticia, nombrando los tangos e intérpretes que actuarían en el evento. Cerrando el suelto con la siguiente frase: «Tendrá la fiesta exclusivo carácter popular». La entrada costaba un peso.

Efectivamente, a iniciativa del autor y poeta Enrique Santos Discépolo se inauguró el espectáculo titulado La Historia del Tango en dos horas. Como bien define Sergio Pujol, «…uno de los primeros intentos en el país de construcción de un relato coherente y sintético de la evolución de la música popular de Buenos Aires».

En una entrevista que le hizo La Nación, Discépolo dijo entre otros conceptos: «El espectáculo en cuya realización pongo todo mi mejor empeño y mi mayor actividad, tiene por intento, dentro de un marco adecuado, y con la módica exigencia de un peso la butaca, dar un motivo de esparcimiento a la par que recordar, lo más fiel y cronológicamente posible, la evolución que el tango, baile nacional, ha sufrido desde sus principios…» y agrega «El tango es el baile en que los rostros se hallan casi juntos, las manos unidas, las miradas inquietas… El tango es todo ardoroso fervor y entusiasmo viril…».

Discépolo bregaba por prestigiar más aún la música de la ciudad que, nacida en el arrabal, había ascendido en su carrera y terminado por conquistar los salones aristocráticos de París y de Buenos Aires. Sin ninguna duda y para nada alejado de la realidad, el poeta expresaba que cualquier tema de la vida se podía llevar a una letra de tango, a un romance con letra y música de tango.

Además, y lo definía al final del reportaje periodístico, consideraba que así se echaban «…las bases del verdadero espectáculo criollo del porvenir: el teatro del tango».

El espectáculo de la Sociedad Rural se dividió en cuatro épocas, para tratar de caracterizar con la música los diversos estadios de la evolución del tango, hasta ese momento. Para la primera, Discépolo eligió “El choclo” (de Ángel Villoldo), “El entrerriano” (de Rosendo Mendizábal), “Don Juan” (de Ernesto Ponzio) y “Felicia” (de Enrique Saborido), «…como expresión fiel de la música sin letra».

Los tangos elegidos para la segunda época «tangos aún sin letra, pero haciendo llorar en los cafés» fueron: “El apache argentino”, (de Manuel Aróztegui), “El chamuyo” (de Francisco Canaro), “Rodríguez Peña” (de Vicente Greco), “La guitarrita” (de Eduardo Arolas), “Argañaraz” (de Roberto Firpo) y “La payanca” (de Augusto Berto).

Para la tercera época, y cuando ya va apareciendo el tango-canción, eligió “La cumparsita” (de Gerardo Mato Rodríguez), “Lorenzo” (de Agustín Bardi), “Nueve de Julio” (de José Luis Padula), “Milonguita” (de Enrique Delfino) —al que Discépolo calificó de «tango-eje»—, “El pañuelito” (de Juan de Dios Filiberto), “A pan y agua” (de Juan Carlos Cobián) y “Nunca más” (de Francisco Lomuto).

En la cuarta, la actual de aquel año 1932, se consideró a “Cenizas” (de José María Rizzuti), “Sentimiento gaucho” (de Canaro), “Buen amigo” (de Julio De Caro), “Cuando llora la milonga” (de Filiberto) y “Esta noche me emborracho”, del mismo Discépolo.

Estos maestros, Canaro, De Caro, Filiberto, Lomuto, Donato y Delfino, dirigieron la gran orquesta formada para esta ocasión. Tania cantó “Tango mío”, “Madreselva”, “Taconeando” y “Confesión”. La Razón mencionó a estos cuatro tangos como «tangos de este cuarto de hora».

También actuaron el Trío Irusta-Fugazot-Demare con sus composiciones de los tiempos actuales, referido a esos años del treinta. Hay un recuerdo lejano y reciente para cada una de esas canciones.

Para el baile antiguo del tango se eligió a Casimiro Aín y su pareja Odette Boiss, y para el tango moderno a la señorita Arcino y al bailarín Miguel Bucino. La decoración del lugar estuvo en manos del escenógrafo López Naguil, que ya lo había hecho para otros espectáculos de tango.

La Razón, diario de la tarde, escribió un amplio artículo titulado: «Ante treinta mil personas se historió anoche el tango criollo», donde difería en la cantidad de participantes. Y como un subtítulo decía: «Desde “El choclo” de Villoldo hasta “Confesión” de Discépolo», el artículo tenía tres grandes fotos: una con el Trío Irusta-Fugazot-Demare, vestidos de gauchos, otra con Francisco Canaro dirigiendo la orquesta con su cantor Ernesto Famá ante el micrófono. Y una tercera foto con Casimiro Aín y su pareja de baile, Odette Boiss, bailando “El entrerriano”, según los correspondientes epígrafes.

Cuando se descorrió el telón apareció la gran orquesta del maestro Francisco Canaro y una mala decoración de López Naguil, tan endeble que, con el viento se desmoronó.

Dijo La Razón: «Va a desfilar el tango. Para el brevísimo espacio de dos horas, ha sido imprescindible mutilar mil obras y mil recuerdos. Pero de ningún modo los títulos que jalonan el programa dejan de establecer la auténtica trayectoria de su prestigiosa figura. Va a desfilar el tango con su cuna de horror y de sangre… con sus flores de luz y su llanto…»

En otra parte de la crónica se menciona que Discépolo «ha prometido la historia del tango en dos horas. Buen historiador, Enrique Santos Discépolo se limita a presentar los documentos… En realidad se ha hecho la historia del tango que Discépolo sueña con escribir». Discépolo hizo de relator y maestro de ceremonias frente a la gran orquesta.

Y termina, cuando se produce el final del baile con: «…La gente se desliza hasta la salida. Es un mar humano. Flujo y reflujo. El mar humano ha tardado dos horas en ir y volver».

De esta manera y con gran afluencia de público, se manifestó una vez más, durante aquella compleja década argentina, la vigencia del tango en la ciudad de su nacimiento.

BIBLIOGRAFÍA:
Diario La Nación. Ediciones del 30/12/1931, 1/1/1932 y 2/1/1932. Buenos Aires.
Diario La Razón. Edición del 1/1/ 1932. Buenos Aires.
Pujol, Sergio: Discépolo. Una biografía argentina. Emecé Editores, Buenos Aires: 1997.
Canaro, Francisco: Mis bodas de hora con el tango. Buenos Aires.