Luis César Amadori

Nombre real: Amadori Ricciotti, Luis César
Seudónimo/s: Leo Carter, Gabriel Peña
Letrista, autor, empresario, cineasta y periodista
(28 mayo 1902 - 5 junio 1977)
Lugar de nacimiento:
Pescara (Pescara) Italia
Por
Néstor Pinsón

omo tantas otras familias italianas que vinieron a buscar fortuna en nuestra tierra, arribó a nuestro país a los cinco años de edad, proveniente de Pescara, su ciudad natal. En la Argentina se crió y educó, hasta llegar a cursar estudios universitarios en la ciudad de Córdoba, los que abandonó para dedicarse de lleno a su vocación de escritor y periodista.

Pero su nombre se destacó fundamentalmente en el cine, siendo uno de los directores cinematográficos más prolíficos y más exitosos, durante veinte años. Más precisamente, entre 1936 y 1955, principio y fin de su carrera en nuestro país.

En 1936, dirige junto a Mario Soffici, el primer film: Puerto Nuevo, cuyo elenco estaba encabezado por los cantantes Sofía Bozán y Charlo. Película de tono romántico, dentro de un contexto social acuciante, adornada con canciones y tangos.

En 1955, sus dos últimos largometrajes: El barro humano, donde la estrella era su esposa, la popular actriz Zully Moreno y El amor nunca muere, film de tres episodios con la participación de los actores más destacados del momento.

Durante el lapso mencionado, filmó setenta y ocho películas, donde alternó sin preocupaciones el melodrama, el humor, las comedias y un sinfín de números musicales.

Su mayor éxito, con varias reposiciones, fue Dios se lo pague, con Zully Moreno, Arturo de Córdova y otros importantes actores. Esta vista tuvo la peculiaridad de ser elegida para participar en los premios Oscar de los Estados Unidos. Su estreno fue en marzo de 1948.

Cuando ocurrió el golpe de Estado de 1955, que derrocó al presidente Juan Perón, su trayectoria se vio interrumpida. Junto a otros artistas fue cuestionado, permaneció preso unos días y finalmente, tuvo que emigrar hacia España, donde permaneció hasta 1970. En su exilio filma dos grandes éxitos La violetera y El último tango, ambas con la gran cantante y actriz española Sarita Montiel.

Su sólida presencia en el cine opacó, primero e hizo olvidar después, la que fuera su primera y nunca abandonada actividad artística: el teatro.

En la década del veinte fue periodista del vespertino Última Hora y de la popular revista Caras y Caretas, en los que publicó reportajes a gente de teatro, lo que despertó su veta de libretista del género chico. Aquellas sencillas comedias tenían argumentos que servían de excusa para presentar a los intérpretes más populares.

Escribió una gran cantidad de obras para las decenas de salas dedicadas al género. Se representaba, por lo general, más de una obra por función y las temporadas eran reducidas, había que reponer permanentemente.

En pocos años, Amadori llegó a ser director y luego propietario del Teatro Maipo que, junto al Teatro Nacional eran verdaderos templos de la lujosa revista porteña (género musical similar al music-hall, con connotaciones costumbristas y picarescas y con referencias a la actualidad política).

Escribir para teatro lo llevó ineludiblemente a escribir también las letras de numerosas canciones, principalmente tangos. Dijo en un reportaje: «Como teníamos siempre en nuestra compañía una estrella que cantaba tangos —Azucena Maizani, Mercedes Simone y la más querida y recordada, para mí, Sofía Bozán—, empecé a escribir letras para tangos».

Los primeros tangos los compuso junto a gente de teatro, tal el caso de Antonio Botta, habitual colaborador de Francisco Lomuto, o el de José González Castillo —padre de Cátulo Castillo—, o el de Ivo Pelay, siempre asociado a Francisco Canaro y el de Enrique Santos Discépolo, a quien conoció cuando se presentó en su teatro para ofrecerle “Esta noche me emborracho”. Este tango fue inmediatamente estrenado por Azucena Maizani.

Con Discépolo se generó una sociedad creativa de la cual surgieron los tangos “Confesión”, “Alma del bandoneón” y “Desencanto”, y el vals “Tu sombra”.

Respecto a “Desencanto”, fue cantado por Tania en la película El pobre Pérez, con el cómico Pepe Arias, en el papel principal, y que dirigió el propio Amadori.

Como primaba la ocasión, la obligación de escribir por necesidad, algunas veces la inspiración no estuvo presente en sus letras, pero quedó lo suficiente para considerarlo entre los importantes letristas del tango. Tuvo la virtud de escoger muy buenos músicos para la composición de su obra.

Con Francisco Canaro firma “Madreselva”, “Yo también soñé”, “De contramano”, “Quisiera amarte menos”, “Como te quiero”, “Qué le importa al mundo” y otras.

Con música de Charlo: “Tormento”, “Cobardía”, “Rencor” y “Viejas alegrías”.

Con Luis Rubistein: “Olvido”. Con Alfredo Malerba: “Vendrás alguna vez”. Con Rodolfo Sciammarella, “Quién hubiera dicho” y “Serenata”. Con Enrique Delfino: “Ventanita florida”. Con Raúl de los Hoyos: “Fondín de Pedro Mendoza” y “Felisa Tolosa”. Con Julio De Caro el vals “Nunca”.

Gardel le grabó cinco tangos: “Cobardía”, “Confesión”, “Fondín de Pedro Mendoza”, “Madreselva” y “Rencor”.

En algunas ocasiones Amadori utilizó el seudónimo de Leo Carter.

El cinco de junio de 1977 fallece en su querida ciudad de Buenos Aires.