El bandoneón rezonga, y el violín con triste acento, llorando la milonga, le da brío y sentimiento; las parejas se agitan en majestuoso vaivén, mis nervios se me excitan y bailo el tango también.
No hay niña que al escuchar un tanguito de salón resista la tentación de quererlo acompañar; y cuando lo hace vibrar, la murga con expresión, se percibe un bienestar y se agita el corazón. |