Por
Ricardo Ancarola

Lopecito, un pionero de la difusión del tango

ien porteño el hombre, nació en el barrio de San Telmo, en la avenida Paseo Colón 525, su nombre Juan Francisco López. Su padre tenía en ese lugar un almacén con un clásico despacho de bebidas que era frecuentado por payadores, cantores y músicos, ambiente que desde muy niño lo vinculó a todas esas expresiones genuinamente populares de Buenos Aires. A ese barrio, querido y recordado siempre, habría de cantarle Lopecito años después:

¡San Telmo!
Pa’ cantarte, mi barrio,
me puse el pañuelo,
no puedo mentirte,
vos me conocés...
Y aunque va pa’ tiempo
que no me ves el pelo,
de nuevo he venido
pa’ verte otra vez.


Quizás no haya sido el primero, pero es considerado el iniciador de la difusión de tangos a través de programas de radio armados al efecto. Fue famoso a partir de 1937, con su programa De Villoldo a Gardel, emitido por Radio Argentina en horario del mediodía. En él recreaba la música y los hombres del tango de la Guardia Vieja. Aderezados con versos y comentarios de su propia cosecha, llenos de sabroso contenido porteño. Aquel espacio comenzaba con el tango de Villoldo “El esquinazo”, interpretado por el cuarteto de Roberto Firpo.

El tango:
nació en un patio porteño
a la luz de un farolito,
lo reclamó un organito
al encontrarlo sin dueño...
Cuando despertó del sueño
se enrolló en el carretel,
se fue hasta la torre Eiffel,
dejó el tabaco, el escabio
y se hizo rezo en los labios
del gran Carlitos Gardel.


Fue autor teatral, verseador e improvisador, actor y presentador de espectáculos tangueros. Al teatro se acercó muy joven y participó como actor en algunas obras.

José Barcia afirmó que 88 obras del género chico criollo llevan su firma, siendo la primera Triunvirato está de fiesta, que le estrenara Olinda Bozán.

Por su experiencia de actor y fundamentalmente por su habilidad natural, podía darle a su voz los tonos compadres del arrabal y, además, haciéndose eco de la agresividad que en muchos sectores despertaba el desplazamiento del tango por ritmos extranjeros.

De Villoldo a Gardel fue un título en el que plasmó su amor por el tango. También los difundió por radio La Voz del Aire, por radio Del Pueblo y por radio El Mundo, a través de Esquinas Porteñas y en algunos medios gráficos no faltaron sus notas tituladas Acuarelas Porteñas.

Con el tango y con su decir canyengue creó espectáculos teatrales como una extensión de la radio y se presentó en pequeñas salas de nuestra capital y en numerosos pueblos del interior. Contaba con la presencia de una orquesta integrada por Nicolás Vaccaro (piano), Domingo Petillo (violín), Juan Bautista Guido y José María Bianchi (bandoneones) y también estaban Esteban Rovatti y Vicente Sabio.

Más adelante se presentó junto al trío Los Muchachos de Antes, compuesto por Panchito Cao, Horacio Malvicino y Aldo Nicolini.

En 1942 intentó una experiencia cinematográfica. El 18 de diciembre se estrenaba La cabalgata del tango, película escrita, comentada y dirigida por él mismo. Incluía los 10 cortometrajes de Carlos Gardel y contaba con la intervención de Ignacio Corsini, Oscar Alonso, Alberto Margal, la Orquesta Típica Argentina, conformada por músicos recientemente desvinculados de Osvaldo Fresedo, con el cantor Ricardo Ruiz. Además un cuarteto de la Guardia Vieja y parejas de bailarines.

Pasaron los años y nuestra ciudad fue perdiendo el tango como su música excluyente y en gran parte la fisonomía y el perfil tan clásico del hombre porteño. Lopecito estaba fuera de su ambiente y decidió buscar otro distinto, aunque de características similares. Ancló frente al mar, en la ciudad de Mar del Plata, allí siguió con lo suyo, especialmente con la difusión de tangos por radio y con casi 90 años se le terminó la vida.

De su obra podemos destacar sus versos evocativos al Zorzal Criollo “A Carlitos Gardel”. Esta «acuarela porteña», como la define Héctor Lucci, fue registrada en disco en el año 1934 y tiene dos aspectos para destacar. En primer lugar, es un elemento más de los tantos que existen, para demostrar que la popularidad de Gardel no se construyó luego de su muerte. Estos versos fueron escritos antes del accidente fatal de Medellín.

En segundo lugar, la lectura de estos versos, que al ser leído por cualquiera pueden pasar sin llamar demasiado la atención, cobran inusitada vida y gracia cuando se los escuhca recitados por el autor. Están incluidos, luego de una breve charla previa, en el compacto Siempre el tango en el disco, volumen 1.