La próxima consagración del lunfardo

 

Por la Benefactora doña Marina González

Con este título el vespertino Crítica, fundado por el uruguayo Natalio Botana, destacaba la llegada a Buenos Aires de don Manuel de Montoliú. Este profesor de la Universidad de Barcelona llegaba para hacerse cargo de la dirección del Instituto de Filología, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, no hacía mucho tiempo fundado por don Américo Castro. El diario Crítica había dado siempre cabida a las cuestiones del lunfardo y del idioma de la ciudad. Ésta se hallaba en un período de riquísima alquimia inmigratoria, etapa de borbotones y empujones que irrumpían desde idiomas inmigrados sobre el heredado español de pura cuna y que algunos trataba de conservar impoluto. Por eso el diario de Botana no dejó pasar en silencio la presencia de Montoliú ni de la tarea que le habían encomendado y que incluía la organización de un diccionario dialectal argentino, con la colaboración de discípulos encargados de recoger el material, a quienes el diario no se privó de aconsejar en tal sentido.

Algunos intelectuales y escritores populares opinaron entonces sobre la llegada de Montoliú. Junto con el comentario del vespertino los testimonios de Carlos de la Púa, Martiniano Leguizamón, Alberto Vacarezza y Juan Francisco Palermo quedan recogidos en aquellas declaraciones.

Carlos Muñoz -que haría famoso el seudónimo Carlos de la Púa- y de quien se anuncia la aparición de El misal reo -tal vez La crencha engrasada que aún no tenía título definitivo- consultado por los periodistas de Crítica, acerca del diccionario dialectal argentino que organizaría Montoliú, dijo textualmente: "Macanudo, che. Hacía buena falta. El lunfardo entre nosotros tiene tanta importancia o más que la germanía para España. Cervantes y Quevedo -para no citar sino los más grandes- usaron la germanía siempre que lo requería el asunto. Y tanto vale llamar en lunfardo bobo al reloj como llamar en germanía gurapas a las galeras. ¿No le parece?"

A su vez don Martiniano Leguizamón, famoso ensayista adscripto al tradicionalismo, dijo: "Estoy vagamente enterado de los propósitos del señor Manuel de Montoliú; pero me basta saber que se trata de confeccionar un diccionario dialectal argentino, para que sienta la necesidad de opinar al respecto ya que no me es desconocida la materia. En efecto, creo de gran utilidad ese diccionario y hasta me parece que les hace falta a los señores de la Real Academia Española.

A su vez don Alberto Vacarezza, ya famosísimo sainetero, explicó: "Hace años, cuando Buenos Aires no era aún la gran cosmópolis que es hoy, predominaba en la ciudad el tipo español, el gallego y el vasco, y el tipo italiano, principalmente el genovés. En el barrio de Almagro estaban los vascos y los genoveses; en el de la Concepción abundaban los españoles; en Barracas, los gallegos y en La Boca se confundían inmigrantes de cien países, siempre con mayoría gallega dentro de los españoles y con mayoría genovesa dentro de los italianos.

"En aquellos años yo, como cualquiera que fuera un poco observador, distinguía al tipo de Palermo de otro de Almagro o de La Boca. No sólo se advertía una característica en su modo de vestir, caminar, accionar, etc, sino que al oírlo hablar se les observaba un dejo particular: el tipo de Almagro mezclaba en su voz dos acentos: el vasco y el genovés, que daban, uno inconfundible. El tipo boquense mezclaba en un español forzado, un espíritu criollo (de compadrito medio aficionado a la oratoria) con un sabor genovés que lo caracterizaría pronto. Así este tipo era, por su modo de hablar un criollo; por ciertos modismos importados de España, un español; y por su acento inconfundiblemente genovés, un tipo característico al que se le deben muchas de nuestras palabras que enriquecen nuestro lunfardo.

En términos parecidos se pronunció Juan Francisco Palermo quien tenía en preparación ya su diccionario lunfardo. Finalmente Crítica reseñaba su opinión con estas palabras: "Se tenemo el lejítimo orgullo, se tenemo de que el chamuyo al verre es un chohe. Mancaba el breón que lo consagrara y el breón apareció. ¡Qué quiere ahora la gualén de los tagais con esta al uso nostro. Araca con el lunfardo; dirán ahora los tagais; trosono le dábamos minga de bolilla y redepente se presenta un coso con un diccionario lunfardo, se presenta; que lo deja más chato que cocín de soque al que la alumbra, la fija y le da esplendor! Viva el lunfardo tres veces!

Agreguemos que el doctor Montoliú abandonó algún tiempo después la dirección del Instituto de Filología y regresó a Barcelona sin haber organizado el diccionario dialectal que tenía en su propósito.