Cuando el recuerdo de tu amor, bella mujer, viene en las noches a ocupar mi corazón, siento la tétrica nostalgia de ayer y de ese ayer ante mí surge la visión. ¡Tiempo feliz que nunca más ha de volver a embellecer las ilusiones del que amó; flores que un día perfumaron mi querer pero que el fuego de los años las quemó!...
Dulce mujer, bien amada, ángel divino, nítida flor; reflejo de una alborada donde vivió mi amor. Hay en el lirio y las rosas que perfumando tu fosa están, ¡memorias de muchas cosas que ya no volverán!...
Virgen pletórica de encantos y de luz; mujer divina a quien amé con frenesí. ¿Qué alma piadosa arrancará la enorme cruz que desde el día de tu ausencia llevo en mí? ¿Cómo olvidar, por las caricias de otro amor, el dulce beso que en tus labios encontré? ¡Ya no hay dulzuras que mitiguen mi dolor; tú eras la gloria que como hombre ambicioné! |