Yo vivía tristemente, la pena me consumía, pues olvidar no podía la tristeza ni el dolor hasta que una princesita me trajo un rayo de sol.
Eres, princesita, cual flor de pasión, entre todas bella, por tu corazón. Si el cariño mío sabes apreciar, jamás en la vida te habré de olvidar, pues tienen tus ojos divino fulgor y son tus miradas un canto de amor. En tu boca ardiente que ríe al besar hay mágico encanto que no sé explicar.
Yo vivía tristemente, la pena me consumía, pues olvidar no podía la tristeza ni el dolor, hasta que una princesita me trajo un rayo de sol. Tu eres, princesita, cual flor de pasión y siempre despiertas loca admiración cuando majestuosa te miran cruzar hollando la alfombra roja del Pigall, pues tienen tus ojos tan grande fulgor que son tus miradas un canto al amor y si mi cariño sabes apreciar jamás en la vida yo te he de olvidar.
Ahora vivo alegremente, mi pena se ha disipado, pues al fin se han ahuyentado mi tristeza y mi dolor, porque una princesita me trajo un rayo de sol. |