Por
León Benarós

La c...ara de la L...una. Un tango pícaro, pero sin letra...

ué quiso decir Manuel Campoamor con su tango “La c...ara de la l...una”? Seguramente, más de lo que el punto suspensivo sugiere. La c del caso alude a “la lora”, en el lenguaje lunfardo, la mujer.

José Gobello acompaña, en su definición, una cita de Los amores de Giacumina: «...venimos a pedir il disaloco de la casa dunde vive ina lora que si chama Giacumina...» Una lora, una mujer libre, una «arroyera».

Pero para el caso del tango no toda la mujer, sino, específicamente, una parte de ella, su órgano sexual. Aquel con el cual los españoles abrevian el nombre de quien llaman Concepción.

El caso pues, no tiene nada que ver con la lora del verde vestir, la compañera del loro. Manuel O. Campoamor dejó tangos memorables, como “Sargento Cabral”, “La metralla” y “La franela”.

A pedido de un distinguido bacán (aristócrata) del Jockey (se refiere al Jockey Club), Domingo Greco —hermano de Vicente— ejecutó nada menos que ante Arturo Rubinstein tangos de Campoamor, con el beneplácito del gran pianista.

Campoamor fue un excelente ejecutante de piano, de vigoroso acento, semejante a la enérgica pulsión de Vicente Greco, Héctor Bates y Luis Bates —autores de la obra titulada La historia del tango (Buenos Aires, 1936)— recogen los recuerdos y aún los rezongos de Campoamor, en un reportaje que se realizó por Radio Stentor, el 18 de julio de 1934.

Era por entonces un señor de más bien baja estatura, de anteojos, con aire de serio oficinista, como lo fue. Había aprendido telegrafía. Luego ingresó a la tienda Gath & Chaves a la sección contaduría, después de sucesivos ascensos llegó a ser secretario del directorio. Lo despidieron después de casi veinticinco años de servicio.

De su música dijo: «Mi primer tango “Sargento Cabral” lo escribí en 1899. Mejor dicho me lo escribieron, puesto que yo nunca supe música. Aprendí el piano de oído, primero con un dedo, luego con dos y poco tiempo después, sacaba algunas piezas con las dos manos... Dos amigos se encargaron de llevar al papel lo que yo tocaba en el piano».

«A los 19 años toqué en público en unos bailes de Carnaval. Me hice conocer, adquirí fama y entré a ser una persona muy solicitada y popular. Fue entonces que quise iniciar la grabación de discos criollos en la Argentina. Me llamaron y grabé “Sargento Cabral” a piano solo. Luego grabé acompañando a Gabino Ezeiza, a Higinio Cazón, a Linda Thelma y a otros que eran astros y estrellas de entonces».

De Gabino Ezeiza comentó: «Juntos hemos ido de un lado para otro y he podido comprobar cuanta era la admiración que sintió por él todo el pueblo. Era un delirio, sobre todo cuando se ponía a improvisar...»

El tango “La c...ara de la l...una” fue compuesto por Campoamor en 1901. En 1902 compuso “La metralla”.

Estos admirables orejeros tenían, sin duda, una creatividad e imaginación que es imposible de adquirir en los Conservatorios, por aquello de que «lo que natura non da...»

El autor fue poeta, crítico de arte, abogado e investigador de la vida cotidiana y de la ciudad de Buenos Aires y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo. Originalmente publicado en la revista Desmemoria 19/20, Buenos Aires.