Pedro Sofía

Nombre real: Sofía Darino, Pedro
Violinista y compositor
(1 enero 1890 - 9 julio 1976)
Lugar de nacimiento:
Buenos Aires Argentina
Por
Ariel Curuchet
| Néstor Pinsón

ijo de padres italianos que no hicieron la América, nació frente al Mercado de Abasto, en una vivienda ubicada sobre la calle Lavalle.

La guitarra fue su primer instrumento y desde muy niño trajinó con ella sin descanso durante unos años. Su atracción por la música lo llevó, más tarde, a iniciar estudios de violín hasta recibirse de profesor del instrumento, como así también de piano, armonía y composición.

A lo largo de su trayectoria formó numerosos discípulos, muchos de los cuales han integrado la orquesta del Teatro Colón, la Orquesta Sinfónica Nacional y otras. A sus 14 años compuso el primer tango: “Echale arroz a ese guiso”, título tomado de la pieza teatral Fumadas de Enrique Butaro (1902).

Según él mismo nos cuenta: «A esa edad me ganaba la vida como violinista de la orquesta del Teatro Apolo, donde la compañía de los hermanos Podestá desplegaba su repertorio de obras teatrales. Allí estuve unos cuantos años y pude ayudar a mi numerosa familia. Tocando junto a Francisco Payá, autor del tango “El conventillo [b]” y con Antonio Reynoso, llegué a convertirme en un buen músico de escuela. Pese a mi formación, ya de pequeño me subyugaba la música semi prohibida que era el tango. Llegué a componer más de cien, algunos se editaron con mi nombre y la mayoría se los regalaba a amigos y conocidos, muchos de estos se hicieron populares y me halagaba que fueran silbados por la calle sin saber la gente que eran míos, ocurrió que algunos de los amigos los editaban pero a nombre suyo.

«De aquellos años tengo presentes a dos excelentes músicos y amigos, Carlos Posadas, del que siempre recuerdo su tango “El taita [b]” y Arturo De Bassi, sus tangos “La catrera” y “El caburé”, entonces tan difundidos, hoy casi no se escuchan».

Cuando entró a la conscripción salía De Bassi, un año mayor y ambos, ya reconocidos, fueron directores de la Banda del Regimiento Nº 2 de Infantería, situado en Campo de Mayo. Ese destino militar lo llevó a escribir varios tangos como “El 2 de línea”, “El rabanito [b]” —dedicado al teniente coronel José P. Marcilese—, “Don Oscar” —dedicado al Capitán Oscar Sartorio—, “El cabo Fels”, “El archivista”, “La tiranita”, por el recuerdo de una bella cupletista que el autor conoció en un varieté de la Avenida de Mayo. «Cuando me preguntan sobre cuál, respondo que no he retenido detalles».

Le pertenecen también: “No, señora, voy torcido” —frase pronunciada por el actor Florencio Parravicini, caracterizando a un jocoso motorman de tranvía—, “Alma criolla”, “Bordoneando”, “La cariñosa”, “Tu imagen” —un vals con letra de María E. Aguirre—, su esposa. Títulos que fueron grabados por la Banda Municipal, La Filarmónica Porteña, dirigida por Bartolomé Burlando, la Orquesta Típica de Genaro Espósito, por el Quinteto Criollo El Alemán, de Arturo Bernstein y otros.

También, es el autor de una opereta Ironías del destino, cuando sólo contaba con veinte años de edad. Fue conferencista, concertista, autor de textos de enseñanza, uno de los fundadores de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores), intervino en la fundación del Teatro Infantil Labardén, en la Orquesta Sinfónica Nacional, fue profesor de educación estética y canto coral y fundador de la Asociación Argentina de Música de Cámara.

Nos confiesa: «Hubo una época que dejé de escribir tangos, me harté que la gente dijera “el milonguero Sofía”, siempre me honré en escribirlos, pero decidí demostrar que tenía la capacidad para incursionar en otros géneros musicales para los que estaba muy bien preparado. Atención que los compositores reconocidos en la llamada música clásica también escribieron tangos, como Alberto Drangosch, Athos Palma, Alberto Williams, Juan José Castro y otros más. Gilardo Gilardi, por ejmplo, armonizó “El ciruja”, de Ernesto de la Cruz. Claro que algunos tangos no siempre cumplían la condición de tales en el sentido popular y en cambio los míos sonaban como los de Juan Maglio, Vicente Greco o Carlos Posadas

Aparte de tangos, ha escrito más de doscientas obras de los más variados géneros: sinfónicas, de cámara, folklóricas, corales. Hasta el año 1963, según su propia estadística había intervenido en la programación de 683 conciertos, 50 programas en Radio Nacional, en 1000 actos culturales en escuelas y hospitales. Fue un hombre al servicio de la cultura del pueblo.

«Reconozco que trabajé toda mi vida por darles un lugar a los compositores argentinos en el ámbito de nuestra cultura. Hice conocer la obra de Esnaola, de Aguirre, de Juan Bautista Alberdi, de Francisco Hargreaves y tantos otros. Si bien he pasado por momentos amargos por ingratitudes, he tenido y tengo hermosas compensaciones. Una vez un conocido me comentó que un señor que tocaba la guitarra deseaba aprender música, pero andaba asustado pues le habían dicho que era un emprendimiento de diez años. Me preguntó si lo tomaría como alumno. Acepté para ver qué se podía hacer. A los pocos días el hombre se presentó en mi casa con su instrumento. Le pedí que tocara algo. Le di algunos ejemplos para que los armonizara de oído y lo hizo intuitivamente muy bien. Le dije: “Si usted se compromete seriamente a estudiar, sin que eso le signifique un sacrificio, considero que en dos años, usted podrá escribir y armonizar sus creaciones”. Fue un alumno ejemplar que asimiló rápidamente la enseñanza y antes de los dos años escribió y armonizó su “Zamba de la Candelaria”, era Eduardo Falú. Desde entonces ciudad o país donde tocara no se olvidaba de enviarme un obsequio.»

Vivió hasta su fallecimiento en la Avenida Pueyrredón 911, casi esquina San Luis, una casona soleada ubicada enfrente del famoso Café Gariboto cuando éste todavía albergaba al Cuarteto Típico Pacho.