Entrá nomás ya que has vuelto, no tengas miedo a la biaba; si yo tranquilo esperaba que volvieras otra vez. Y aunque tuviste el coraje de abandonar nuestro hijito, entrá, que está el pobrecito deseando que lo besés.
Cuántas veces, inocente, por su mamá preguntaba... Yo con dolor lo engañaba para no verlo llorar, diciendo que te habías ido a comprarle unos juguetes pa' dar bronca a los purretes cuando lo vieran jugar.
Y aquel mal amigo con quien te fugaste, por quien me dejaste, pa' ir a rodar, te ha dado la prueba de su cobardía, dejándote un día sin nombre ni hogar.
Entrá nomás... No te achiques... Si ya estoy casi vengado, pues en tu mismo pecado la penitencia llevás... Pero, de hoy en adelante, si en mi techo te cobijo, serás la madre de mi hijo pero mi mujer... ¡jamás! |