Por
Néstor Pinsón

lrededor de cincuenta temas pertenecen a Brignolo, de los cuales —según Oscar Zucchi— solamente veintitrés llegaron al disco y de ellos, solamente tres perduraron a través del tiempo: “Chiqué” y “Por seguidora y por fiel”, como compositor, e “Intimas”, como letrista.

El primero, sin dudas, es su más bella creación musical, con el agregado que la letra también le pertenece. Originalmente la firmó con su seudónimo y, puede advertirse que no tuvo intención de poeta, simplemente hubo ganas de escribirla. Quizá, por esa palabra desconocida que tiempo atrás escuchara decir a una francesa.

Pero quiero destacar el cómodo manejo del tono coloquial, delicadamente lunfardesco, donde relata una sencilla historia y, sin pensarlo, dejó una línea que se incorporó al lenguaje cotidiano, por largo tiempo: «más linda que una guinda». Antecedente necesario del posterior: «es una uva», frase preferida de Armando Laborde.

La riqueza melódica de “Chiqué” prevaleció sobre su letra y, con la única excepción de Ignacio Corsini en 1928, las versiones fonográficas fueron todas instrumentales.

La palabra del título fue utilizada después, en otros tangos y por otros poetas. Enrique Cadícamo, en “Che papusa oí”; Manuel Romero, en “Pobre milonga”; Carlos Lenzi, en “Noches de Montmartre”; Juan Fernández, en “No me hagas chiqué”, quedando incorporada al lunfardo.

Según los investigadores, chiqué pertenece al argot de los rufianes franceses y tiene varios significados: hacerse el tonto o bien, mentir, simular, jactarse, ser aparatoso, lujoso u ostentar elegancia.

Con respecto a “Intimas”, Brignolo escribe la letra sobre la melodía ya compuesta por Alfonso Lacueva. En ella utiliza un tono netamente romántico y, nuevamente, consigue que uno de sus versos llegue a nuestro lenguaje cuando dice: «hay un vacío imposible de llenar», frase con la que finaliza cada una de las tres partes o estrofas en que divide la historia.

Es interesante su incursión como autor, y por eso agregamos un tema más, “Tus besos”, también de clásico tono romántico.

Pero su virtud sobresaliente es el haber sido considerado uno de los más importantes bandoneonistas de su época. La música la llevaba adentro, y se manifestó ya avanzada su adolescencia. Porque su infancia estuvo signada por el trabajo, algo absolutamente necesario para mantener a su familia a causa de la enfermedad del padre.

Pero cuando una noche, allá por el Centenario, pasó por Suárez y Necochea y en un cafetín escuchó tocar un bandoneón, recibió tal impacto emocional, que esperó la salida del músico para pedirle que le enseñara a tocar, pero a tocar como él lo hacía. Fue tanta la insistencia, que El Tano Genaro Espósito, que no tenía alumnos finalmente lo aceptó. Pero sólo a tocar de oído, pues recién estudió música cuando partió a Francia junto a Manuel Pizarro.

El pupilo tuvo un progreso notable y al año siguiente, en el Bar Iglesias, reemplazó a su maestro en la orquesta de Roberto Firpo. Luego, resulta imposible detallar su incesante actividad. Arrimaremos un listado aproximado: fue músico en el conjunto de Rafael Iriarte, en un trío con Pacífico Lambertucci y solista que pasó el platito en Montevideo, en el Café Yacaré y en el de Cazzolino.

En 1914, formó su primer conjunto, presentándose en el Café El Caburé, de la calle Entre Ríos 1274. Luego, en el Café-biógrafo El Capuchino, Carlos Calvo entre Boedo y Colombres, allí debuta a su lado el violinista Fausto Frontera.

Dos años más tarde, dirigió un trío en el que estaba el violinista Antonio Buglione. En 1917, armó otro pequeño conjunto en el Café T.V.O. de Montes de Oca 1786, con el violinista Bernardo Germino.

En 1918, integró la orquesta de Carlos Vicente Geroni Flores y, a continuación con la Orquesta Goubián, de Juan Carlos Cobián, quien desfiguró su apellido para evitar ser reconocido como infractor al servicio militar obligatorio. Igual fue descubierto y sobrevino “A pan y agua”.

Entre los años 1919 y 1921, estuvo en la orquesta de Samuel Castriota, para actuar en los carnavales. Después, una orquesta gigante (alrededor de 50 músicos), dirigida por Julio De Caro. En 1923, formó un nuevo conjunto para presentarse en los carnavales del Pabellón de la Rosas. A su lado Pedro Maffia y Luis Petrucelli, Lorenzo Olivari, los hermanos Remo Bolognini, Astor Bolognini y Eduardo Armani (violinistas) y José María Rizzuti (piano). Ese mismo año es convocado por la orquesta de Francisco Lomuto pero como pianista en reemplazo de Enrique Lomuto.

Al año siguiente, de nuevo para carnaval, De Caro armó otra orquesta gigante. Allí, Brignolo fue uno de los ocho bandoneonistas. El reto de ese año 1924, entre otras actuaciones, fue participar en la última etapa del cuarteto que dirigía el pianista Roberto Goyheneche, que falleció al poco tiempo. Volvió con Lomuto y con esa orquesta estuvo en la inauguración de las transmisiones de LOQ Radio París.

A mediados de 1929 y con su propia orquesta, fue contratado por el nuevo sello Brunswick que lo incluyó en su elenco, donde permaneció hasta su desaparición en 1932.

Este excelente músico dejó para el recuerdo, 37 discos en 78 rpm, con 74 temas, la mayoría cantados.

El paso de los años, la evolución del tango, lo fue alejando y, a comienzos de los años cuarenta, su figura ya había sido superada por los mas jóvenes. Pero quedó su impronta en aquellas dos perlas: “Chiqué” e “Intimas”, que por sí solas bastan para ganarse un lugar en la galería de los grandes del tango.