Por
Ricardo García Blaya

ste singular músico es un fiel continuador de la línea del tango rítmico y tradicional de Edgardo Donato y Juan D'Arienzo.

Denostado por los vanguardistas y alabado por los bailarines, su orquesta gozó de una gran popularidad en los años cuarenta y cincuenta, tanto en Argentina como en el resto de América.

Su estilo rompió el molde de las formaciones de su época, porque incursionaba en todos los géneros, introducía instrumentos no convencionales y su repertorio, siempre variado, sólo contenía temas alegres o románticos.

Pero cuando hacía tango, uno percibía el sonido brillante de una orquesta afiatada, con arreglos sencillos pero de buen gusto y que además, contaba con muy buenos vocalistas.

Nos cuenta el coleccionista e investigador Emilio Pichetti: «Enrique Rodríguez fue un músico completo y funcional, además de tocar el bandoneón, con igual facilidad interpretaba el piano y el violín o empuñaba la batuta. Tenía gran talento y agilidad para resolver fácilmente la realización de sencillos arreglos y adaptaciones de melodías clásicas consagradas y populares de todos los países, sin quitarle su esencia de ritmo internacional. Así se afincó el éxito de la orquesta no solo en nuestro ambiente, sino también en todo el continente para delicia de oyentes y bailarines».

En algunas biografías figura como nacido en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, en otras se dice que fue en la ciudad de Buenos Aires.

Sus primeros pasos con el bandoneón transcurren en los cines de barrio, haciendo el fondo musical de las películas mudas a dúo con un piano.

Cuando comienza la radiofonía en Argentina, participa formando pequeños conjuntos en radionovelas gauchescas. Actúa esporádicamente en algunas formaciones, como las del Ruso Antonio Gutman, Juan Maglio, Juan Canaro y Ricardo Brignolo.

En 1926, debuta en el sexteto de Joaquín Mora y luego de otros empleos, integra la orquesta de Edgardo Donato, que pese a permanecer en ella por poco tiempo lo influye, seguramente, impresionado con la agilidad y brillantez de su ritmo.

En 1934, integra un trío para acompañar al cantor Francisco Fiorentino en Radio Belgrano. Al año siguiente forma un cuarteto con la misma finalidad, pero para la actriz y cantante María Luisa Notar quien al poco tiempo se convertiría en su esposa.

En este cuarteto tuvieron participación músicos de la talla de Lalo Scalise en el piano, Gabriel Clausi en el badoneón y el violinista Antonio Rodio.

Finalmente en 1936 arma su propia orquesta que denominó: «La orquesta de todos los ritmos». Polkas, valses, tangos, foxtrots, pasodobles y rancheras son entregadas al público que bailaba y cantaba los temas con entusiasmo y alegría.

Era la orquesta elegida para amenizar fiestas y bailes, porque además por su característica resultaba económica, porque hacía innecesario el complemento de otra orquesta tropical o de jazz.

En 1937, la empresa Odeon lo contrata como artista exclusivo y esta relación se mantiene durante 34 años, realizando más de 350 registros.

Roberto Flores (El Chato) fue su primer cantor con quien grabó 35 temas, pero la voz más representativa fue sin duda la de Armando Moreno (El Niño Moreno), quien estuvo en tres períodos diferentes, formando una dupla que dejó huellas imborrables en la memoria tanguera. Con él hizo alrededor de doscientos registros y varias giras por América y en particular Colombia, donde fueron prácticamente idolatrados. Años más tarde, en 1965, repitieron ese éxito en Perú, en un viaje que participó el ya veterano Raúl Iriarte, aquel cantor que se destacara en la orquesta de Miguel Caló, en la década del 40.

Contó también con las voces de Ricardo Herrera, Fernando Reyes, Omar Quirós, Roberto Videla, José Torres, Oscar Galán, Ernesto Falcón, Cruz Montenegro y Dorita Zárate.

Compuso muchos temas, entre los que se destacan: “Amigos de ayer”, “En la buena y en la mala”, “Iré”, “Llorar por una mujer”, “Son cosas del bandoneón”, “Yo también tuve un cariño”, “Lagrimitas de mi corazón”, “Tengo mil novias”, todos con letra de Enrique Cadícamo; “Adiós, adiós amor” con Roberto Escalada; “Café” con Rafael Tuegols; “Como has cambiado pebeta” con R. Carbone; “Flor de lis” con Horacio Sanguinetti; “Sandía calada” con Máximo Orsi; entre muchos otros.

Pero sin duda alguna, el disco que más éxito tuvo y el más vendido fue su vals “Tengo mil novias” cantado por Roberto Flores.

Nos agrega Pichetti: «En 1944 realizó un intento de modificar armónicamente su estilo al integrar a su formación como pianista y arreglador a Armando Cupo, al bandoneonista Roberto Garza, también arreglador y a Omar Murtagh alternando en el violoncello y contrabajo. Así llegó a interpretar varios tangos con notable acierto instrumental: “Naranjo en flor”, “La vi llegar”, “Luna llena”, “Y así nació este tango” y “El africano”. Pero el público prefirió a la «Orquesta de todos los ritmos» y, en 1946, desvinculados Cupo y Garza, retornó al género bailable, conservando ese estilo durante el resto de su trayectoria».

Los sectores más refinados del tango repudiaron su estilo y lo ignoraron, yo lo rescato porque todo lo que hizo lo hizo bien, de un modo profesional, aún aquello que podemos considerar de inferior calidad. Pero por sobre todas las cosas, fue una muy buena orquesta típica, de bello y armonioso sonido , tanto para escuchar como para bailar el tango.