Por
Ricardo García Blaya

epresentante genuino del expresionismo en el bandoneón que hiciera escuela Pedro Laurenz, es un alarde de sobria virtuosidad interpretativa, sin estridencias ni malabares, donde confluyen el buen gusto y la excelencia conceptual del mejor tango.

Pero el fraseo de su bandoneón recorre variados caminos, que al transitarlos, nos ofrecen una infinidad de climas donde el sentimiento del artista combina las delicadas formas de Pedro Maffia con la pereza rezongona de Aníbal Troilo y el vigor contemporáneo de Astor Piazzolla.

Su dominio absoluto del instrumento y la elección del repertorio, manifiestan las exigencias que impone su propuesta, que se traducen también en el talento sugerente de sus arreglos y orquestaciones.

Abreva en nuestros compositores clásicos, Villoldo, Arolas, Bardi, Firpo, Cobián, De Caro y avanza en las nuevas corrientes renovadoras que convocan Pugliese, Salgán, Plaza, Piazzolla, apuntando a un tango de futuro que no desvirtúa en nada su esencia pero que nos sugiere nuevos tiempos y nuevas cosas.

Nació en el barrio del Abasto, en la ciudad de Buenos Aires. Su padre Francisco y su tío Vicente, ambos bandoneonistas, le inculcaron su amor al fueye. Debutó con su papá a los 13 años en los bailes de carnaval. Estudió con el maestro Julio Ahumada, quien fuera uno de los más grandes exponentes de la técnica de Pedro Maffia y que, junto a Pedro Laurenz, sentó las bases de la interpretación moderna.

Maestro y alumno confluyeron en un mismo lenguaje musical que los llevó a tocar juntos durante cuatro años hasta que, en 1969, es convocado por Edmundo Rivero a su local, El Viejo Almacén, para reemplazar a Ciriaco Ortiz, que estaba con problemas de salud y falleció al año siguiente. Forma un trío y al poco tiempo lo encontramos mezclado en alguna de las tantas formaciones que actuaban en el escenario de Caño 14, ese recordado templo tanguero y, desde entonces, su nombre estuvo asociado a las principales orquestas de esa época: Horacio Salgán, Enrique Francini, Osvaldo Manzi, Armando Pontier, Atilio Stampone, Héctor Stamponi, Miguel Caló, José Basso, Leopoldo Federico, Osvaldo Tarantino, el Sexteto de Astor Piazzolla y otros grandes del tango.

En los primeros años del ’80, ingresa como primer bandoneón a la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, codirigida por Carlos García y Raúl Garello. En 1989 es requerido por Astor Piazzolla que había decidido integrar un segundo bandoneón a su sexteto y viajan a Canadá y Norteamérica.

Ya fallecido Piazzolla, en 1992 viajó a Francia y tocó como solista de la Orquesta Sinfónica de Toulouse y después con la Sinfónica de Dresden, en Alemania, ambas bajo la dirección de Raúl Garello.

En 1995 graba un disco con Daniel, el hijo de Astor, que titularon: Piazzolla x Piazzolla. Con esa misma formación estuvieron en 1997, en el concierto homenaje Astortango, junto a Gary Burton y Chick Corea, especialmente convocados al efecto.

En esos años forma un nuevo trío con el pianista Nicolás Ledesma y el contrabajista Enrique Guerra, graban un disco propio y participan como invitados en otro, en homenaje a Enrique Cadícamo, fallecido hacía poco tiempo y en el cual aparecen obras inéditas del autor. Alterna sus presentaciones con el trío con su labor solista. Así se suceden sus actuaciones con la Orquesta Estable del Teatro Colón, la Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta Sinfónica de Córdoba y la Sinfónica de Mendoza. Con esta última y, con la dirección del maestro Horacio Salgán, interpretó el “Oratorio Carlos Gardel”, obra para orquesta, coro mixto, solistas y narrador, del propio Salgán con versos del poeta Horacio Ferrer.

A partir del nuevo siglo resulta imposible mencionar las innumerables actuaciones del trío, pero sí podemos destacar sus presentaciones en diversos festivales europeos, en España, Portugal, Holanda, Francia, Bélgica e Italia.

Otra faceta de Pane es su labor como maestro del instrumento. Muchos de los jóvenes y talentosos bandoneonistas de la actualidad estudiaron con él: Marcelo Nisinman, Gustavo Toker, Pablo Mainetti y Mariano Signa, entre otros. Es autor del tango “Interludio”, que grabara Marcelo Nisinman en Italia y de una obra de cámara para dos bandoneones, que en París llevó al disco el ex bandoneonista de Osvaldo Pugliese, Juan José Mosalini, desde hace muchos año radicado en la Ciudad Luz. Su tango “A las orquestas” es otra de sus obras destacadas.

En el 2003 grabó un disco compacto que lleva de título Un placer, a dúo con el virtuoso guitarrista Juanjo Domínguez, que obtuvo muy buena crítica.