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Por el
Académico de Número don Marcelo
Héctor Oliveri
Entre
finales de la década del 60 y principios
de los 70 me llevaban a ver a Papá Noel
en la tienda Harrods y a los Reyes Magos en Gath
& Chaves. Ambas tiendas inglesas festejaban
la navidad a todo trapo. Recuerdo que este loco
bajito apenas sabía leer y escribir y no
entendía que era eso de Merry Christmas.
Allí, además de ver a los susodichos
emblemáticos personajes de ilusiones de
nuestra niñez, hacíamos las compras
de los artículos navideños.
En ese entonces la juguetería
que ocupaba todo un primer piso lucía abarrotada
de chiches que ingenuos de nosotros pensábamos
que se la llevaría toda Papá Noel
y lo que quedaba, los Reyes.
Eran los tiempos que nos reuníamos
los 24 de diciembre con la abuela y esperábamos
ver a Papá Noel (según nos decía
entraba por una ventana). A veces me pregunto
qué pasa si hoy dejamos abierta la ventana
¿Entrarían los chorros o una banda
de secuestradores express?
Lo cierto que hasta la pólvora
que se hacía detonar por aquellos años
era argentina. Ya no están los buscapiés
o los raspapared. Apenas quedan algunas inocentes
o no tan inocentes estrellitas y bengalitas. Cuántas
secuelas han quedado de aquellos años.
Yo era muy pibe y no entendía
porqué comíamos turrones (que más
de una vez había que buscar el martillo
para partirlos), tampoco entendía eso de
morfar nueces, pasas de uva y pan dulce. ¡Si
en navidad hace lorca!
Como todo piguyi que apenas
les llegaba a la rodilla a los mayores quedaba
boquiabierto viendo las lucecitas del árbol
(que todavía no se parecían a un
cartel luminoso que anuncia un cabarute de mala
muerte). Las luces eran fijas y las piezas del
pesebre eran de yeso made in Inglaterra.
Pero, como dice aquella canción
que ya se hizo de todos, el tiempo pasa, nos vamos
poniendo viejos y hoy las navidades son otras.
Ya no se lleva a cocinar el pavo al horno de la
panadería; hoy se llama al delivery.
En esta navidad del tercer milenio
no están las tiendas Harrods o Gath &
Chaves. Están los shoppings o los outlets
engañadores de todo x 2 pesos. Papá
Noel ya no es ese gordito que conocimos en tiempo
de vacas gordas. El Papá Noel de ahora
(en vías de extinción) también
fue castigado con la mishiadura del corralito.
Los arbolitos de navidad están
decorados con bolas irrompibles pero que se descoloran
de un año en otro.
En los fines de año de
este tercer milenio ya no hay grandes mesas. Hoy
por hoy todos transportan las vituallas en heladeritas
playeras y hasta hay que llevar la sillita plegable
para hacernos un lugar en el depto de 2 x 2. Hasta
las casas se extinguieron.
En las navidades que festejamos,
la pólvora huele a rancia y los fuegos
de artificio parecen misiles de guerra.
En las navidades del 2005 extrañaremos
a los niños cantores de villancicos y a
los niños cantores de la Grande navideña.
En las navidades del 2005 seguiré
extrañando, en los kioskos de revistas,
mi Patoruzú de Oro y veré cada vez
menos pesebres.
En las navidades de esta cuarentena
que me tocará vivir (no por culpa mía)
me daré cuenta que hasta el niño
Dios es de Taiwán.
En esta navidad de la cibernética
y de las comunicaciones veré los fuegos
de artificio por una pantalla y descubriré
cómo se dice Feliz Navidad en taiwanés.
Y un pibe que está por
tomar la primera comunión en el 2006 seguramente
nos preguntará: ¿En Taiwán
también se festeja la Navidad?
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