Por
Jorge Palacio (Faruk)

ara muchos —entre los que nos contamos—, Hugo Marcel figura cómodamente entre los cinco mejores intérpretes de la actualidad. Su color vocal, su garra, su dramatismo, su fraseo y su potencia, que sabe frenar cuando el tema lo requiere, son características de su estilo tan personal. Nació en el barrio de Villa Luro y no tuvo que esperar mucho para presentarse en el campo profesional En el año 1957, contando solamente con catorce años de edad, ingresó en la orquesta de Leopoldo Federico como niño precoz.

Un año más tarde, por iniciativa de Alejandro Romay, flamante propietario de Radio Libertad, Federico formó un rubro artístico con la exquisita Elsa Rivas y el temperamental Roberto Rufino. A la citada agrupación se agregó la juvenil voz de Gregorio Cárpena, debutando todos por la emisora citada y presentándose en el ya mitológico Café Richmond de la calle Suipacha. Gregorio no era otro que Hugo Marcel, quien se puso el nombre artístico de Hugo Marcelino.

Siempre como vocalista en esa orquesta y en un programa especial transmitido por Radio Belgrano, recibió el padrinazgo artístico de Azucena Maizani y Alberto Marino. ¡Casi nada, hermano! A fines de 1958, la agrupación Rufino-Rivas-Federico, se disolvió. Roberto Rufino y Elsa Rivas siguieron cada uno sus respectivas carreras como solistas y Leopoldo Federico continuó al frente de la Orquesta Estable de Radio Belgrano.

La disolución del conjunto «no fue drama» para Hugo, ya que Miguel Caló, director de gran olfato para los cantores, lo convocó para incorporarlo a su orquesta. No estuvo mucho tiempo en esa agrupación, aunque se presentó por Radio Belgrano, en clubes de barrio y salas de baile. En esa etapa con Caló no llegó a grabar.

El año 1959 marcó un hito fundamental en su carrera artística, fue requerido por el maestro Osvaldo Fresedo como vocalista de su orquesta, en la que ya actuaba el cantor Carlos Barrios. Por consejo de su padre y de Fresedo, dejó de llamarse Hugo Marcelino para pasar a ser, definitivamente, Hugo Marcel.

Estrenando su nuevo nombre se presentó como cantor de Fresedo a los 15 años de edad. Un excelente momento para El Pibe de la Paternal, ya que su presencia era solicitada por importantes clubes: Comunicaciones, Náutico de Olivos, Regatas, Lugano Tennis Club y otros. También amenizó los bailes de la confitería Nino, de Vicente López y las elegantes veladas danzantes del Plaza Hotel y del Alvear Palace Hotel.

En 1960, la Orquesta de Osvaldo Fresedo se presentó en los recordados bailes de carnaval del estadio Luna Park. En esa oportunidad lo hizo con las voces de Blanca Mooney, Carlos Barrios, Roberto Ray y Hugo Marcel. Con su orquesta y los mismos cantantes, el autor de “El once (A divertirse)” realizó una exitosa gira por Montevideo y el interior del Uruguay.

El 12 de enero de 1959, Marcel grabó por primera vez. Fue, lógicamente, en la orquesta de Fresedo. Los tangos seleccionados para esa oportunidad fueron “Que lejos de mi Buenos Aires”, “Después de carnaval”, este último había sido un suceso varios años atrás en con la voz de Ricardo Ruiz. La orquesta, con Marcel y Barrios, se presentó en varias oportunidades por Canal 7 y fue figura en los famosos Sábados Circulares de Nicolás Mancera, por Canal 13.

Meses después de haberse casado —en septiembre de 1961 con Dolores Martha Barros, Lolita— se desvinculó de Fresedo. Su plaza de cantor fue ocupada por Roberto Bayot. Al llegar 1962, cuando las fuentes de trabajo para los intérpretes de tango habían mermado enormemente por diversas razones que no vienen al caso comentar, Hugo se vio obligado a tomar otros rumbos dentro de la canción popular. Como varios cultores del tango —Raúl Lavié y Horacio Casares, entre otros— se dedicó al género melódico. Para un buen cantor de tangos, interpretar ese tipo de música no tiene ninguna clase de problemas. Al contrario enriquece la obra. Por eso se consagró como cantante internacional, para ello buscó el acompañamiento de grandes directores: Lucio Milena, Waldo de los Ríos, Oscar Toscano, Buby Lavechia y Horacio Malvicino. Pero por suerte, no tardó mucho en regresar al tango, el amor de toda su vida.

En 1964, fue llamado por el maestro Mariano Mores para cantar en su Orquesta Lírica Popular junto a la querida y recordada Susy Leiva. Con Mores tuvo la oportunidad de realizar importantes giras por el interior del país y presentarse en grandes producciones de televisión. En ese momento tuvo la oportunidad de actuar con Tita Merello y Hugo Del Carril. En 1964, grabó varios temas con la orquesta de Mores. El primer registro es el del 23 de julio y el último del 5 de octubre. Entre esas grabaciones destacamos “Viejo Buenos Aires” y “Tan sólo un loco amor”.

Ese mismo año, debido a las ofertas que se le hicieron de todos los medios, no tuvo mas remedio que abandonar la orquesta de Mores, fue cuando el gran compositor incorporó como cantor a su hijo Nito, lamentablemente fallecido en plena juventud. Entre 1969 y 1974, su carrera se repartió entre el repertorio melódico y el tango. Pero el tango tira, y en el '74 comenzó a presentarse con el acompañamiento de Roberto Pansera.

En 1975, siendo la autoridad máxima de la Asociación Argentina de Artistas de Variedades, Hugo hizo que la entidad auspiciara un programa de televisión para que, junto a las grandes figuras, se presentaran cantantes, conjuntos vocales o instrumentales a fin de promocionarlos. La mayoría de ellos, luego continuó una importante carrera en el país y en el exterior. El programa se tituló Variedades concert, siendo su director musical Enrique Lanoo; sus conductores: Nelly Trenti, Rubén Horacio Bayón y Jorge Ruanova y el que escribe, su libretista.

Su retorno al disco se produjo en 1977, compartiendo el rubro vocal con su hermano Eduardo. En la primera oportunidad con el acompañamiento de Atilio Stampone y luego con el cuarteto de Carlos Galván.

Para todo artista salir a actuar a otras partes del mundo es como la meta del triunfo. No es fácil hacerlo si no se cuenta con una solvencia artística y una personalidad definida. Hugo cuenta con las dos condiciones, y más. Desde 1969, con motivo de realizarse el Festival Latinoamericano en Nueva York hasta la actualidad, se presentó exitosamente en Chile, Perú, Ecuador, Paraguay, Colombia, Venezuela y México.

En 1970, actuó en los Estados Unidos durante seis meses. En el país del norte realizó giras por las más importantes ciudades acompañado por la actriz y bailarina Beba Bidart.

En 1986, fue llamado por el maestro Qsvaldo Requena para actuar junto a la Orquesta Nacional de Música Argentina «Juan de Dios Filiberto», reorganizada a solicitud de la subsecretaría de Cultura del Ministerio de Educación. En esa instancia se presentaron, con buena respuesta por parte del público, en el Teatro Nacional Cervantes, en el Palacio del Congreso y en otros centros culturales. Paralelamente a ello y hasta 1989, siguió presentándose como solista. Al año siguiente realizó una serie de actuaciones en el teatro Presidente Alvear junto al mundialmente famoso Sexteto Mayor.

Este cantor con mayúsculas, que comenzó como profesional a los 14 anos de edad, a pesar de su brillante trayectoria, es un hombre dedicado por completo a su familia. Es común encontrar al «clan Marcel», integrado por su esposa Lolita, su suegra María Inés García de Barros y su hijo Christian, almorzando sencillamente en restaurantes de barrio, lejos del ambiente de la llamada farándula.

Como último dato importante, quiero resaltar que su mujer es hija de don Antonio Barros, famoso hombre del espectáculo durante las décadas del '50, '60 y '70. Antonio fue una pieza fundamental en la carrera de Hugo Marcel. Todos recordamos aquellas audiciones para la juventud tituladas Una ventana al éxito, de la cual surgieron importantes conjuntos y voces modernas.