Por
Ricardo García Blaya
| Felipe Van Cauwelaert

Cuando la amistad virtual se convierte en real

a cita fue a las nueve de la noche en la esquina de San Luis y Jean Jaurés, en plena Belén del Abasto. Al convite concurrieron Jorge Dobalo, José Pedro, Adolfo Sozzi, Roberto Testoli, Osvaldo Serantes, Juanjo, Néstor Pinsón, Ricardo García Blaya, Felipe, Federico, Rulo, Oscar, Ricardo Val, Jorge y el organizador de la cena, Coco del Abasto. Los que son presentados y nombrados estrictamente según su firma en La Mesa del Café.

Coco dijo unas breves palabras, agradeció a los presentes y con gesto satisfecho dio por comenzado el encuentro. Acto seguido, le pidió a su amigo Ricardo Val que leyera una prosa de su autoría: Caminando aquel Abasto.... La magia de estas palabras, excelentemente elaboradas y expresadas, generaron «de largada» un clima emotivo y cálido que nos acompañó toda la noche. Así, bajo la advocación del Zorzal Criollo, pasaron por la mesa los más variados temas y recuerdos.

En un desfile que no respetó ni circunstancias ni tiempo, apareció El Tata Floreal y la opinión de José Pedro y de Ricardo que su mejor momento fue con De Angelis, aunque todos coincidieron que cantó fantástico hasta morir. Alguien recordó el “Buenos Aires conoce” de su última época y otros afirmaron que de sus tres versiones de “Marioneta” la que hizo con De Angelis fue insuperable.

Las voces de Charlo, Fiore, Angelito Vargas, el Pibe Rufino, Raúl Berón y El Polaco volvieron por un instante y la memoria colectiva se llenó de títulos y versos. Los duendes del tango estaban sin duda entre nosotros.

Cuál fue la mejor “La cumparsita” no escapó al análisis de los concurrentes, mencionándose desde las clásicas grabaciones de D'Arienzo y Fresedo hasta las más incunables versiones del «tango de los tangos» como las de Juan Maglio Pacho, Feliciano Brunelli y Enrique Alessio entre otras.

Luego de un arduo debate, no se logró acuerdo sobre el mejor registro de “La muchacha del circo”. Algunos no consideraban otra que la de Gardel, otros elogiaron la de Corsini y no faltó quien afirmara que Magaldi era el dueño absoluto del tema. Tanto fue así que Juanjo llegó a decir que estaba más desorientado que cuando empezó la discusión y Roberto, Rulo y Oscar miraban absortos el desopilante entredicho.

No faltó la charla sobre las orquestas, donde hubo consenso con Di Sarli y Troilo. Pero El Tuerto sacó un hocico de ventaja. También hubo un recuerdo para Pirincho, Pugliese y D'Arienzo.

La gran sorpresa de la noche fue cuando descubrimos entre nosotros a un cantor de lujo en la señera figura de Jorge Dobalo. Se mandó «de pique» un “Anclao en París” de gloria con un coro por parte nuestra, afinado a puro tinto. Luego vino “Che bandoneón” y de nuevo un aplauso caluroso.

Las palabras de los comensales se fueron sucediendo y no faltó el dedo distraído de Néstor Pinsón que apagó el micrófono. Esto nos obligó a repetirlas todas, para la posteridad.

Pasada la medianoche, Néstor hizo un brindis por el cumpleaños de Ricardo García Blaya, ya era un nuevo día. El director del sitio agradeció propuso que el 16 de mayo sea para los amigos el día de Todo Tango, lo que fue aprobado por unanimidad.
El «morfi» y la atención del restaurant Il Vero Arturito merecen un párrafo aparte. Entrada, un buen vino, fideos cortados a cuchillo y unos ravioles caseros muy sabrosos, con una salsa tipo scarparo que nos pareció deliciosa. Un detalle no menor: fuimos atendidos por los propios dueños. Luego un rico postre y un burbujeante champagne.

A la hora del café se nos apareció Jorge Finkielman con sus últimas novedades discográficas y toda su sabiduría del cine nacional.

Sobre el final, Adolfo nos dejó pasmados con una versión al «vesre» de “La fulana” que fue el broche de oro de la reunión. Mientras tanto, Osvaldo Serantes repartía pergaminos a cada uno de los comensacomensales con la imagen del «Tranvía de los recuerdos» firmada por cada uno de nosotros.

Fue sin duda una velada inolvidable.