Dante Gilardoni

Nombre real: Gilardoni, Dante Federico
Pianista, director y compositor
(7 enero 1921 - 14 octubre 2000)
Lugar de nacimiento:
Tigre (Buenos Aires) Argentina
Por
Guillermo Gilardoni

ació en Tigre, Provincia de Buenos Aires, hijo de Tobías Gilardoni y Florinda Novelli.

Estudió armonía y composición con el maestro Gilardo Gilardi y, a los 17 años, integró las orquestas Ideal (típica) y Laedi (característica), presentándose en giras por el interior del país y el Brasil, desempeñándose como pianista y acordeonista.

Acompañó a Lolita Torres en una película y fue quien lanzó a varias cantantes de la época: Ramona Galarza, Violeta Rivas, entre otras figuras.

Como docente se desempeñó como maestro de música en el Colegio Marín, de San Isidro. Tuvo una academia de canto por muchos años, siendo asistentes a la misma: Valeria Lynch, Rubén Juárez, Daniel Riolobos, Guillermo Fernández, María Graña, Juan Darthés.

Como autor y compositor, se destacan los tangos: “Yo no merezco éste castigo”, “El último escalón" “Una piba como vos”, la letra de “Taquito militar”, “Amor de marinero”, entre las composiciones más conocida aunque tiene publicados más de setecientos temas. También fue autor y compositor del repertorio de Carlos Balá.

Recibió el Gran Premio SADAIC a la Música Ciudadana, en el año 1999, por su trayectoria. También, otros premios y homenajes como los que le brindó La Casa del Tango, en el año 2000.

El periodista Enrique Sdrech, en el diario Clarín (28/4/1997), le realizó un interesante reportaje que transcribo a continuación, con el título: Una vida a toda orquesta.

«Tiene grabadas y registradas en SADAIC 841 obras, lo que lo convierte en el compositor y letrista más proficuo. “Taquito militar”, “Una piba como vos”, “Baldosa floja”, “Tango”, “Un amor imposible”, “El último escalón”, “Amor de marinero”, son algunos de sus grandes éxitos. También ha incursionado en la lírica y hasta se animó con algunas baladas, como aquella que tituló “Por esa palabra libertad”, que fue ejecutada en las Naciones Unidas durante la celebración de los 200 años de la Revolución Francesa y fue cantada por el tenor José Najt.

“Podría decir que conocí a Carlitos Gardel, que frecuenté su amistad, que conozco anécdotas inéditas de él, pero sería muy desleal y una gran mentira. Al Zorzal lo conocí, realmente, cuando yo tenía 8 años y estaba tocando el piano en un festival que se realizaba en el Tigre. Gardel se me acercó, me tocó la cabeza y me felicitó por la forma como aporreaba las teclas”. Nos explica el carismático don Dante, un verdadero virtuoso del teclado que sigue enseñando en distintas academias piano, órgano y acordeón. “Hace 70 años que mi vida transcurre entre negras, blancas y alguna que otra rubiecita”, bromea.

«Dueño de una simpatía muy especial, a cada instante del diálogo mecha alguna de sus ocurrencias.

“Escribo letras y, lo que es peor, las canto”, nos dice mientras demostrando una ductilidad digna del mejor elogio interpreta en el piano piezas de su autoría, que a la vez canta, para regocijo de los alumnos que aguardan turno.

“De pibe estudié con el violinista Saraco, del Colón, después con el maestro Gilardo Gilardi estudié armonía y composición. En los 30 me animé con mi primera academia de canto y colaboré en la formación de figuras como Valeria Lynch, Jorge Falcón y María Graña, entre otras”.

«-¿Por qué no nos cuenta aquella anécdota suya en el Congreso, que provocó malestar a un alto funcionario?

“No fue nada importante (se ríe), finalmente el agua no llegó al río. Ocurrió que habían contratado a una soprano del Colón, la señora Leonor Gitlin, creo que era rumana. Se había programado un concierto en un espacio de la misma cúpula del Congreso. Yo era el pianista. Vino un funcionario y a cada instante recordaba que él era el organizador del concierto. Entonces yo le pregunté si habían organizado un concierto allá arriba para arreglar el desconcierto de abajo, refiriéndome a la Cámara de Diputados. No le gustó nada”.

«Sería imposible mencionar las actuaciones de Gilardoni tanto en el país como en el extranjero. Sus anécdotas, sus viajes, sus amistades con grandes personalidades en las disciplinas más diversas y enfrentadas. Su relación, en México, con el inolvidable Agustín Lara, su extraordinaria versatilidad en la música, ya que muchas veces acompañó a Oscar Alemán, Barry Moral, Santa Rita Ritmo en el Alma, Santander. En octubre de 1994, por ordenanza municipal de la ciudad de San Juan, se le asignó el padrinazgo, a él y a Enrique Cadícamo, del monumento y Paseo Carlos Gardel. “Enrique Cadícamo es más que mi amigo, es mi hermano, es una reliquia que se debe venerar”.

“Yo debo confesar que en ocasiones le fui infiel al tango, y me vi obligado a incursionar en otros géneros. Una vez salí de gira con la Marimba Alma Salvadoreña y en el lugar donde actuaba terminaba con los acordes de “Jalisco no te rajes” y debía empezar con obras de Chopin o de Bach. Así nací y así quiero morir. Puedo decir que he tenido el privilegio de escribirles la música a muchos que triunfaron con la música”.

«-¿Esa bohemia no convirtió a su vida en algo desordenada?

“Sí. Pero no me molesta en lo más mínimo. Hace poco mis hijos me regalaron un hermoso maletín, para reemplazar los restos de uno que me había acompañado toda la vida. Salí apurado de casa, era un día de lluvia, alguien me alcanzó un paraguas y el nuevo maletín. Cuando llegué a destino y bajé del taxi el chofer me advirtió que quedaba el maletín. “No es mío”, le respondí acostumbrado al viejo portafolios. El hombre lo abrió y me dijo: “Está lleno de pentagramas con notas musicales”. “—Hubiera empezado por ahí”, le dije, “Es mío”. Y en agradecimiento le regalé un tango recién hecho».