Por
Néstor Pinsón

nvestigando los antecedentes de este notable músico, recopilé un material muy interesante sobre su pensamiento artístico y trayectoria, que creo importante resumir a modo de semblanza.

Juan José nació en la ciudad de Buenos Aires y estudió el instrumento —durante varios años— bajo la tutela de su padre. Además, estudió teoría, solfeo y armonía, perfeccionándose, a partir de 1963, con Ernesto Baffa.

Un año antes, había ganado un concurso televisivo, Nace una estrella, organizado por Canal 13 de televisión. Tocó entonces en la orquesta estable de dicha emisora, colaborando luego y sucesivamente, con Jorge Dragone, con Ricardo Tanturi y Horacio Salgán. En 1965, integró la agrupación de Leopoldo Federico y a continuación la de José Basso.

Por entonces, ya era un ejecutante de pulida técnica y excelente sonido, con calidez y buen gusto en las interpretaciones en solo de bandoneón. Desde 1968, formó parte de la orquesta de Osvaldo Pugliese compartiendo la fila de fueyes con Arturo Penón, Rodolfo Mederos y Daniel Binelli, encargándose en varios casos de los arreglos correspondientes.

Al mismo tiempo, codirigió con Binelli e hizo los arreglos, del Quinteto Guardia Nueva, que debutó en 1970 y actuó en la Facultad de Medicina, en el Teatro San Martín y en Radio Municipal; también en recitales organizados por SADAIC, grabando sus versiones en el sello Fermata de Ben Molar.

Posteriormente, con el pianista Osvaldo Manzi y la guitarra de Ciro Pérez, se presentó en sitios más afines al tango. Dirigió el acompañamiento de José Ángel Trelles y actuó como solista del conjunto de música progresiva Alas, en recitales efectuados en el Teatro Coliseo.

Cuando en 1976 la cancionista Susana Rinaldi viajó a Brasil y a París, fue llamado por Juan Carlos Cuacci —director del conjunto que la acompañaba— para integrar el mismo.

Al año siguiente se estableció en París para trabajar junto a Gustavo Beytelman. Compuso entre otros el tango “Fueyazo”, la milonga “Siempre milonga” y el candombe “Nuevo San Telmo”, los tres en colaboración con Daniel Binelli. Otro candombe, esta vez de su sola autoría fue “Sábado negro”.

En una charla de 1977 en París, comentaba: «Nos hace bien a los músicos argentinos que estamos en Europa escuchar juntos nuestra música, desde Roberto Firpo y Julio De Caro hasta Horacio Salgán, Eduardo Rovira y Astor Piazzolla de 1946.

«Cuando pongo un disco antiguo me caigo de espaldas, es extraordinario. Debiera ser obligatorio para los chicos de la primaria, porque hay un gran bache histórico en la memoria de la gente. En 1976 ya estaban los militares y en 1977 me instalé aquí. Abortamos tantos conjuntos, el medio era hostil hacia lo artístico. Yo era dirigente del sindicato de músicos y nos persiguieron porque teníamos presencia. Atesorábamos recuerdos, como el cuarteto de bandoneones con Ástor, Mederos, Binelli y yo, que tocó en el Coliseo una música compuesta por Piazzolla en Italia, o aquel grupo Generación Cero con Mederos, o nuestro encuentro con Spinetta y el grupo Alas en el Luna Park (una grabación que no se editó).

«Cuando me vine a París me encontré con músicos de la talla de Gustavo Beytelman, Enzo Gieco, Tomás Gubitsch. Luego, formamos aquí el grupo Tiempo Argentino y editamos un disco con prólogo de Julio Cortázar. Con el flaco fuimos muy amigos. El testimonio de nuestra amistad se plasmó en la película Buenas noches, che bandoneón, con música mía y palabras de Julio. Y otro disco editado en 1979 con solos de bandoneón y la voz de Cortázar. Hoy, ambos somos ciudadanos franceses. Tengo un enorme reconocimiento por este país. Yo encontré aquí mi vida y mi expresión artística.

«Del 80 al 82 dirigí el Cuarteto Canyengue, que devino en trío junto a Beytelman y el contrabajista Patrice Caratini. Trabajamos once años, grabamos discos e hicimos giras por todos lados. Ahora el pianista es Osvaldo Caló, Gustavo se dedica a la composición. Hace nueve años el Ministerio de Cultura de Francia institucionalizó la enseñanza del acordeón, el instrumento popular de Francia y también del bandoneón, otorgando certificado de aptitud. Enseño desde entonces en la Escuela Nacional de Música de Genevillier, al lado de París. También escribo música para películas».

En la actualidad opina que ve al país cambiado y, por tal motivo, vuelve seguido, pero sin intención de radicarse nuevamente. Hizo presentaciones en el anfiteatro del Parque Centenario, en el Teatro IFT, en el Avenida y está detrás de la edición en Buenos Aires, de sus discos con el guitarrista Leonardo Sánchez y la orquesta de Baja Normandía.

Continúa con la enseñanza, que lleva ya muchos años en esa tarea y con César Stroscio, un alumno suyo y su hijo Juanjo, se dedican a formar músicos niños: «Hay alumnitos de seis años de edad».

Para el futuro inmediato piensa seguir con las grabaciones, también tocar obras de otros compositores y quiere reivindicar la función de los arregladores: «Lo hice, en parte, con mi orquesta típica, con la grabación de un álbum doble, con una selección de tangos de De Caro arreglados por Argentino Galván para la orquesta de Troilo. Ellos fueron músicos importantísimos no valorados como correspondía. No figuran en los discos, nadie sabe a quien pertenecen los arreglos, al público me refiero».

Sin duda, Mosalini es un excelente embajador de la música ciudadana en París y un gran artista que no podía estar ausente en nuestro portal Todo Tango.