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Por el Académico de Número don Eduardo Rubén Bernal
En el número anterior recordamos dos viejas expresiones muy populares para los viejos aficionados al fútbol, y que, seguramente, todos recordarán.
Eran los tiempos del fútbol de los domingos, sin que la televisión y su negocio asociado, generara esa suerte de diáspora de partidos en los días de la semana que, aunque aumentó la facturación de clubes y empresas vinculadas a la actividad, redujo las expectativas de aquellas tarde de domingo y de café, vísperas de la mañana del lunes con las víctimas y los victimarios de la fecha que entre amables discusiones cargadas y explicaciones, solamente pensaban en el próximo domingo ya, que como siempre se dijo y con enorme verdad, "el fútbol siempre da revancha". De no ser así, este deporte no tendría el encanto y la atracción que lo llevó a ser el deporte popular por excelencia. Algunas de esas expresiones fueron las siguientes:
Pizza de cancha: Se llama de este modo a una variedad de pizza preparada solamente con masa y salsa de tomate, generalmente muy condimentada, y sin muzzarella, que se vendía fría en los alrededores de los estadios. El vendedor llegaba al término de los partidos, transportando sobre su cabeza la bandeja en la que traía varias pizzas y, en uno de sus brazos, portaba dos caballetes sobre los que colocaba la gran "pizzera" armando, sobre la vereda, un primitivo e inseguro stand listo para la venta.
A la presencia de este "pizzero" ambulante se debe la denominación, actualmente vigente, de "pizza de cancha" o "pizza canchera" a esta variedad muy difundida. Hace ya mucho tiempo que el pizzero no está a la salida de las canchas. Pero su producto se sigue vendiendo, quizás más elaborada, pero con las mismas características, en cualquiera de las pizzerías de Buenos Aires.
Polla: Juego muy difundido hasta hace aproximadamente 30 años, se lo practicaba en cafés, escuelas y oficinas. Se jugaba por dinero y consistía en acertar los resultados de los partidos jugados en cada una de las fechas del campeonato. Ganaba el que obtenía mayor puntaje, acertar un triunfo local, valía un punto, el triunfo visitante valía dos y el empate tres. De este inocente juego entre amigos derivó, apoyado en la experiencia de países europeos, una importante fuente de ingresos, aunque sumamente disminuida en la actualidad, para las instituciones vinculadas al fútbol y para el Estado Nacional, es el PRODE, (concurso de pronósticos deportivos), término que también colaboró a enriquecer el lenguaje del fútbol.
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