Por
Ricardo García Blaya

Los tangos del alma

on incontables los títulos que contienen el término “alma” y también las letras de muchísimos tangos, milongas y valses. Al igual que en nuestro lenguaje cotidiano, no siempre su significado es el mismo, por el contrario, son varios los usos que se le dan a la palabra.

Para los hebreos y los griegos, el alma es la unión del cuerpo y el aliento de vida o espíritu. No se concibe un alma que pueda vivir fuera del cuerpo. «¡Le volvió el alma al cuerpo!», decimos cuando alguien se repone de un hecho grave. Por lo tanto, sería algo invisible e inmaterial que poseen los seres vivos.

La Real Academia de la Lengua Española tiene muchas definiciones de “alma”, la primera de ellas: «Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida». Le sigue: «En algunas religiones y culturas, sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos». Después, da varios ejemplos de su empleo. En los tangos sucede lo mismo pero con algunos matices.

Ya en el mismo título de la obra uno puede dilucidar la idea, aunque muchas veces es ambigua. En algunas oportunidades, la ilustración de la partitura nos brinda una ayuda para descubrir el concepto. En el caso de las letras, las metáforas pueden facilitar su intención, atendiendo el contexto que rodea al término en el transcurso de la trama.

A fin de analizar mejor todo esto, hemos realizado un relevamiento de títulos en partituras y discografías. Además, una búsqueda en las letras de temas conocidos. Cuando la palabra está en el título y la obra tiene letra, el asunto suele aclararse rápidamente.

Hay dos tangos titulados “Alma”, uno de ellos, el más difundido, lleva letra de Juan Sarcione y utiliza la palabra en el estricto sentido que le asignaban los griegos y los hebreos: «alma, nunca desesperes/ porque si tu mueres/ matarás mi corazón». Es algo que no se puede separar del cuerpo, aquí el alma es la vida.

Hay un presagio de muerte en “Yo también”, cuando dice: «Me estoy sintiendo viejo/ detrás del alba se va la vida./ Hoy me miré al espejo/ y siento mi alma que está vencida». Y por si queda alguna duda, termina: «Y no es vivir, luchar vencido/ fríos de olvido que hacen morir».

En el vals “Desde el alma”, hay una pequeña variante: el alma herida, el sentimiento profundo de aquel que vive un desengaño. Aquí, la desilusión atormenta, hace doler al alma, pero no mata y menos se va del cuerpo. «Alma si tanto te han herido/ ¿por qué te niegas al olvido?». Parecido es el caso de “Alma en pena” cuando dice: «Alma... que en pena vas errando/ acércate a su puerta/ suplícale llorando». En “Almita herida”, Enrique Cadícamo utiliza un título más que elocuente o en “Nostalgias” cuando dice: «Llora mi alma de fantoche/ sola y triste en esta noche...»

Como vemos el dolor del alma es difícil de curar pero puede tener paliativos como en el caso de “Mi noche triste (Lita)”: «Percanta que me amuraste/ en lo mejor de mi vida/ dejándome el alma herida/ y espina en el corazón», y luego: «para mí ya no hay consuelo/ y por eso me encurdelo/ pa’ olvidarme de tu amor».

Otra idea muy distinta la encontramos en “Alma de bohemio”, en esta letra de Juan Andrés Caruso el alma expresa un rasgo de la personalidad, su vocación bohemia: «Peregrino y soñador/ cantar/ quiero mi fantasía/ y la loca poesía/ que hay en mi corazón». Podría haber sido: “en mi alma”, en lugar de “corazón”.

En “Alma de loca”, se alude a un aparente modo de vida que no es el que está en su alma verdadera: «Milonguera, bullanguera, que la va de alma de loca/ la que con su risa alegre, vibrar hace el cabaret...» Pero luego: «Quién creyera milonguera.../ ibas a mostrar la hilacha poniéndote seria y triste/ ante una pobre muñeca modestita y sin valor». Al fin, aflora su alma real.

En “Alma mía”, todo parece más fácil, es la mujer amada. El hombre la ve dormida y la llama alma, casi un nombre propio, pero la cosa se complica en la primera bis cuando dice: «solo rondo yo en la calma/ para saber si tienes alma...». Acá, en cambio, se pregunta si es buena. Lo mismo que en “Ya estamos iguales”, pero en este caso, con la certeza de que no lo es: «belleza sin alma, estatua de hielo...»

Eladia Blázquez en su tango “Con las alas del alma”, utiliza el término como energía del espíritu y le pone alas: «Con las alas del alma desplegadas al viento/ desentraño la esencia de mi propia existencia...». Con el nombre “Con alma y vida” hay un tango, un vals y una milonga, sin entrar a considerar sus letras, podemos afirmar que ese título trasmite energía. Es una expresión que se usa para un esfuerzo extremo.

Otra utilización diferente pero que abunda en muchísimos tangos, es la referida en “Yo llevo un tango en el alma”. Es un título muy significativo, que alude al lugar donde están las cosas esenciales. Marca un paradigma que se va a repetir en muchas páginas, en las que se afirma que el tango se lleva muy adentro, se guarda en el alma. Algo similar, haciendo referencia a un doble paradigma, encontramos en “Alma porteña”: «Tango, vos sos el alma porteña...». El tango y su ciudad vistos como símbolos que conforman un arquetipo del habitante de Buenos Aires. Otro caso, en “Mi ciudad y mi gente”: «¡Buenos Ares!/ Para el alma mía no habrá geografía/ mejor que el paisaje/ de tus calles...». O en “Almagro”: «Barrio del alma...».

También al revés, la ciudad con alma, como en “Melodía de arrabal”: «Barrio...barrio/ que tenés el alma inquieta/ de un gorrión sentimental». El porteño le concede un alma a su lugar más entrañable.

Es decir, para el tango, los lugares y aún los objetos pueden tener alma, en este sentido, no podemos soslayar “Alma de bandoneón” y la exquisita metáfora que hace el protagonista cuando descubre su existencia en el instrumento: «Recién comprendo bien/ la desesperación/ que te revuelve al gemir/ ¡Sos una oruga que quiso/ ser mariposa antes de morir!».

También alma puede significar la parte principal de cualquier cosa, la que le da vigor y fortaleza, la que la templa. En este sentido aparece en “Cordón”: «Duro como el alma de un frontón...».

Otra variante está en “Volver”, donde se muestra el alma como refugio de los sentimientos pero también como el aliento de vida: «Vivir/ con el alma aferrada/ a un dulce recuerdo/ que lloro otra vez.». Lo mismo en los versos de “La cumparsita (Si supieras)” de Pascual Contursi y Enrique Moroni: «Si supieras/ que aún dentro de mi alma/ conservo aquel cariño/ que tuve para ti.». Esta idea de depósito o refugio, tanto de sentimientos de amor, como de temor y de nostalgias, está en infinidad de tangos: «Y aunque quiera quererte ya no puedo/ porque dentro del alma tengo miedo», pasaje central de “Tarde”, esa bella página de José Canet.

El alma es tan etérea que, en algunas ocasiones, está en la letra y no se la nombra por su nombre, como por ejemplo en “Una canción”: «¡A ver, mujer! Un poco más de ron/ y ciérrate la bata de percal/ que vi tu corazón/ desnudo en el cristal/ temblando al escuchar/ esa canción». El hombre emplea una bellísima metáfora, de un erotismo sutil, casi imperceptible y confiesa que le vio los pechos y llegó a su alma.

Los casos de las almas distraídas o equivocadas es un excelente broche de oro para este breve ensayo. La primera la encontramos en “Tres esperanzas” donde el personaje reconoce: «alma otaria que hay en mí». Y la segunda en “Che bandoneón”: «si el alma está en orsai». En ambas, el alma es tonta o está errada, fuera de las circunstancias de la situación, fuera de foco. Estas metáforas, tan crudas, sarcásticas pero al mismo tiempo risueñas, constituyen pruebas indubitables de la originalidad y del inmenso talento de dos pilares del tango, Enrique Discépolo y Homero Manzi.

Listado de títulos:

Alma”, de Federico Scorticati y Juan Sarcione
Alma”, de Domingo Vivas y Gerónimo Gradito
Alma cansada”, de Fidel del Negro
“Alma corazón y vida” (vals), de Adrián Flores
“Alma de artista”, de Diógenes Chaves Pinzón
“Alma de bandoneón”, de Enrique Discépolo y Luis Amadori
Alma de bohemio”, de Robeto Firpo y Juan Andrés Caruso
“Alma de chorro”, de Ernesto de la Cruz y Máximo Vago
Alma de indio”, de Augusto Gentile y Pedro Numa Córdoba
Alma de loca”, de Guillermo Cavazza y Jacinto Font
“Alma de malevo”, de E. de la Cruz y Eduardo Becar
Alma de milonga”, de Carlos Warren y Juan Baüer
Alma de milonga”, de Francisco Álvarez
“Alma de mujer”, de G. Cavazza y J. Font
“Alma de mujer” (v), de Virgilio Carmona y Eugenio Cárdenas
“Alma de payaso”, de Raúl Saraceno y Antonio Pérez
“Alma de serenata”, de M. Sobredo y J. M. Tasca
Alma desakatada”, de Raúl Peña y Marcela Bublik
“Alma doliente”, Angel Wells y H. Matta
“Alma dolorida” (v), de Pedro Datta
Alma en pena”, de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez
Alma gallega” (v) de Carmelo Imperio, Donato Racciatti y Enrique Soriano
Alma gaucha” (v), de Pedro Datta y José Fernández
Alma gaucha [b]” (estilo), de Juan Sarcione
“Alma gaucha [c]”, de R. Firpo
Alma herida”, de Paco Berón y Adrián Resnik
“Alma lírica”, de Ernesto Baffa y Daniel Lomuto
Alma mía” (v), de Diego Centeno y Héctor Marcó
Alma mía [b]”, de Domingo Cuestas y Mario César Gomila
Alma mía [c]”, de María Isolina Goddard
“Alma mía [d]”, de Emilio Ferrer
“Alma mía [e]”, de Panizzi
“Alma pasional” (v), de José I. Rivero y Liliana de Capaccio
“Alma poética” (v), de R. Firpo
Alma porteña”, de Vicente Greco y Julián Porteño
Alma porteña [b]”, de Francisco Pacosta
“Alma porteña [c]”, de Aldo Maietti
“Alma porteña [d]” (milonga), de Antonio Polito y Francisco Laino
“Alma que llora”, de C. Martinoli
Alma tanguera”, de Mario Licarce
“Alma y corazón”, de Juan Varna
“Alma y corazón” (vals), sin datos (por orquesta Bonavena)
“Alma y sentimiento” (v), J. Milano
Almas gemelas”, de Juan Salomone y L. Jacobone
Almita”, de Julio Weinberger y Hugo Zamora
Almita [b]”, de Las Bordonas, Daniel Yaria y Javier Amoretti
Almita herida”, de Juan C. Cobián y Enrique Cadícamo
Callejuelas del alma” (canción), de Beatriz Lokhart y Nelson Pilosof
“Como alma en pena”, de David Barberis y Enrique Tubito
“Con alma” (m), de Juan Carlos Cirigliano
Con alma de tango”, de Juan D'Arienzo y Carlos Waiss
Con alma y nervio”, de Palmer, Lila y Guevara
Con alma y vida”, de Raúl de los Hoyos y Emilio Fresedo
Con alma y vida [b]” (milonga), de Carlos Di Sarli y Héctor Marcó
“Con alma y vida [c]” (vals), de Ricardo Brignolo
“Con alma ciega”, de Charlo
Con el tango en el alma”, de Carlos Figari y Migel Bucino
Con las alas del alma”, de Daniel García y Eladia Blázquez
“Con toda el alma” (v), de Juan Carlos Cambón y Héctor Demattei
Cuerpo y alma”, de José Basso y Juan Pueblito
“Desde el alma”, (v), de Rosita Melo y Homero Manzi
Desde el alma de Alberdi” (v), de Miguel A. Gutiérrez
Ecos del alma” (v), de Ernesto Bianchi y A. Ziccaro
“El alma de la calle”, de R.de los Hoyos y José A.Ferreyra
“El alma del payador” (m), de Angel Greco
“El alma del tango”, de V Pérez Petit, J.M. González y Luis Viapiana
El alma que siente”, de José Servidio y Celedonio
El universo de tu alma”, de Miguel A.Barcos y N. Pilosof
“En el cofre de mi alma”, de Santos Maggi y Primo Antonio
Fiebre en el alma” (v), de Arnaldo Barsanti
Flores del alma” (v), de Juan Larenza y Lito Bayardo
Grafitti de las almas” (m), de Lito Vitale, Lucho González y Adrián Abonizio
“Grito del alma”, de C. Di Sarli
“Gritos del alma” (v), de Adolfo Pérez y José Staffolani
“Hacia ti va mi alma” (v), de Lucero Villegas
“Lamentos del alma”, de C.A. Facal
“Lamentos del alma” (v), de Dante y Domingo Puricelli
“Llueve en mi alma” (c), de Mariano Mores
Lo siento en el alma”, de Roberto Giménez y ReinaldoYiso
“Madre de mi alma” (v), de Roberto Díaz y Gómez
“Madre del alma mía” (v), de Reinaldo Yiso
“Martirios del alma” (v), de Antonio Bonavena y A. Leguero
“Me duele el alma” (v), de José L. Padula y Lito Bayardo
“Mientras exista una verdad en el alma”, de Litto Nebbia
“Oh madre del alma” (v), de Jaime Vila y José Fernández
Quejas del alma”, de Guillermo Barbieri
Quejas del alma [b]” (v), de D.Vivas y Juan Mazaroni
“Quejas del alma [c]”, de Mario Canaro
“Rodadas del alma” (c), de Antonio Di Benedetto y D.C. Rocatti
“Sin alma y sin Dios”, de Mapera y Carlos Minotti
“Toda el alma”; de A.Polito y Nicolás Trimani
“Tormenta en el alma” (v), de José L. Padula y Cadícamo
Un alma buena”, de Aquiles Aguilar y José María Contursi
“Una estafa en mi alma”, de Jorge Dragone y Elba Cristian
“Vibraciones del alma” (v), de Francisco Canaro
Yo llevo un tango en el alma”, de Osvaldo Sosa Cordero