Ves hijo, este pobre cartonero que yira con su carro en la ciudad, fue un número en la fábrica cerrada y nunca resignó su condición. Por hombre le fue fiel a su conciencia y mantuvo del obrero la virtud: ganó siempre su mango con decencia y libertó el matungo rompiéndose el riñón.
Soy nomás un cartonero, junto cosas de cartón, esa caja de zapatos el pedazo de retrato del abuelo con bastón Se lo dice un cartonero el cartón que me dejó en el globo del progreso vale mucho más que un hueso de mi cuerpo de cartón.
El guiso es el manjar del cartonero lo como en un rincón de soledad, El hambre cuando pega va primero y así te roba un fardo de ilusión. Para el pobre no existe la clemencia solo un gesto que finge compasión. Por eso en este grito cartonero le pongo dulce al llanto y bebo en un cartón. |