Te fuiste muchacha dejando en mi alma la triste nostalgia de un día sin sol, y al irte llevaste contigo la calma que ayer me brindara tu cálido amor. Son tristes las noches en que tu recuerdo robándome el sueño se adueña de mí, trayendo consigo el eco muy quedo de tu voz que implora diciendo: ¡Vení!
Y entonces recuerdo con pena la noche en que me citaste por última vez. ¡Qué ocurrencia tuviste, muchacha, querer que a una estrella te fuera yo a ver!...
Conservo el pañuelo que antes de irte con flores de sangre tu boca pintó y en noche de insomnio me traen las sombras el eco apagado de tu terca tos. Aun ven mis ojos los tuyos celestes más dulces que nunca diciéndome: ¡Adiós! Y siento en mis labios de los tuyos fríos el último beso que tu boca dio.
Borracho de pena hoy busco en el cielo la estrella que tu alma se fue a luminar, deseando tan sólo que pronto a Bruja a la última cita me quiera llevar. |