Por
José Luis Anastasio (h)

ació en el barrio de Mataderos, en la ciudad de Buenos Aires. Hijo de inmigrantes de la isla del volcán Stromboli, en Sicilia, Italia. Fueron sus padres, Giuseppe Anastasio y Carolina Tesoriero (prima del famoso arquero de Boca Juniors, Américo Tesoriere).

Giuseppe, murió en un accidente al caer de la torre de la iglesia de San José de Calasanz, en Avenida La Plata y Directorio, cuando se estaba construyendo el edificio, el 15 de octubre de 1913, era moldurista artístico y tenía sólo 30 años de edad. Un mes después nació su hijo José Luis (nombre impuesto por su madre Carolina para honrar a su marido y a su padre Luigi emigrado de Italia a Francia) quien más adelante, adoptaría el nombre artístico de Carlos Mayel, el último de los cuatro hijos de ese matrimonio.

Años después, Carolina, viuda de 26 años de edad, se casó con otro italiano, Nicolás Alagia, y tuvo cinco hijos más, María Inmaculada, Domingo, Nélida, Alfredo y Ernesto los dos últimos también incursionaron en la música: Alfredo Alagia, como primera voz en un conjunto que formó Waldo Belloso y Ernesto Alagia como guitarrista.

Desde muy pequeño, José Luis, tuvo que trabajar, primero como dependiente de un almacén y para economizar monedas, hacía todas las mañanas un trotecito de unas cuarenta cuadras para llegar a su lugar de trabajo —desde Carhué y Avenida de los Corrales hasta pasar el Parque Avellaneda— y a la vuelta, lo mismo.

Así, hasta que aprendió el oficio de aparador de calzado, que le enseñó un primo, El Gordo Bonaventura, y organizó un taller de aparado, con toda su familia. Entonces la situación económica comenzó a cambiar. Lo obtenido, como albañil, por Don Nicola, su padrastro, se destinaba para construir y ampliar la casa y el producido del taller, para alimentar a toda la familia.

Su afición por el canto, empezó, obviamente, en el taller y después incursionó en las actuaciones artísticas, no sin antes tomar lecciones de canto con un maestro italiano lírico y también de guitarra con otro destacado guitarrista, sin embargo, nunca abandonó su oficio en el que permaneció hasta su jubilación. El canto y la composición musical, los tomó como una actividad secundaria y aunque fueron sus dos grandes pasiones durante toda su vida, nunca decidió dedicarse de pleno a ellas. No fue un muchacho de café, sólo algunos viernes, frecuentaba el viejo café El Águila, para contactar con sus amigos autores, compositores, cantores y músicos. Nunca dejó los ejercicios de vocalización para mantener en buen estado su voz.

Se destacó por su voz brillante y afinada y su estilo melodista, Se inició alrededor de 1932, en LR9 Radio Fénix, una de las primeras emisoras de Buenos Aires, con la orquesta de Héctor de Estéfano, con el seudónimo Osvaldo Peña. Sus primeras lecciones de guitarra las recibió de Ángel Domingo Riverol, quien lo presentó y acompañó en algunos eventos artísticos. Luego pasó a la orquesta de Rómulo Mercado, que realizaba bailes en Mataderos y en otros barrios. Debutó con la orquesta de Osvaldo Fresedo en el año 1939 y se desempeño hasta 1942, grabando con el maestro 8 tangos: “Camino”, “Marcas”, “Careta careta”, “Nidito azul”, “Esta noche”, “Si el corazón supiera”, “Es costumbre o es cariño” y “Llamada de amor porteño”. Es interesante como Mayel conoció a Fresedo.

En una casa de Floresta residía Guillermo Meres —excelente pianista, compositor y arreglador, quién transcribió al pentagrama gran cantidad de composiciones de mi padre y lo acompañó en el piano de pantalones cortos en la radio y otros eventos—, allí se reunían: Enrique Dizeo, la madre de Guillermo —Martha Meres— (que también cantaba muy bien) y otros familiares, cantores, poetas, realizando veladas artísticas. Dizeo fue quien tuvo la iniciativa de presentar a mi padre a Emilio Fresedo, que luego de escucharlo se lo recomendó a su hermano Osvaldo, quien lo probó en su piano y le adelantó que a la semana siguiente debutaba en su orquesta.

Si se me permite una digresión, Guillermo Meres fue mí profesor de música ad honorem durante 4 años, en un piano que mi padre compró en 1954 a Alfonso Lacueva, el compositor de “Intimas

El pseudónimo Carlos Mayel fue una ocurrencia de Dizeo, quien le encontraba un parecido en el físico y en la voz a Carlos Gardel (¡cosas de Dizeo!). La intención era acentuar la e, pero el público acentuaba la a y decía «Máyel» y así quedó.

En 1942, ya desvinculado de Fresedo, fue invitado a visitar a Doña Berta, la madre de Gardel, y le cantó el estilo “La mariposa (Gorjeos)”. Berta, emocionada, le regaló un par de botas, un poncho, un sombrero y un cuadrito con la foto de Gardel con una dedicación y un autógrafo.

Antonio Sumage (El Aviador), chofer de Gardel, fue un buen amigo de papá y lo visitaba frecuentemente, trayendo golosinas para su hijo (el mismo que escribe esta semblanza).

En el período 1942-1947, Mayel formó un conjunto de cinco guitarras y comenzó a actuar, con creciente éxito como solista, en radios, confiterías y clubes.

La totalidad de su obra autoral supera los 300 temas, si bien sólo registró alrededor de la mitad. Hizo muchas en colaboración con Francisco Laino y otras con Celedonio Flores, Enrique Dizeo, Reinaldo Yiso, Aldo Queirolo, Francisco Amor, Carlos Acuña, Martín Castro, Afner Gatti, Víctor Álvarez, Julio Budano, José Paradiso y otros.

También escribió letras, cuartetas y décimas, que musicalizó pero nunca les atribuyó demasiado valor o importancia. Sin embargo, realizó un monumental trabajo escrito, interesante y extenso, en versos rimados que recopilé y titulé Consejos del resero y creo publicaré, si mi tiempo me lo permite.

Entre sus composiciones más conocidas y llevadas al disco están: “Apronte”, por Edgardo Donato con la voz de Roberto Morel, por Edmundo Rivero, por Juan Carlos Godoy, entre otros; “El descolado” (letra de Aldo Queirolo), por Edgardo Donato y por Ricardo Chiqui Pereyra; “Yo nací para Palermo” (letra de Modesto Botti), por Edgardo Donato; “Berretines de bacana” (letra de Julio Budano), por Edgardo Donato; “Palito docena media” (letra de José Paradiso), por Jorge Vidal y por Carlos Mayel; la milonga “Entre curdas”, por Jorge Vidal, Lucrecia Merico y Ernesto Ariel; “El mayoral del tranvía”, por Alfredo De Angelis con Julio Martel e instrumental, por el conjunto inglés Tango Siempre.

Otros temas destacables: “Carlitos está entre nosotros”, tango dedicado a Gardel (letra de Gerardo Amoedo); la milonga “Celedonio Flores” (letra de Julio Budano) y el tango milonga “Roberto Firpo” (letra de Francisco Laino).

La milonga “Entre curdas” fue incluida en la película El último aplauso (2009) (Der Letzte Applaus) y el tango “El mayoral del tranvía”, en Aniceto de Leonardo Favio (2008/2009).

Luego de mi nacimiento, en 1947, y por sugerencias de mi madre, Dora Haydeé Fuentes, se alejó de las actuaciones artísticas, aunque, esporádicamente realizó algunos registros comerciales, entre ellos, un disco con 12 tangos y milongas propios, acompañado con guitarras. Además, varias grabaciones con las orquestas de Juan Carlos Caviello, Francisco Brancatti, Ricardo Martínez Trío y con las guitarras de Lorenzo Ranieri.

Si bien suprimió las actuaciones públicas dejó innumerables grabaciones privadas e inéditas, cantando con su guitarra, con mucho repertorio de Gardel y propio. Y puedo afirmar que mi padre compuso melodías, escribió letras y cantó, hasta pocas horas antes de su muerte.