Por
Abel Palermo

ue de esa generación de cantores que bailaron con la más fea, metáfora con la cual deseo consignar el proceso difícil que empezaba a insinuarse en el género a mediados de la década del 50. Lenta pero inexorablemente, la juventud iba volcándose a otros ritmos achicándose el mercado para nuestra música ciudadana.

Por tal motivo, no tuvo el marco adecuado para destacar sus interesantes valores interpretativos. No obstante podemos afirmar que fue dueño de una coloratura de voz muy personal y una correcta afinación que motivó a grandes directores de tango, recurrir a sus servicios.

Nació en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Flores. Al final de la década del cuarenta comenzó a cantar presentándose en distintos concursos de vocalistas que organizaban los clubes de barrio y los locales de tangos.

A principios de 1953, fue convocado por el violinista Hugo Baralis a participar en su orquesta que tocaba en LR3 Radio Belgrano. El otro cantor era Juan Carlos Rolón.

En 1954, el conjunto se disolvió por motivo de un viaje del director a Japón, integrando la orquesta de Juan Canaro, en aquella mítica gira en la que nuestra música hizo furor y se instaló definitivamente en esas lejanas tierras.

Entonces, fue contratado por Miguel Caló que necesitaba un cantor para reemplazar a Roberto Arrieta y, así, compartió los cantables con el ya consagrado Alberto Podestá.

En octubre de ese año, hizo su debut en el disco con el tango “Los cosos de al lao” y, en mayo del año siguiente, vuelve a los estudios de grabación con el tema “Por unos ojos negros” y, en el acople, con el vals “La barquilla” de Miguel Nijensohn, junto al Trío Los Halcones. Su último registro con la orquesta de Caló fue “Bien jaileife”, en junio de 1955.

Reapareció en los carnavales con la orquesta de Florindo Sassone pero no duró mucho, el éxito esperado nunca llegó y se fue en busca de nuevos horizontes. En 1957, lo encontramos revistando en la formación de Ángel Domínguez, con quien debutó ante los micrófonos de LR4 Radio Splendid. Allí tuvo como colegas a Alberto Rial y a Osvaldo Ribó.

Con Domínguez registraron “Suerte loca” (1957) y “Porque te quiero así”, tango del propio director con letra de Luis Uncal.

Luego de un breve paso por las orquestas de Atilio Stampone y de Osvaldo Piro llegó, a mi criterio, el momento más importante de su trayectoria cuando fue contratado por Rodolfo Biagi, donde cantó junto a Hugo Duval.

En 1962, participó de la última producción fonográfica del maestro registrando los tangos, “Si no estuvieras tú”, de Víctor Braña y Leo Lipesker, “Palermo”, “Y a mí qué” y “Duerme mi niña”, de Mario Canaro y Víctor Prestipino.

A partir de ese momento, ya disuelta la orquesta de Biagi, inició su etapa solista. El sello Magenta lo contrató en 1966 para grabar un disco titulado Milongas Reas, con el acompañamiento del Cuarteto Puro Tango que estaba dirigido por el pianista Miguel Nijensohn. De esa producción podemos citar: “Apronte”, “Andá que te cure Lola”, “Sin pensarlo” (Jorge Vidal, Raúl Cobián y Francisco Cittadino), “El desertor” (Alberto Cosentino y Juan Manuel Pombo) y “Sin novedad” (Ubaldo Martínez).

En los años setenta, fue una figura permanente de diversas casas de tango. Por citar algunas de ellas: El Avión de la Boca, Vos Tango, Tango Bar de Flores, El Farol, El Rincón de los Artistas y Confitería El Olmo de Once.

En la década siguiente, grabó con el maestro Víctor D'Amario entre otros temas: “Taximetreando”, de D’Amario y Jorge Moreira; “Filosofía barata” de Leopoldo Federico, Héctor Díaz Herrera y Alfredo Acerenza; “Estrella de ilusión”, de Ángel Milesi; “Gólgota” y “Romántico y azul”, de D'Amario, Rodolfo del Villar y Horacio Bianconi.