¡La barca de mi vida lleva mal rumbo! El signo de mi suerte me está diciendo ¡no cruces por los mares, sin ver antes, si son profundos! Porque en este mundo bien puedes naufragar. ¡Y yo, tan torpemente, tuve de loco delirio por la nave de tu hermosura! ¡Y en ella me he perdido, fugaz, como se pierde un niño en busca de cariño pero sin realidad!
¡Oh, madre de mi vida! Vuelvo hasta ti vencido por esos golpes rudos que en la vida he sufrido. Yo quise con locura al ángel de mi ensueño, la cual robó mi sueño matando mi ilusión. ¡Oh, madre tan querida!, no sabes hasta dónde yo pronuncié tu nombre en crueles horas negras, ¡chocando en una roca de un corazón de piedra! ¡Y en ella abrí esta herida la cual sangrando está!
¡Hoy vuelvo a tu lado, madre del alma! ¡Cargado de amargura, busco tu aliento! Para que me devuelve en mi fe los puros sentimientos que tuve en los momentos de aquel querido hogar, ligado a la hermosura de la que quise de quien jamás pensaba, fuese olvidado. ¡La misma fue culpable del mal que tanto he padecido y que al dejarme herido no me podré curar! |