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Por el
Presidente José Gobello
El 7
de diciembre de 1996 la Academia designó
Académico Correspondiente en México
a don Alejandro González Polo quien, a
la sazón, se desempeñaba como presidente
de la Academia Mexicana del Tango. Esta institución
había sido oficialmente creada el 7 de
septiembre de 1994 por el inolvidable Gastón
Martínez Matiella. A la ceremonia inaugural
había concurrido una delegación
de la Academia Nacional del Tango, presidida por
el titular de esa institución, Horacio
Ferrer, e integrada por Héctor Negro y
José Gobello. En aquellas densas y generosas
jornadas aztecas conocí a don Alejandro
y anudé con él una amistad estrecha
y perdurable.
González Polo, entre
otras muchas labores desempeñaba la de
notario del famoso diario mexicano Excelsior.
Había nacido en Cuernavaca el 18 de diciembre
de 1931 y, al cabo de los estudios primarios y
secundarios cursados en escuelas del gobierno
y en la Preparatoria de San Ildefonso, siguió
la carrera de Derecho en la Universidad Nacional
Autónoma de México, por la que se
doctoró con una tesis titulada La empresa
y la hacienda mercantil.
Una intensa actividad distinguió
desde entonces la vida de González Polo.
Fue jefe de tropa de los boy scouts de México
y posteriormente tuvo a su cargo la sección
de Fianzas en la Secretaría de Hacienda
y Crédito Público. Durante un bieño
se desempeñó como tesorero de la
Asociación Nacional de Notarios Mexicanos
y posteriormente secretario y presidente de la
misma institución. En ejercicio de esa
presidencia representó al notariado mexicano
en el Congreso Internacional de Notariado Latino,
reunido en Buenos Aires.
Como tantos otros mexicanos,
González Polo era un apasionado del tango
y por el tango llegó al conocimiento de
Buenos Aires y de su lenguaje.
Perteneció al grupo fundador
Los muchachos de antes -del que fue el último
sobreviviente- y alentó emprendimientos
relacio-nados con la música de Buenos Aires.
De ese modo estuvo también en el grupo
fundador de la Academia Mexicana del Tango "Gastón
Martínez Matiella", con cuyas tareas
colaboró intensa y genero-samente más
allá de los cargos oficiales que desempeñara
en ella.
Con el mismo desinterés
contribuyó también al sostenimiento
de nuestra institución. No era sólo,
sin embargo, un compañero de tareas, que
lo fue, muy cariñoso. Principalmente, fue
un estudioso del tango, ansioso de enriquecer
sus conocimientos y de transmitirlos principalmente
a los mexicanos. Inclusive para sus amigos porteños
que consagran su afán a los estudios, una
conversación sobre temas tangueros mantenida
con González Polo resultaba siempre una
lección inolvidable, por lo mucho que sabía
don Alejandro y sobre todo por el amor, la pasión
y la claridad con que se refería siempre
a este tema central de su predilección.
Cortés en su trato, listo
siempre a disponer de su tiempo en beneficio de
los otros, ajeno a las pequeñas vanidades
de la vida cotidiana, que tanto suelen manifestarse
en las instituciones culturales, de decir afable,
de sonrisa espontánea, dispuesto siempre
a escuchar más que hacerse escuchar, el
colega que acaba de fallecer en México
fue, realmente, un académico ejemplar.
Viajero impenitente, varias veces estuvo en Buenos
Aires durante los años en que ejerció
su cargo de correspondiente y nunca pasó
por nuestra casa como un visitante llegado de
tierras lejanas sino como lo que era, como un
colega que se sentía aquí entre
los suyos en el lugar donde más le gustaba
estar.
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