Por
Orlando del Greco

studió bandoneón con Juan Maglio (Pacho) y luego de actuar en diversos lugares de su barrio del Abasto pasó con Eduardo Arolas al cabaret Maxim's de la calle Suipacha.

Después como integrante de la orquesta de Francisco Lomuto recorrió los canales fueguinos cuando aquellas excursiones del vapor alemán Cap Polonio.

En agosto de 1920 llegó a Marsella (Francia) contratado por la empresa Lombart, por mediación de Francisco Canaro, debutando en el Cabaret Tabarís de la citada ciudad del Mediterráneo y a los tres meses se fue a París para ingresar a la orquesta típica argentina Ferrer-Filipotto que actuaba en el famoso Cabaret El Garrón, donde el 90% de la clientela era sudamericana.

Al cabo de una temporada de actuar allí se independizó y formó el conjunto de su nombre con el que logró en su larga y fecunda trayectoria un renombre, divulgando el tango no sólo en Francia, también en Alemania, España, Portugal, Suiza, Noruega, Holanda y entre los demás países europeos cabe señalar su actuación en el famoso Hotel Savoy de Londres (Inglaterra), como así en Marruecos, Egipto, Sudáfrica y otros países.

Anteriormente, en 1923, regresó a Buenos Aires llevando consigo a Europa a sus hermanos Domingo, Salvador y Alfredo, y a los hermanos Tanga, José y Miguel.

Además de todos los nombrados, pasaron por sus orquestas (tuvo varias en Francia) Elías Cosenza, Agesilao Ferrazzano, Germán Araco, su hermano Juan, Julio Falcón, Eustaquio Laurenz, Genaro Espósito (Tano Genaro), Víctor Lomuto, Ángel Maffia, Esteban Rovatti, José Schumacher, Carlos Marcucci, Pedro Polito, Juan Ghirlanda, Francisco Alongi, Eduardo Bianco y entre muchos otros músicos, los cancionistas Roberto Maida, Juan Giliberti, Luis Mandarino, Juan Raggi, Sánchez Ríos, Celia Gámez, Gracia del Río, Alina De Silva, Teresita Asprella, etc.

Siendo su residencia habitual la ciudad de París, regenteó allí varios locales nocturnos como el citado El Garrón, el Sevilla, el Villa Rosa, el Pizarro, etc., hasta retornar a Buenos Aires en 1941 espantado por la guerra. Volvió a Francia en 1950 para proseguir en su lucha en pro del tango a través de los bailes, radios, televisión y discos, luego de hacer radios y teatros, y gira por el litoral argentino.

Por 1914 compuso su primer tango “Batacazo” de bastante éxito, al que siguieron “Rebeldía [b]”, estilo; “Abril”, “Pablo Podestá”, “Payá”, “Poco a poco”, “Fuelle lindo”, “Sueño de novela”, “Ilusión”, “Enero”, “Milonguita de París”, “Bandoneón compañero”, “París publicioso”, “Pobre loco”, “De aquellos tiempos”, “Alejandro”, “Cachito”, “Volvé negra”, “No sufras corazón”, “Que te vaya bien”, “Una noche en El Garrón”, “Todavía hay otarios”, “Noches de Montmartre” (los tres últimos grabados por Gardel) y muchos más. (Gardel le habría grabado en París, según él, el tango “Al pie de tu peja”, letra de Pierotti).

Sus composiciones llevan versos de populares letristas como Enrique Cadícamo, Jorge Curi, Juan Giliberti, Carlos Lenzi, Luis Garros Pe (Pierotti), y otros menos conocidos como Héctor Behety, Louis Cochard, etc.

A Carlos Gardel lo conoció en su adolescencia por el Abasto, como que ambos eran de ese barrio. Al volver a Buenos Aires a fines de 1970, después de veinte años de ausencia, en viaje de placer, dijo para el diario La Razón respecto a Gardel: «En el restaurante O'Rondemán, de Yiyo Traverso, cantaba muy seguido Gardel, antes de que su nombre se hiciera famoso... A veces yo lo acompañaba con mi bandoneón en algunas piezas criollas, pero me resultaba muy difícil seguirlo a raíz del fraseo tan particular que ya empleaba. Con el correr de los años nos encontramos varias veces en París, cada vez que él se hacía una escapada luego de actuar en España. En 1928 le presenté al empresario Paul Santos (Santolini), quien lo hizo debutar en el Cabaret Florida, donde tuvo un éxito clamoroso.

«Tiempo después en Montecarlo, cantó durante diez días en un cabaret mío. Cuando llegó el momento de pagarle, me preguntó si estaba loco. -«¡Cómo pensás que te voy a cobrar a vos —me dijo— después de la mano que me diste para que pudiera debutar en París!» Gardel era un fuera de serie en todo sentido. Una cosa es contarlo y otra muy distinta haberlo tratado personalmente. Como cantor, ni hablar... Como persona, era un tipo de esos que a uno le alegran la vida, porque destilaba buen humor y calidez humana... El gran problema que tenía eran los kilos y se torturaba con un rodillo para hacer desparecer la grasa... Claro que eso no le servía de mucho, porque después, en las madrugadas históricas de mi cabaret, se mandaba unos pucheros y unos tallarines de novela...»

Es bueno recordar lo que contó para la revista ¡Aquí Está! del 27 de junio de 1949, residía aquí por ese tiempo, de cuando Carlos Gardel llegó a París en 1928 con su representante Luis Pierotti: «¡Pero, che!... ¿Este es el famoso Garrón? ¡Vamos!. Tanto escombro que han hecho y cualquier milonga de Buenos Aires le da punto y raya... Pierotti me contó que te va muy bien... Me alegro, viejo, me alegro.»

Era la vez primera que Gardel llegaba al tan mentado Cabaret El Garrón y lo hacía precisamente en busca del empresario Santolini a quien él se comprometió a presentar.

Luego de este encuentro, puede decirse que él fue el guía y, si cabe, el mecenas del gran cantor en aquella primera temporada francesa y así la amistad, la verdadera amistad, mantúvose incólume entre ambos ases del tango, que el destino eligiera para imponerlo en aquel medio. A los años en cada cita recordó al cantor con simpatía y gran cariño.

Por Radio Belgrano, en 1941, y escrito por Carlos Lenzi, musicó “Nuestro tango en París”, cantando Hugo Gutiérrez.

Manuel Pizarro nació en Buenos Aires (barrio del Abasto) el 23 de noviembre de 1895 y falleció en Niza (Francia) el 1 de noviembre de 1982.