Por
Juan Manuel Peña

n el sosiego de su casa de la calle Mariano Acha, del barrio de Saavedra, rodeado de recuerdos y plenamente activo hasta sus últimos días, vivió el maestro Marcos Madrigal. Nació en Buenos Aires, en una casa de la calle Solís y Rondeau.

A su padre, un español que gustaba del tango, la música clásica y el cante jondo, le gustó el sonido del bandoneón, por aquel tiempo un instrumento ya incorporado a nuestra música ciudadana. Le indicó a su hijo Marcos que debía aprender a tocarlo, cuando este rondaba los diez años.

Un cliente del restaurante de su padre —ubicado en Estados Unidos al 800 ente Tacuarí y Piedras—, de nombre Fernando, le enseñó a Marcos el teclado, que él siguió perfeccionando en varias academias a las que concurrió. Luego, vino el conservatorio y recuerda como maestro de bandoneón a Antonio Sureda. Ya adolescente, Madrigal comenzó a tocar en orquestas de barrio y en un mercado que tenía un palco, acompañado por una guitarra y batería.

Su fuerte atracción con el instrumento, al que hoy califica de divino y de maldito, hizo que Madrigal, aparte de sus estudios adquiriera una gran técnica en forma autodidacta.

A los 17 años, ejecutó su bandoneón en mejores conjuntos, aunque olvidados hoy, y realizó con ellos algunas giras. A los 20, Osvaldo Pugliese lo llamó cuando formó su primera orquesta, no aquella del triunfo definitivo del pianista que fue la de 1939 y que equivocadamente se señala a veces como la primera.

Entre otros instrumentistas de esta primera orquesta pugliesiana, pueden señalarse a los bandoneonista Alfredo Calabró y Juan Abelardo Fernández, los violinistas Rolando Curzel y Juan Pedro Potenza y el contrabajista Aniceto Rossi. Actuaron en el café Germinal de la calle Corrientes 942, entonces angosta.

Horacio Salgán lo llamó en 1937, para formar un trío para acompañar a la cancionista Carmen Duval, compuesto por Gregorio Suriff (violín), Marcos Madrigal y el propio Salgán. Dice Madrigal que Salgán escribía difícil para los bandoneones y había que estudiar mucho.

Paralelamente a esto el violinista Elvino Vardaro decidió formar orquesta propia para presentarse en el Café Germinal, secundado por Pugliese (piano), Alfredo De Franco y Madrigal (bandoneones), Gregorio Suriff (segundo violín) y Pedro Caracciolo (contrabajo).

Cuando contaba 22 años, Enrique Rodríguez lo convocó para su orquesta. El cantante de la misma era El Chato Roberto Flores y al pasar a ser este solista, toda la orquesta siguió con él.

Actuó nuevamente con Salgán en la orquesta de los años 1945/1947, que fue la segunda formación del maestro, cuando en el canto se alternaron Edmundo Rivero, Oscar Serpa y Alfredo Bermúdez. Actuaron en muchos escenarios: los cafés Germinal, Nacional, Marzzoto, Tango Bar, en el cabaret Novelty y en Radio Belgrano. Esta orquesta lamentablemente no tuvo la fortuna de realizar ninguna grabación.

Fue bandoneonista en 1949 de Francisco Lomuto con quien también realizó grabaciones y viajó al Brasil. Trabajó también con músicos de la talla de Carlos Marcucci, Alfredo Gobbi (con quien también grabó), Carlos Figari y, en 1953, con Elvino Vardaro.

Vardaro fue inducido por Martín Darré, en ese momento director artístico del sello Columbia, a formar una orquesta para realizar una serie de grabaciones sobre la base de los arreglos de Héctor Artola. Llegaron a realizar dos grabaciones: los tangos “Pico de oro”, de Juan Carlos Cobián, y “El cuatrero”, de Agustín Bardi.

En el mismo año 1953 lo convocó Julio De Caro para su orquesta, integrando la fila de bandoneones con Carlos Marcucci (primer bandoneón), Héctor Presas, Pedro Belluatti, Alfredo Marcucci (sobrino de Carlos) Madrigal y Arturo Penón.

En 1960, para la realización de la obra Historia de la Orquesta Típica, cuya estructura y texto fueron realizados por Luis Adolfo Sierra y de la cual existe un larga duración del sello Music Hall, fue llamado por el arreglador Argentino Galván, integrándose a la fila de bandoneones con el primer bandoneón de Julio Ahumada, acompañados por Calixto Sallago y Dino Saluzzi. Esta obra resume la historia del tango desde Ernesto Ponzio hasta Ástor Piazzolla.

En 1963 Julio Ahumada forma una orquesta con Miguel Bonano, en la que Madrigal vuelve a trabajar con Sallago y Saluzzi. Durante 17 años, integró la fila de bandoneones de la orquesta del programa del Canal 9: Grandes valores del tango, junto a Armando Calderaro, Daniel Lomuto, Domingo Mattio y dirigida por Armando Cupo.

Entre octubre y noviembre de 1979, integró la orquesta de Osvaldo Fresedo, para grabar el disco Fresedo 80, editado por el sello Columbia, junto a otros calificados músicos, todos de primer nivel, la orquesta fue dirigida a la sazón por Roberto Pansera, dado que El Pibe de la Paternal había delegado la conducción en éste por razones de salud. También fueron de Pansera los arreglos.

Integró el conjunto del pianista Carlos García junto a Federico Scorticati —de quién Madrigal había sido compañero en su viaje a Brasil con Lomuto en 1949—, para el viaje que realizaron a Japón en 1993, Nicolás Paracino y Miguel Ángel Varvello también en bandoneones, y Antonio Agri como primer violín.

Paralelamente con su actuación profesional Madrigal se ha desempeñado como uno de los pocos profesores de bandoneón y autor de un método para el estudio del mismo. Fueron alumnos suyos: Ernesto Baffa, José Libertella y los jóvenes valores, Marcelo Nisinman, Horacio Romo, Matías González, Ernesto Molina, Gabriel Fernández y Víctor Hugo Villena. Este último se desempeña actualmente en la Universidad de Amsterdam.

Ratificando su gran conocimiento musical, compuso con Roberto Pérez Prechi el tango “Andante y allegro”, que fuera grabado por Ernesto Baffa y también por el mismo Pérez Prechi. Su dominio del instrumento le ha permitido ejecutar música de Albeniz, Manuel de Falla, además del Ave María, de Schubert, o los “Tristes”, del argentino Julián Aguirre.

En el año 1996, Baffa organizó una orquesta y llamó a Madrigal. En la misma estaban Baffa, Daniel Lomuto, Marcos Madrigal y Nicolás Paracino (bandoneones), Enrique Lannoo (cello), Antonio Agri y Mario Arce (violines), Luis Paz (viola), Sergio Paolo (bajo eléctrico), Eduardo Lettera (contrabajo) y Oscar D'Elia (piano).

Grabaron un disco para la discográfica Música y Marketing, titulado Calavereando. Registraron: “La cumparsita”, “Calavereando”, “Pa' la Guardia”, “Alma lírica”, “Con buena onda”, “Con todo mi corazón”, “Tocalo de nuevo” y “Valsango de verano” —todos de Baffa en colaboración con otros autores—, “Troileana”, “Callao 11” y “Suárez y Montes de Oca” (de Javier Mazzea) y “Chiqué”.

En el año 2004 participó en la película El último bandoneón, en la que también aparecen Rodolfo Mederos y Gabriel Clausi. Madrigal interpreta la variación a dos manos de “El choclo” y, como solista, la primera y segunda parte de “La casita de mis viejos”.

Muchos elogios ha recibido el maestro de sus colegas. Troilo lo felicitó por la forma en que tocaba, cuando Marcos estaba con Salgán. Pugliese dijo que en cuanto a sonido de bandoneón, Marcos Madrigal fue uno de los mejores. El pianista y bandoneonista platense Horacio Omar Valente lo felicitó por su método de estudio. Leopoldo Federico le dijo a Villena, por entonces alumno de Madrigal: «Tenés un maestro de lujo». Y así podemos mencionar decenas de elogios hacia su figura señera.

Sin embargo, y pesar de todos los honores y reconocimientos de los músicos, una profunda humildad y desprendimiento acompaña siempre la figura de Madrigal. Cuando habla del fuelle, compañero de toda su vida musical, lo menciona como «un instrumento atrapante y que le gusta a todo el mundo, de muy difícil ejecución, a veces muy ignorado afuera del país».