Callecita de mi pueblo inolvidada que de joven siempre yo rondaba, el recuerdo del pasado me atormenta la razón. Silenciosa y confidente callecita, el querer del cual vos sos testigo, no lo tengo en el olvido por más tiempo que pasó.
En mi última ronda todo ya dormía, en mi última ronda, a la novia mía, al pie de su reja, muy juntos los dos, no ser para otra juré yo ante Dios.
Ni los juegos, ni el dinero, ni mujeres, ni los bailes, ni los mil placeres, ni este lujo deslumbrante de esta hermosa población, no consiguen alejar de mi memoria a la chica de mi triste historia, que, aunque muerta está hace años, aun vive en mi corazón. |