Rosendo Mendizábal

Nombre real: Mendizábal, Anselmo Rosendo
Seudónimo/s: Anselmo Rosendo (A. Rosendo)
Pianista y compositor
(21 abril 1868 - 30 junio 1913)
Lugar de nacimiento:
Buenos Aires Argentina
Por
Juan Silbido

endizábal nació en Buenos Aires en 1868. Sus padres eran argentinos: Horacio Mendizábal y Petrona Escalada.

Gozaba su familia de sólida posición económica, viéndose huérfano de padre a la edad de tres años junto con su hermano llamado Sergio.

Los recursos materiales permitieron que durante su adolescencia, emprendiese Rosendo estudios de piano en el propio domicilio.

Según nos manifestó su hija Carmen, le correspondieron holgados bienes de la sucesión familiar: la fabulosa cantidad de $ 300.000 una propiedad ubicada en la calle Pilar (actualmente, Montevideo), frente a a plaza 6 de Junio (hoy, Vicente López). La desbordante juventud de Rosendo sumada a un incontrolado afán por las diversiones, dio buena cuenta de aquella fortuna con exquisita despreocupación.

Frecuentemente leímos comentarios acerca de su estampa física: un moreno gallardo, cierta altivez en los rasgos. Excitaba nuestra curiosidad. La única efigie que de él contemplamos, difundida en algunas publicaciones no pasaba más allá de un sencillo dibujo.

Emprendimos la búsqueda de alguna fotografía suya, opinaban coleccionistas y entendidos en la materia que su hallazgo era improbable, nadie la había siquiera visto jamás y se dudaba que pudiese conservarse actualmente alguna fotografía del mismo.

Nuestra pesquisa no conoció tregua, y a la postre, nos satisface ofrecer ante los ojos del lector, el retrato de Rosendo.

Le dibujamos de cuerpo entero y luego de minucioso análisis de una antigua fotografía inédita y la única que de él conservan sus hijas.

En la misma se halla representado a los 24 abriles, merece comentarse con pincelada breve la pose y ropas que viste.

Apoya uno de sus brazos sobre un pequeño fuste clásico, cabello recortado a lo Umberto, delicados rasgos faciales sobre la tez morena, e inevitable bigote que remata puntiagudo. Albo pañuelo al cuello, largo el saco, chaleco con solapas y leones (pantalones) de incierto planchado. Tal, la estampa someramente delineada de Rosendo, cuya presencia surge nítida toda vez que escuchamos sus obras.

Prosigamos narrando su vida. La prodigalidad con que echó mano en su bolsa finalizó con ésta exhausta. Por fortuna, sus conocimientos musicales le permitieron dictar clases de piano en hogares pudientes. De tal modo ganó su vida durante un tiempo.

Referente a su labor cumplida en los ambientes de baile, nos manifiestan los autores Héctor Bates y Luis Bates en su Historia del tango:

«Entre los lugares que Rosendo frecuentó encontramos al Tarana. Agreguemos entre otros sitios de su actuación inicial las casas de La vieja Eustaquia y de La parda Adelina».

Los datos acerca de la ubicación de estas últimas se omiten. El Tarana denominado posteriormente J. Hansen, es notorio se hallaba en Palermo (Parque 3 de Febrero).

»Fue además pianista insustituible en la casa de bailes de la morocha Laura Montserrat (calle Paraguay casi esquina Pueyrredón). Frecuentada por concurrentes adinerados, entre los que abundaban profesionales del turf, ello explica los títulos de gran número de sus tangos, a saber: “Reina de Saba”, “Don Padilla” y “Polilla”, elementos que descollaron en los hipódromos de Palermo y Belgrano.

«Rosendo actuaba generalmente como solista, hallándose sus ingresos condicionados a la generosidad de los concurrentes. Si la importancia de la reunión lo exigía se agregaban a él un violinista y un flautista, el repertorio a ejecutar lo constituían partituras manuscritas puesto que los tangos de aquella época no se editaban». Referencias extraídas del Diccionario teatral del Río de la Plata, autor Tito Livio Foppa.

Hacia 1897 al parecer, fueron escuchados por vez primera en la citada casa de bailes de la morocha Laura, los chispeantes e inolvidables compases del tango “El entreriano” [sic. en la portada de la primera edición].

Buen número de tangos se perdió en razón de que los primeros no se editaban. En aquella época, si se llevaban al papel eran escritos a mano en el mejor de los casos. Generalmente los músicos suplían la partitura, ejecutando de oído. Si éste era malo, no será difícil de imaginar el resultado.

Las más antiguas portadas de los tangos de Rosendo fueron editadas por intermedio de los hermanos Prelat.

Intencionado humor poseen todas, auténticos documentos por otra parte, aludimos a sus dedicatorias. Relaciones del autor desfilan por ellas, surgen vínculos amistosos con magistrados, banqueros, políticos, músicos y hasta los citados pur sang.

Habitualmente no constaba su apellido en las mismas, solo identificables por su seudónimo artístico: A. Rosendo (Anselmo Rosendo).

Permanecerán ignorados definitivamente no pocos capítulos de su vida, ya que quienes le conocieron han desaparecido. Incluso sus tres hijos varones, uno de los cuales llamado Rosendo, según nos expresara su hermana Carmen, conocía detalles biográficos del padre.

Ciertas informaciones coincidían en afirmar la existencia de un discípulo. Trataríase del morocho profesor Plácido Simoni Alfaro. Procuramos localizarle y logramos solamente vagas referencias. Antiguamente radicado en Palermo, desarrollando tareas al frente de un conservatorio musical ubicado en Córdoba 5000. Luego, residiendo en el interior del país. En SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) se nos enteró que el pianista Alfaro, aunque irregularmente, solía concurrir por allí.

En verdad su rastro se nos ha borrado frustrando nuestro afán investigador.

No conocemos grabación alguna efectuada en persona por Rosendo Mendizábal; idéntico parecer nos expresaron coleccionistas cuya opinión nos merece fe.

Afectuoso padre de siete hijos fue Rosendo: cuatro mujeres y tres varones, actualmente desaparecidos estos últimos.

Penosa indigencia y gradual declinación física, fue el triste panorama que vivió Mendizábal en su etapa final.

La partida de defunción con cuyo extracto proseguimos dice así: «Ayer á las ocho y treinta de la noche en San Salvador mil setecientos trece falleció Rosendo Mendizábal de uremia... edad cuarenta y cinco años, músico».

Agreguemos que el documento está extendido el 19 de julio de 1913, deducimos en consecuencia al asociar referencias de su hija: nacido el 21 de abril, luego no es otro que 1868 el año de su nacimiento.

Según la nomenclatura actual de las calles, San Salvador corresponde a El Salvador en el barrio de Palermo.

En tanto redactamos esta semblanza biográfica se cumple medio siglo de la desaparición de Rosendo Mendizábal.

Auténtico precursor de nuestra música popular, se acrecienta con indelebles perfiles el mérito y calidad de su obra con el transcurso de los años; títulos por demás elocuentes son los que siguen: “El entrerriano”, “Don José María”, “Don Enrique”, “Don Horacio”, “Don Santiago”, “Viento en popa”, “El torpedero”, “Z Club”, “Tigre Hotel”, “Tres Arroyos", "Don Padilla", "Polilla", "Reina de Saba", "Final de una garufa", “México”, “Le petit parisien”, “A la luz de los faroles”, “Alberto”, “Contra flor y el resto", “Pronto regreso”, “A la larga”, “Los dos leones”, “Matilde”, “Por aquí que no hay espina”, “Rosendo” y “Arrabalera [b]” (milonga).

Publicado en el libro: Evocación del tango, de Juan Silbido, Buenos Aires, 1964.