Por
Jorge Palacio (Faruk)

Los cabarets de los años cuarenta

e voy a referir a los cabarets del 40 porque a los anteriores no los conocí. No me dejaban entrar. En mi juventud, cuando uno llegaba a los 18 años cumplía con dos anhelados deseos: entrar al Teatro Maipo y a un cabaret.

La palabra cabaret es de origen francés y significa taberna. No es un término lunfardo ni escabroso, sin embargo cuando el gobierno militar del 43 suprimió cientos de palabras en las letras de los tangos, también se ensañó con la palabra cabaret. Les daré tres ejemplos demostrativos de tamaña estupidez:

En el tango “Griseta”, cuando dice: «En el loco divagar del cabaret», se debía cambiar por: «En el loco divagar del barrio aquel».

En “Moneda de Cobre”, según los versos originales: «Cumpliste 20 años en un cabaret» debía decir: «Cumpliste 20 años, total para qué».

Y en “Mano cruel”, en vez de decir: «Hoy te he visto a la salida de un lujoso cabaret», se debía cantar: «Hoy te he visto a la salida de una fiesta de oropel».

Por lo general los cabarets eran salones grandes con una amplia pista de baile rodeada de mesas y una barra, todo bien iluminado, a diferencia de las boites que eran más chicas y oscuras. En la puerta siempre había un portero uniformado con levitón, con botones dorados y una gorra con el nombre del cabaret.

Aunque solían concurrir parejas, la mayor parte de los asiduos asistentes eran hombres solos o en grupo, que iban a bailar con las alternadoras, a tratar de seducir a alguna o a escuchar a su orquesta favorita. En todo cabaret había una orquesta típica y una de jazz y a medianoche se presentaba un espectáculo llamado el varieté, que consistía en diversos números artísticos. El signo de importancia del cabaret estaba dado por la categoría de la orquesta típica que actuaba en él.

Las orquestas importantes trabajaban todos los días menos los sábados, pues ese día se presentaban en los bailes de los clubes y eran reemplazados en el cabaret por «la orquesta de cambio». A muchas de estas las consagró el público sabatino.

Las alternadoras, milongas o coperas vestían de largo satén, cumplían un horario y su misión era hacer que los clientes las invitaran a sentarse a su mesa a tomar una copa. Una vez logrado esto, trataban de entusiasmarlo para que siguiera invitando y consumiendo. No podían salir del cabaret antes que el local cerrara sus puertas.

A las 3 o 4 de la madrugada, cuando estaba por cerrar, la orquesta tocaba “La cumparsita”, último tango de la noche. En ese momento aparecían los cafishios a buscar a sus coperas y cobrar su porcentaje.

Un personaje infaltable en los cabarets era la cuidadora del baño de damas, generalmente una ex alternadora y a quien las chicas llamaban Mamita.

El más importante cabaret del país y de Sudamérica fue, sin duda, el Tabarís, ubicado donde antes estaba el Royal Pigalle, en Corrientes 865, entre Suipacha y Esmeralda. Tenía en la planta baja una gran pista de baile que a medianoche se elevaba, convirtiéndose en un escenario. Había artistas internacionales, también alternadoras, pero en él se daban cita parejas y matrimonios. Animaba la orquesta típica Di Adamo-Flores, en la que debutó el bandoneonista Leopoldo Federico, que se alternaba con la de jazz. Allí tocó la orquesta francesa de Ray Ventura.

El Marabú se inauguró en 1934 y estaba en Maipú, entre Sarmiento y Corrientes. Allí debutó Aníbal Troilo el 1 de julio de 1937. En la entrada había un cartel que decía: «Todo el mundo al Marabú/ La boite de más alto rango/ donde Pichuco y su orquesta/ hará bailar buenos tangos». Pero el conjunto que actuó por más tiempo fue el de Carlos Di Sarli. Entre sus asiduos concurrentes se destacaba Miguel Bucino que se lucía bailando con las chicas.

El Casanova estaba justo en frente al Marabú. La orquesta de Lucio Demare amenizaba el lugar. Se inauguró en 1931 con la orquesta de Juan Canaro y la jazz de Ian Gregor (Gregor Kalikian), que acompañó a Gardel en sus grabaciones en francés. En este cabaret se presentó la orquesta Los Provincianos, con Ciriaco Ortiz, en las únicas actuaciones en público de esta formación, creada solamente para grabar.

El cabaret Chanteclair estaba al lado del Teatro Comedia, en Paraná entre Lavalle y Corrientes. Se inauguró en diciembre de 1924 y durante la década del 30 también se lo llamó Vieux Paris y su frente estaba decorado con un molino y detalles de Montmartre. La orquesta emblemática era la de Juan D'Arienzo. El animador y hombre de relaciones públicas fue Ángel Sánchez Carreño, El Príncipe Cubano. Fue demolido en 1960 y evocado por Enrique Cadícamo en su tango “Adiós Chantecler”.

El Tibidabo fue un escenario importante ubicado en Corrientes entre Talcahuano y Libertad. Durante años el centro de atracción fue la orquesta de Aníbal Troilo, cuya temporada iba de abril a diciembre. En el resto del año, actuaban otros conjuntos. Fue demolido en 1955.

El Bambú quedaba en Corrientes y Maipú, a la vuelta del Marabú. Ahí debutó Juan Polito y Los Reyes del Ritmo, con Alberto Echagüe. Luego se convertiría en una sala de espectáculos españoles con el nombre de El embrujo de Sevilla.

También podemos mencionar el Lucerna, de Suipacha 567, propiedad del violinista José Nieso y donde actuara permanentemente el cantor Antonio Rodríguez Lesende. El Cote D'Azur, en 25 de Mayo entre Corrientes y Lavalle y que fuera el primero que yo conocí. Allí actuaba la orquesta de Alberto Pugliese con la voz de Héctor Pacheco. El Novelty, en Esmeralda entre Lavalle y Corrientes, donde actuaran los ex músicos del sexteto de Di Sarli con el nombre de Orquesta Típica Novel.

Otros cabarets eran los del Bajo, frecuentados por marineros de todos los países. Entre ellos el de mayor categoría era el Ocean Dancing, que estaba en Leandro Alem 286. En su escenario estuvieron Miguel Caló, Osvaldo Pugliese y fue donde debutó Raúl Kaplún con Roberto Goyeneche.

Al lado estaba el Montmartre y también en la zona, el Royal, el Derby, Cielo de California con su portero disfrazado de cowboy y otros que no recuerdo.

En La Boca existieron dos cabarets, uno junto al otro: El Avión y Charleston. Estaban ubicados en la calle Pedro de Mendoza y el ambiente era más pesado. También eran frecuentados por marineros y personajes de la Ribera.

A partir de 1955 los cabarets fueron desapareciendo. Primero fueron los del Bajo y después los del Centro lo que significó el final de una importantísima fuente de trabajo para los músicos.

Para finalizar, quiero citar algunos títulos de tangos que en sus versos evocan al cabaret y sus mujeres: “Pompas de jabón”, “Che papusa oí”, “De mi barrio”, “Milonguera”, “Milonga fina”, “Milonguita (Esthercita)”, “Santa milonguita”, “Galleguita”, “Madame Ivonne”, “Tal vez será mi alcohol”, “Quién más quién menos”, “Zorro gris”, “Noches de cabaret”, “Griseta”, “Moneda de Cobre”, “Mano cruel”, “Fatal y tanguera”, “Adiós Chantecler”, “Estrella”, “Aquel tapado de armiño”, “Esclavas blancas”, “Carne de cabaret”, “Loca”, “Alma de loca”, “Acquaforte”, “Bailarín compadrito”, “Cabaret”, “Cabecita loca”, “Cuándo volverás”, “Desdichas”, “Dolor milonguero”, “Dulce tango”, “El rey del cabaret”, “La canción del cabaret (Mala)”, “La muchachada del centro”, “Maldito tango”, “No salgas de tu barrio”, “Pucherito de gallina”, “Otra vez Esthercita”, “Pobre ilusa”, “La muerte de Milonguita”, “Patotero sentimental”, “Tango de ayer” y muchos otros.