Una niñez de suburbio, rancho de lata oxidada, creciendo como los yuyos sin cuna, chiches, ni nada.
Qué puede importarle al mundo, al mundo qué le importaba, si hay pibes que pasan hambre y madres abandonadas. Resaca, cosas del fango, letras de tango, pavadas.
Hoy, cuando grande y perdido, ni pidió, ni dio clemencia, rencor de barro amasado un resentido, que no ruega. Salió a buscar la revancha jugó su vida en la vida, y la vida le ganó... Su corazón pa’ los perros lo tiró como una taba, su historia fue como muchas y entre rejas terminaba. |