Por
Abel Palermo

ació en la localidad de Vicente López, vecina a la Ciudad de Buenos Aires. Siendo niño su familia se traslada a Santa Lucía, un pueblo del municipio de Arrecifes, su padre, músico, tenía un conjunto integrado en su mayoría por familiares.

De pequeño, estudió solfeo, armonía y guitarra con su padre y luego, continuó con el bandoneón. A los 16 años, viajó a Buenos Aires, con una recomendación para que lo escuchara Alejandro Scarpino. Pese a su edad, el maestro lo incorporó a su orquesta.

En poco tiempo, su nombre comenzó a trascender en el ambiente tanguero. Llamaba la atención su exquisito sonido y personal fraseo. Por estas cualidades, fue invitado a participar en muchos conjuntos, integrando la fila de bandoneones de Enrique Mora, José Luis Padula, Luis Brighenti y Manuel Buzón.

En 1936, dio un salto importante en su carrera cuando fue requerido por Miguel Caló, integrando la orquesta junto con Osvaldo Pugliese (piano), Raúl Kaplún, Pedro Sapochnik, Pedro Pandolfi, Orestes Zungri (violines), Miguel Caló, Calixto Sallago y Américo Caggiano (bandoneones), Alfredo Sciarretta (contrabajo) y los cantores: Carlos Dante y Alberto Morel.

Al año siguiente, se fue a la orquesta de Antonio Rodio, para sumarse a tres bandoneonistas de lujo: Antonio Ríos, Eduardo Rovira y Héctor Artola.

Ya en esa época, estaban consolidadas sus cualidades de instrumentista y arreglador, por tal motivo, es contratado por el binomio Vardaro-Demare, como primer bandoneón y orquestador de la formación. Debutaron en 1938 en Radio Belgrano, pero al poco tiempo se desvinculó Elvino Vardaro, quedando la orquesta bajo la dirección de Lucio Demare.

Mori pasó a ser figura fundamental de la orquesta y, además, se convirtió en un amigo entrañable del autor de “Malena” hasta la muerte de Lucio en 1974.

En junio de 1938, grabaron en el sello Odeon, los dos primeros arreglos de Mori: el hermoso tango de Agustín BardiLa racha” y en el acople, “Telón”, con la voz de Juan Carlos Miranda. Luego de un intervalo bastante prolongado en las grabaciones, regresaron al disco en octubre de 1941 con “Color de rosa”, comenzando así, el momento de mayor esplendor de la orquesta de Demare, donde debemos sumar el aporte interpretativo de Raúl Berón, quizás, en la etapa más brillante de su carrera artística.

A mediados de 1945, Demare dejó su orquesta porque, junto a sus antiguos compañeros Agustín Irusta y Roberto Fugazot, fueron contratados para actuar en Cuba y en otros países de América.

La orquesta fue reconstruida en parte por el binomio conformado por el violinista Raúl Kaplún y el cantor Horacio Quintana, pero Mori no se quedó con ellos porque fue convocado a integrar la formación de Ángel D'Agostino, donde trabajó hasta 1948.

Ese año se fue con Joaquín Do Reyes como conductor de los bandoneones y arreglador, reencontrándose con Elvino Vardaro. En la orquesta estaban el pianista uruguayo, César Zagnoli y el joven intérprete, Horacio Deval.

En 1952, lo encontramos en el sexteto de Juan Carlos Howard que además integraban: Salvador Casare (el otro bandoneón), Carlos Arnaiz y Noti (violines), Domingo Donnaruma (contrabajo) y las voces de Carlos Bermúdez y Marcelo Paz.

Los primeros meses de 1953, volvió a la orquesta de D'Agostino donde se quedó hasta 1959. El músico estaba en su apogeo, no sólo por su capacidad musical en el arreglo y la orquestación, también por la sonoridad y la expresión que le sacaba al instrumento. Un ejemplo de esta demostración de calidad la podemos comprobar en “Café Domínguez”, grabado en agosto de 1955 y que incluye un recitado de Julián Centeya.

A fines de 1959, se unió nuevamente a Demare para grabar un disco long play, para acompañar a Tania.

En 1965, reapareció junto al guitarrista Bartolomé Palermo, en el local Palito 85, cuyo dueño era su amigo Demare, situado en la ex calle Cangallo 1185, donde hacían un trío. En esos años hizo televisión en Canal 9, con un quinteto integrado por Carlos Figari (piano), Carlos Arnaiz (violín), Héctor Davis (guitarra) y Horacio Vivas (contrabajo).

En 1968, participó con la orquesta de Figari en la grabación de un disco, para el sello Magenta, nuevamente con Tania, a quien también acompañarían en el escenario de Cambalache, propiedad de la cancionista.

Finalmente, hizo su última intervención discográfica para un sello ignoto, con Demare, Arnaiz y el contrabajista Eugenio Pro, con la voz de Eduardo Adrián, ejemplar muy difícil de conseguir.

Como compositor, nos dejó los instrumentales “Pensativo”, “Sensitivo”, este último en conjunto con Mario Demarco, y “Valsecito alegre” con Juan Luis Garelli. Y con letra: “Evocando al tango” y “Recorro mi ciudad” —de Amanda Petarca— y “Soñando el regreso”, de Nélida Savi.

Este músico exquisito, que llenó tantas horas de mi vida en la Buenos Aires noctámbula, decidió regresar a sus pagos de Santa Lucía donde vivió hasta su muerte. Pero no se fue del todo, porque nos dejó en sus discos, el testimonio de su talento y de su hombría de bien, resultando de absoluta justicia su homenaje en Todo Tango.