Pa' condenarme mi amigo, primero me ha de escuchar, y sí después de escucharme, usted no encuentra razón, puede con toda confianza condenar a este varón, ¡qué naide ha visto achicarme y mucho menos temblar! Y si me ha visto en el pago por los boliches chupar, no es por el gusto 'e mamarme, ni sentirme perdido. ¡Es que una pena profunda me tiene tan abatido que busco olvido en la caña, pa' no tener que llorar!
Y ya que sabe mi cuento, con permiso viá a marchar en busca de aquel maldito que enlutó mi corazón, pa' cobrarme con su sangre, el dolor de mi ilusión y la muerte de mi hijito, ¡que nunca podré olvidar! Y volveré con mi china hacer un nuevo nido de amor, después de rezarle a Dios por la paz del angelito, que pediré desde el cielo, el perdón pa' su viejito, que clavó su daga gaucha, en el pecho de un traidor.
Yo tuve rancho y mujer, además de un angelito, que era el sol de aquel nidito hecho a base de querer. pero un día... ¡suerte perra!... el patrón con gran halago me mandó para otro pago de encargado de una yerra. ¡Estaba yo en la contienda cuando el jefe de un malón se apoderó de mi prenda y me mató a mi pichón! ¡Y ansina ando cimarrón en busca de aquel bellaco, pa' revolverle sin asco mi fierro en el corazón!... |