Lidia Borda

Nombre real: Borda, Lidia
Cancionista
(18 abril 1966 - )
Lugar de nacimiento:
San Martín (Buenos Aires) Argentina
Por
Ricardo García Blaya

i algo me agrada de esta joven cantante es su estilo, porque respeta el modo clásico de interpretar el tango, de forma natural, sin efectismos, transmitiendo además un sentimiento que, al transcurrir de las letras, resulta espontáneo y creíble.

En estos tiempos donde abundan las mujeres que cantan tango, ella es una rara avis que sale de los esterotipos impuestos a partir de los años ‘60, ubicándose en un lugar cercano a las grandes cancionistas que la antecedieron.

Es dueña de un bello timbre de voz, tiene buen gusto y no cae en la tentación de los recursos estridentes. Estudió canto desde su adolescencia y eso también se nota en su fraseo y en su afinación.

Además, es destacable la elección de su repertorio —original en comparación al resto—, donde son rescatadas bellas páginas del género, inexplicablemente olvidadas.

Nacida en la localidad de San Martín (Provincia de Buenos Aires), al tango llegó definitivamente en 1995, después de otras experiencias con diversos géneros, incluída una etapa en el undeground artístico de Buenos Aires.

Alguna vez confesó, en una entrevista para el suplemento Radar del diario Página 12, que Luis Cardei influyó decisivamente, en su forma de apreciar el tango: «Empecé a armar un repertorio de tangos, pero me di cuenta de que mis acercamientos seguían siendo superficiales. Porque por un lado hay que poner el ojo en lo técnico, en lo que podés cantar, pero también hay que tener una búsqueda personal. Y ahí fue cuando conocí a Cardei, que cantaba de una manera totalmente opuesta a lo que yo conocía del tango: en vez de desbocarse a los gritos con los tipos que cantaban tango en las cantinas –matones delante de una orquesta–, Luis tenía su voz pequeñita y una sensibilidad a toda prueba».

En dicho reportaje, publicado en noviembre de 2003, recordó que a partir de este descubrimiento, empezó a profundizar en sus conocimientos tangueros, a escuchar a los primeros cantantes y a recorrer la historia del género que –según sus propias palabras– le hablaba de su propia historia. «Para mí el tango es más profundo y sencillo de lo que a veces se muestra: una cosa introspectiva, de una conexión más profunda con uno mismo, con el entorno y hasta la geografía. Claro que para muchos es más fácil ponerse un smoking o un vestido con tajo y salir a cantar».

Debutó con el acompañamiento de su hermano, el guitarrista Luis Borda y Héctor Del Curto en bandoneón. También ese año, actuó en el Foro Gandhi, junto a Luis Cardei y el cuarteto Luis Borda. Su primer viaje al exterior fue con el espectáculo Glorias Porteñas, junto a Brian Chambouleyron, en reemplazo de Soledad Villamil.

A partir de los años ’90, inició una serie de giras por Europa junto a su hermano. Cantó en los Festivales Grec en Barcelona, en el Festival de Outono y en el Extremos do Mundo, en Portugal; en el Citè de la Musique y en el Chaillot, en Francia; en el Roma-Europa, en Italia; en el Lenguaje e Identidad, del Instituto Goethe de Munich y en el Filarmónicos en Fiebre de Tango de Dresden, Alemania; en el Bergen Festival, en Noruega; también en Perú, entre otras presentaciones. Además, participó de las ediciones del Festival Internacional de Tango, en Buenos Aires.

En el año 2002 tuvo el privilegio de participar como cantante representante de Latino América, en la ceremonia de apertura de la Biblioteca de Alejandría en Egipto. En el año 2005 recibe el premio Konex Diploma al mérito, en el rubro Cantante Femenina de Tango.

Su primer disco compacto, Entre Sueños, lo presentó en 1996, para el sello La Placita, con la dirección y arreglos de su hermano Luis. Resulta destacable, la variedad del repertorio elegido, con tangos poco difundidos como “Fanfarrón” y “Las vueltas de la vida”, milongas y rancheras.

Luego vendrán: Patio de Tango, en 1999, con la participación del cantante y guitarrista Brian Chambouleyron y la dirección musical de Esteban Morgado, para el sello EPSA; Será una Noche, la Segunda, para el sello AM, con elementos de percusión e instrumentos de viento y con el bandoneón de Gabriel Rivano, con una original y exótica versión de “Gricel”, en la que sobresale el chelo de Martín Iannaccone.

Su disco, Tal Vez Será Su Voz, fue grabado en el 2002 también para EPSA, con el acompañamiento de la Orquesta El Arranque y la producción artística de Ignacio Varchausky, con dos excelentes versiones de los valses “Paisaje” y “Tu pálida voz”, entre otros temas de los años cuarenta.