Por caprichos de mi suerte porque nunca supe la gloria gustar, porque ella no ha sido sino una quimera mi vida se queja de tanto penar. Como luz en mi cerebro fue su imagen dulce, su casta beldad, seguí por su senda y anduve perdido por mundos que nunca yo pude soñar.
Yo que no pensé sino vivir pleno de amor sin un sufrir, pero ella fue, para mi mal, toda mi fe. Que pueda olvidar, procurará mi corazón y logrará para mi bien, que soñó con un mundo mejor y sólo tuvo dolor.
¡Oh, muchachos yo les cuento por qué vuelvo, viejo y hastiado de andar, muchachos no saben por qué me entristece, por qué me atormenta volverlos hallar. Que el capricho no los tiente, porque un día ingrato tendrán que llorar, muchachos, lo mismo que yo si regresan marchita en el alma la flor ideal. |