Un día hacia la mar una lancha salió, a su lado llevó un mundo de ilusión. Y en la playa quedó, triste y confiada, una mujer que dio su corazón. La lancha se alejó gallarda en su rolar, pues desafiaba al mar con todo su valor. Mirándola zarpar lloró su cuita la mujercita que dulcemente cantó...
Se va, se va la lancha, se va con el pescador... Y en esa lancha que cruza el mar se va también mi amor. Quién sabe hasta cuándo la lancha no volverá y yo seguiré cantando aquí... Se va, se va, se va.
Bravía está la mar; la lancha no volvió, dicen que naufragó ahogando una ilusión. Ni rastro queda ya, todo se ha ido, sólo quedó llorando un corazón. Arrecia el temporal, nada se puede ver y sola una mujer de pie en la playa está. No cesa de cantar, una y mil veces, la despedida que fue en su vida un dolor. |