Por
Nicolás Foti

esde muy temprana edad se introdujo en el mundo de la música impulsado por su padre que ejecutaba el bandoneón; también Pepe dio sus primeros pasos con ese instrumento y con un acordeón. Pero luego sería el piano quien le permitiría destacarse como uno de los más talentosos ejecutantes en toda su trayectoria.

En 1955, actuó, debutando, con la orquesta dirigida por Alberto Dávila en un progarma de Radio Argentina. Estuvo incorporado a formaciones juveniles e integro conjuntos en compañía de Mauricio Marcelli, Fernando Suárez Paz y Mauricio Svidosky. Con algunos de ellos se reencuentra en otra formación juvenil dirigida por Luis Salvadeo (Marcusito) (que era ahijado de Cátulo Castillo).

Ya en 1956, (en carnavales) integra el conjunto Las Nuevas Estrellas del Tango y, además, acompaña al cantor Eduardo Solano en algunas reuniones bailables. En la misma época incursionó en milongas bravas como El Dardo Rojo, en el barrio de Constitución, en el Palacio Güemes, y otras de las mismas características, donde , como en los años 20 , era casi un rito que todo terminara en tremendas bataholas.

En 1957, debuto en Radio Splendid con la orquesta de Ángel Genta, y en 1959, con la de Ángel Domínguez, con los cantores Osvaldo Ribó y Carlos Almagro también en Radio Splendid. Asimismo realizó presentaciones el Dragón Rojo del barrio de Congreso y en el cabaret El Avión de la Boca.

A fines de 1959, con el conjunto Los Embajadores actuó en Radio Belgrano. Los integrantes de ese conjunto eran, en su mayoría, de la orquesta de Horacio Salgán. También en ese año 1959 grabo un LP con la orquesta de Juan de Dios Filiberto en la que se destacaba la cancionista Patrocinio Díaz.

Entre los años 1960 y 1962, integró las orquesta de Ángel Domínguez, Lorenzo Barbero, Emilio Orlando y también en radio El Mundo con Enrique Alessio, cantado José Berón (hermano de Raúl, Adolfo, Rosita y Elba).

Pero si bien su paso por esas agrupaciones le permitió ir depurando su técnica y estilo, la gran oportunidad de destacarse como un excelente ejecutante se la brindan Julio Sosa y Leopoldo Federico al incorporarlo como pianista —en 1962—, y completar con ellos un ciclo inolvidable hasta noviembre de 1964 en que se produce la trágica muerte de Julio Sosa.

Una vez repuesto del dolor, Leopoldo Federico reanuda sus actuaciones (con Colángelo en el piano) y los cantores Roberto Ayala y Carlos Gari. Colángelo actúa durante dos años con esa agrupación, aunque alternativamente acompaña a Ricardo Malerba en Radio Splendid y también forma un cuarteto, Cuatro Amigos Para el Tango, que se desempeña en Radio El Mundo.

Es indudable, y el propio Colángelo así lo reconoce, que su paso por la orquesta de Federico fue definitorio para su afianzamiento como ejecutante que, seguramente también, fue influenciado por la gran calidad de sus compañeros: Antonio Príncipe, Osvaldo Montes, Juan José Mosalini, Román Arias, Mauricio Mise, Roberto Rota, Emilio González y Alberto del Mónaco. Casi todos ellos, principalmente Montes y Mosalini, embanderados en lo que se dio por llamar la vanguardia encabezada por Astor Piazzolla, y de la que Colángelo, si duda alguna, forma parte, al igual que Mederos, Binelli, Buono y otros.

Aun reconociendo —como lo hace el propio Colángelo—, la influencia de Orlando Goñi por ser quien mejor hizo el bordoneo de piano, y a Francisco De Caro por el cambio que significó, para su época, por la diferente utilización del instrumento en los conjuntos; quien escribe estas líneas piensa que son Osmar Maderna y Horacio Salgán quienes mas aportaron a la definitiva consolidación de su estilo que —en mi concepto—, sintetiza el gran vuelo de las fantasías del Maderna de “Lluvia de estrellas”, “Concierto en la luna” y “Escalas en azul” con el swing del Salgán de “A fuego lento”.

La consagración definitiva llega con su incorporación (en remplazo de Osvaldo Berlingieri) a la orquesta de Aníbal Troilo de quien fue su último pianista. Con una anécdota Colángelo recuerda su debut con Pichuco el 8 de noviembre de 1968 en el local de Diagonal Norte y Florida, Relieve:

«Cuando llegué con mi smoking en la mano, el gordo se adelanto, me dio un abrazo y un beso, me pidió una moneda, y me regaló un pañuelo de hilo suizo hecho a mano. Al finalizar la actuación alguien del público se me acercó muy cordialmente para saludarme pero también para señalarme que le gustaba más mi antecesor, cosa que le informé al maestro y me contestó: "Pibe, yo a usted le tengo mucha confianza y no me puede defraudar". Con el tiempo comprendí que esa actitud de Troilo era coherente con su proverbial paternalismo que ejercía con gran sabiduría».

Tres días después se hizo un recital en el Teatro San Martín y esa fue la prueba de fuego para Colángelo. Tocaron doce temas instrumentales y Troilo le dio la oportunidad de que libremente hiciera los solos. Había aprobado el examen más difícil de su carrera.

En su permanencia en la orquesta del gordo Pichuco también integro el famoso cuarteto que se completaba con Ubaldo De Lío y Rafael del Bagno, (luego Aníbal Arias reemplaza a De Lío).

Colángelo sentía por Troilo la misma admiración y respeto que todos los músicos y cantantes que pasaron por su orquesta, y reconoce en Pichuco al fundador de una escuela de características muy peculiares y personales. Una escuela diferente, que le dio al tango valores de inmensa magnitud que aun hoy continúan la línea troileana (Garello, Baffa, Berlingieri y tantos otros).

Cuando el canal 7 de televisión hizo un homenaje al maestro recién desaparecido, Colángelo expresó públicamente: «Creo que se apagó un sol muy grande, ojalá nos haya dejado algunos rayos esparcidos entre los que fuimos sus amigos, compañeros y admiradores».

En 1971, forma su inolvidable cuarteto para grabaciones, acompañado por Néstor Marconi, Omar Murtagh y Aníbal Arias, grabando un larga duración.

Colángelo también integró el conjunto Los Solistas del Tango, dirigido por Reynaldo Nichele con la participación y arreglos de Eduardo Rovira.

A partir de 1967, acompañó, con distintas formaciones, a varios cantores y cantoras: Roberto Goyeneche, Alberto Marino, Mario Bustos, Roberto Florio, Héctor Mauré, Raúl Berón, Néstor Fabián, Alba Solís, Elba Berón, Carmen Duval, Nelly Vázquez, Susana Rinaldi y otros.

En el año 1971, actuó con el cuarteto de Troilo en el Hunter Hall de Nueva York, y también en Washington. En 1972, en el Teatro Colón con la orquesta de Pichuco y en 1973, en la película Esta es mi Argentina en la cual la orquesta interpreta “Quejas de bandoneón”, bajo la dirección de Leo Fleider. En 1975, retorna al Colón, en un homenaje a Carlos Gardel con la orquesta de Héctor Artola.

Su primera orquesta, formada en 1979, estuvo integrada por: Lisandro Adrover y Antonio Príncipe en bandoneones; Hugo Baralis, Alberto del Bagno y Mario Arce en violines y Héctor Console en contrabajo (en algunas ocasiones se incorporó Enrique Lannoo en chelo); siendo sus cantores Guillermo Galvé y Ana Paula.

De sus composiciones los principales temas fueron: “Te das cuenta”, “Plazeando”, “Todos los sueños”, “Duende y misterio”, “Fortín cero” ( con Ernesto Baffa), “Un piano en la noche” (con Víctor Braña) y “Mamembá” (con García Dávila). Todos ellos temas instrumentales.

Sus composiciones cantables fueron: “Puerta de barrio” y “Mi tormenta”, con Eugenio Palazzo; “Las del humilde querer” con Edgardo Ayala; “Tenía razón”, con Braña y Roberto Casinelli; “Caras del pasado” y “Pa' que me voy a apurar” con Victor Lamanna; “Cristo”, “Matraquín”, “Aníbal fuelle” (poema-tango ), “Milonga que canta el pueblo”, “Luna morena”, “Juana barullo”, “Las rondas de enero”, “De minuto a minuto” y “Aunque tu me lo niegues”, todos con letras de José María Tasca. “Una cita en el 2000” balada compuesta con Ricardi, “Me lo diste todo enamorada”, con Ferrari.

Los temas instrumentales fueron grabados, en su mayoría, por su cuarteto y “Fortín cero” por Ernesto Baffa y por Lorenzo Barbero.

No es posible finalizar esta biografía de José Colángelo sin recordar su exitoso y prolongado paso por El Viejo Almacén donde hizo las delicias de porteños y turistas con sensacionales intervenciones.