Por
Roberto Mancini

Godoy - Entrevista al cantor Juan Carlos Godoy

n la ciudad de Campana, donde «el agua blanda, era más fresca que el río», nació mi amigo y entrevistado de hoy.

Hay una tranquera por donde el recuerdo vuelve a la querencia y por esa puerta abierta que es el corazón de Juan Carlos, me introduzco en su vida, pidiéndole me cuente cosas, esas que se dicen tomando mate junto a una vieja arboleda y que pretenden llegar al público, inapelable destinatario de nuestro canto.

«A mí comenzó a llamarme la atención el tango allá por el año 1933 cuando Agustín Magaldi vino a Campana. Él debía actuar un domingo en el teatro de la Sociedad Italiana, pero estaba afónico y no pudo hacerlo, solamente habló con el público y actuaron sus cinco guitarristas. Yo era pibe pero recuerdo que Magaldi era un tipo que cargaba su pinta y que su sola presencia bastó para conformar al público.

«Para ese mismo tiempo en el Teatro Moderno se presentó Carlos Gardel y tengo muy presente todavía que le fui a comprar cigarrillos a una que venía con él en la embajada y así entré de «ronga». Para ese entonces yo tenía pantalones cortos y me acuerdo que Gardel cantó sentado, colocando las guitarras detrás de sí.

«Cuando yo tenía 13 años, nos reuníamos con los muchachos para pasar el rato cantando. Entre ellos, estaba Antonión que lo hacía muy bien. Tenía una voz fina, a veces hacíamos un dúo que gustaba mucho. Así fue como empecé a tomar contacto con el tango.

«Siendo aún pibe yo trabajaba en una chacra y cuando llegaba la época de la cosecha de maíz, era mucha la gente conchabada que trabajaba, comía y dormía en el lugar. A la noche todos cantaban y yo hacía temas criollos y así, me agarró el entusiasmo por cantar.

«En 1936, mi familia se vino a Buenos Aires y yo con ellos. Vivimos en el barrio de La Boca y enseguida comencé a trabajar en los talleres del Ministerio de Obras Públicas y ahí, mi capataz me empujó muchísimo para que cantara. Me decía: «Prepará el mate cocido y cantá. Si no cantás no te quiero conmigo».

«Cierto día mis compañeros hicieron una colecta para que yo grabara. Éramos un grupo unido que jugábamos a la quiniela y a las carreras. Por eso el sueldo no me alcanzaba ya que cuando cobraba tenía que pagar las deudas y me quedaba sin un mango. Jugaba «al fiado». Esta situación de vicio, me llevó a renunciar al trabajo en el ministerio.

«En el año 1949, entré al Banco Municipal y allí, también cantaba en las reuniones que hacíamos. El banco era más conocido con el nombre de Banco de Empeño y cuando alguna persona venía a empeñar una guitarra, el encargado de tasarla me consultaba. A veces traían algunas con diapasón de ébano de Casa Núñez. Verdaderas joyas, pero yo para entonces no había aprendido a tocar la guitarra, lo que sí estoy haciendo hoy a mis años para entretenerme. Recuerdo que cierta vez tuve que cantar en el Agusteo y entonces hice “Allá en el bajo”, tango que todavía hoy sigo interpretando.

«Ya me había casado y estaba dispuesto a dejar de cantar para dedicarme más de firme al laburo, cuando una noche me llevan a una comida y al terminar la misma me hicieron cantar. Se dio la casualidad que estuviera presente Vicente Salerno, primer violín de la orquesta de Ricardo Tanturi, que me dijo que el maestro estaba probando cantores para acompañar a Elsa Rivas y a Horacio Roca y agregó: «La voz que busca puede ser que sea la suya, pero tiene que probarlo Tanturi, así que vamos a ir el lunes a Radio El Mundo a las 9 de la noche».

«Ahí fuimos ese día y di la prueba. Yo llevé un tango que ya cantaba Rufino, “Griseta” y don Ricardo después de escucharme me dijo que yo quedaba incorporado a su orquesta, pero por compromisos que tenía con otras personas debía seguir probando algunos cantores que le había recomendado la radio. Fuimos a comer y me hizo poner el nombre de Juan Carlos Godoy, «Porque Llanos no tiene acentuación», me dijo. A mí el nombre no me gustó pero si me decía que tenía que llamarme Juan Pérez agarraba lo mismo.

«Comencé con Tanturi en el año 1956, en tanto seguía trabajando en el banco. Cuando hacíamos cabaret terminábamos tarde y yo llegaba al banco medio dormido. Viajaba con la almohada pegada. Actué en el Marabú, la catedral del tango. “La Garçonnière” fue el primer tema que canté con la orquesta y “Decís que no te quiero”, la primera grabación. Del otro lado, Elsa Rivas grabó “Besos brujos”. Estuve dos años, y luego pasé a la orquesta de Alfredo De Angelis.

«Se iba Carlos Dante y me habló Marvil a la salida del cabaret: «Hay una posibilidad para que usted vaya a cantar con De Angelis». ¿Cómo es eso? le pregunté sorprendido y él me respondió que le habían pedido que me consultara y me invitó para ir a la casa de don Alfredo en Banfield. Bueno, respondí yo.

«Un jueves, a las 9 de la noche fuimos a la casa del maestro, donde también estaba Oscar Larroca. Me probó acompañándome con el piano. Hice el tango “Yo no sé llorar”, el que con el tiempo grabé a dúo con Larroca. El director quedó conforme, pero yo antes de aceptar quise hablar con Carlos Dante.

«A Dante le pregunté si no le molestaba la situación porque si era así no aceptaba. Su respuesta fue tajante: «Si le hablaron a usted vaya tranquilamente, porque yo me voy a dedicar a cantar como solista». Entonces, acepté.

«El primer tango que canté y grabé con mi nueva orquesta fue “No culpes al amor” de Juan Pueblito y Roberto Caló. Después cambié de compañero. Se fue Larroca y vino Roberto Florio (Chocho), pero los dos teníamos el mismo registro agudo de voz y no podíamos cantar a dúo. Cuando vino Lalo Martel volvimos a hacer dúos y, cuando apareció el pibe Mancini, mejor aún, porque él andaba bien con la guitarra, sabía música y tuvimos muchos éxitos con los discos, aquí y en Colombia. Fue un tiempo muy lindo y exitoso que yo no supe aprovechar económicamente, porque volvía cada tanto a la Argentina para cantar aquí como solista.



«Hice un compacto junto a Mariano Mores, Leopoldo Federico, Alberto Podestá y otros amigos y en el año 2004, grabé “La mariposa” y “Alma en pena”.

«Recuerdo que en el Rincón de los Artistas, Ángel Díaz me pasó el tango que había hecho con el hermano, “Se tiran conmigo”. Yo lo cantaba como primicia y el tango le gustaba mucho a la gente. Para ese entonces llegó al local Alfredo Belusi y también a él le gustó mucho el tema y se interesó para que lo escuchara José Basso. Luego de varias peripecias y no obstante mi continua negativa a volver a cantar con orquesta, me convencieron y grabé siete temas con Pepe. Pocos porque ya los discos de tango no se vendían como antes. Grabamos en Columbia reforzados por Enrique Francini y Antonio Agri, en los violines. Grabé “Melenita de oro” y en la mitad del tango, cuando venía una armonía de violines y yo entraba haciéndole la segunda, parecía que estaba cantando en el cielo. ¡Era extraordinario!

«Cuando Francini escuchó el long play quedó entusiasmado, «Porque con De Angelis cantabas de una forma y acá de otra», me dijo.

«Con el Sexteto Mayor hice dos larga duración en Colombia, pero por razones contractuales con Odeon, en esos discos figuró como el Sexteto de Luis Stazo.

«Viajé mucho, pero donde más me quedé fue en Colombia. Eran años en que había que salir del país para ganarse la vida y entonces actué en Nueva York, Miami, Chicago, New Jersey, Denver y Boston, además de Chile y Ecuador.

«Con Troilo tuve una linda anécdota. El Gordo era un divino. Un día de 1964, haciendo la audición Patio de Tango, con De Angelis, me dice: «Pibe me hacés un favor. Yo mandé a dormir a Goyeneche y Rufino para que descansen y no hagan el ensayo. ¿No me podés cantar un tango para poder ensayar?» y yo acepté. Canté “El motivo” y Luis Stazo, en ese entonces primer fueye de Alfredo, me dijo: «Juanca, Troilo te está probando» y yo entonces, le contesté que no sabía si él me está probando, pero no me podía perder el viaje con De Angelis a Colombia, donde tenía asegurada una buena plata; algo así como 5.000 dólares.

«Pero ahí no terminó la cosa. A la semana, Manuel Sucher me pregunta si quería cantar con Troilo. Este le había pedido que me hablara. Espiritualmente, me hubiera gustado ir con Pichuco, porque para mí era la mejor orquesta, pero le respondí que no, por el tema del dinero que me traía de Colombia y que necesitaba para empezar a pagar un departamento que quería comprar. Creo que El Gordo me quería para reemplazar a Rufino, pero no pudo ser. Después nos hicimos muy amigos.»

Para finalizar, llegó a mis manos el último trabajo de mi amigo Godoy. Una producción independiente, Flor de yunta, junto a nuestro otro colega Reynaldo Martín, donde Juan Carlos, con sus 80 y pico, revalida su merecida fama de excepcional cantor.