Por
Jesús Orozco

As origens do tango no México e seus intérpretes

on el disco “Mi noche triste (Lita)”, grabado por Carlos Gardel en 1917, comienza la era del tango canción que influiría definitivamente en la estructura musical, la temática y la literatura del tango. A partir de los versos de Pascual Contursi que salen de su garganta, El Morocho inventa el modo de cantar los tangos. Los cantantes que lo sucedieron, Ignacio Corsini, Rosita Quiroga, Charlo, Azucena Maizani y Hugo Del Carril, entre muchos otros, se sujetaron por fuerza a este estilo de interpretación.

De este modo, la carta definitiva del tango cantado estaba echada. Había nacido a principios del siglo XX, se consagró en España y en Francia para formar parte de la vida social europea, cruzó el océano y se introdujo en el medio cinematográfico de Estados Unidos. En los países iberoamericanos despertó un extraordinario interés a partir de sus letras dramáticas y de elocuente espíritu carcelario. En suma, eran pasajes de la vida cotidiana que transcurrían en ambas márgenes del Río de la Plata, pero que eran transmisibles, por su universalidad, al resto de los pueblos hispano parlantes.

México no fue la excepción, gracias al apogeo de la radiodifusión y los avances fonográficos, en un país que estaba en plena modernización y recuperándose de una guerra civil. Su majestad el tango invadió las estaciones de radio, las casas de discos, los gramófonos, los altavoces de ferias y la mayoría de los hogares mexicanos.

Comenta Jorge Sareli en su libro El tango a través del tiempo: «En la década de los treinta, el tango se situaba en la ciudad de México, por su calidad, su ritmo, su cadencia, su languidez, su temática, su drama, su tragedia, su ternura, su breve filosofía de la vida, su mensaje, sus situaciones humorísticas y su coreografía diferente a otros ritmos musicales; cobró miles de aficionados a este género que apasionó y cautivó a todas las clases sociales tanto suburbanas como a la elite capitalina».

Continúa diciendo: «Era la música que más se difundía y se escuchaba con mucho interés y entusiasmo, se cantaba y se bailaba con la alegría clara de la novedad, que el pueblo de la ciudad de México asimiló insospechadamente y se adaptó a tal grado, que compositores y cantantes mexicanos se dedicaron de lleno a interpretarlo y a sentirlo tanto como cualquier artista argentino o uruguayo».

En XEB «La estación del buen tono» y en XEQ Cadena Radio Continental, se crearon grupos de cantantes que cultivaban el tango. Allí estaban Maruca Pérez La Mocosita, quien fuera la primera intérprete de la obra de Agustín Lara, Carlos de Nava El Gardel Mexicano, Blanca Reducindo, los hermanos Américo y Abdón Alak , El Trío Argentino, grupo mexicano que tomaba como modelo el trío homónimo de Irusta-Fugazot-Demare, Blanca de la Fuente, Raquel Moreno y El Che Sareli, entre muchos otros.

Por supuesto que tendríamos que considerar en esta lista a los anteriormente consagrados: Emilio Tuero, barítono español radicado en México, el tenor Juan Arvizu, que fue primer cantante de tangos, el tenor Alfonso Ortiz Tirado, con su gran recreación del tango “Clavel del aire”, el popular Tito Guizar, Fernando Fernández, luego director de cine y gran amigo de Discépolo, Los gauchos de los ponchos verdes y el famoso bolerista Pedro Vargas, quienes además tuvieron la osadía de llevar al mundo, un repertorio con tangos compuestos por autores mexicanos como el inspiradísimo Agustín Lara con su tango “Arráncame la vida” o Belisario de Jesús García, creador de “Tango negro”.

Nos relata Sereli que: «en esa época, procedentes de Argentina, llegaban artistas de todas categorías y diferentes cualidades histriónicas; por ejemplo, actores, cantores, cancionistas, declamadores, poetas, compositores, autores, cómicos, bailarines, coreógrafos, escritores y directores de cine».

La estrella argentina Libertad Lamarque conoció a Pedro Vargas y a Ortiz Tirado en el ambiente de radio de Buenos Aires, iniciándose una amistad que luego se acrecentaría con su llegada a México. El éxito que tuvo la cantante argentina fue contundente, no tenía competencia en el país azteca donde había muy pocas cancionistas de tango. Su extraordinaria repercusión popular la transformó en una diva, no sólo de la canción, también de la cinematografía y, a partir de la repercusión de sus películas, sus admiradores la distinguieron con la frase: La novia de América.

Antes que ella en 1938, había estado la bella Mercedes Simone que fue la primera artista extranjera contratada por el mítico local nocturno El patio, propiedad del empresario Vicente Miranda. En 1932 estuvo el famoso Trío Argentino integrado por Agustín Irusta, Robertp Fugazot y Lucio Demare, aunque este último no viajó y en su reemplazo lo hizo Rafael Iriarte.

Otros que llegaron entre 1937 y 1945, fueron: Azucena Maizani, Agustín Irusta, Alberto Gómez, el dueto Llamas-Barroso, que hacían tango, folclore y humor, Rosita Quintana y el gran Hugo Del Carril. También triunfaron en sus escenarios: Ignacio Corsini, Charlo, Ángel Vargas y Amanda Ledesma El angel rubio del tango, quien tuvo una breve pero interesante carrera artística en el cine azteca.

Agustín Lara, sin duda el máximo autor popular que tuvo México, tampoco pudo evitar la influencia de la música ciudadana en su obra. Compuso varios tangos, la mayoría de ellos fueron grabados por Libertad Lamarque y entre los que sobresalen “Arráncame la vida”, posiblemente el más conocido, “Carita de cielo”, “Mentira”, “Reproche”, “No tengo la culpa”, “Canalla”, “El cofre”, “Lejos”, “Adiós”, “Como te extraño”, “Consejo”, “Lo de siempre”, todos de gran calidad y difusión.

El eximio creador de tantos boleros y canciones inolvidables como “Granada” o “María bonita”, nació en la ciudad de México el 30 de octubre de 1896 y falleció el 6 de noviembre de 1970.