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Por el Académico
de Número don Luis Ricardo Furlan
Nacido a finales del siglo XIX, desarrollado durante
el XX y engrosado en el actual, el lunfardo, como
denominación genérica de una jerga
común hecha de voces y modismos, no ha
perdido vigencia alguna. Recogido en nomencladores,
ensayos y textos literarios, bajo su palio sigue
protegiéndose una visión amplia
(y generosa) del habla popular de los argentinos.
Toca esta vez a la propia Academia
Porteña del Lunfardo la acertada iniciativa
de reunir en volumen los discursos de sus respectivas
incorporaciones de tres ilustres académicos
que (como es condición sine qua non) acreditaron,
más allá de la cátedra, sólido
conocimiento y amplitud humanística.
En Mester de lunfardía,
Arturo Berenguer Carisomo afirma que "la
palabra tiene validez sólo cuando circula,
vive y tiene una vigencia comunicante, emotiva
o trascendente", como ocurre con el habla
común. Con su particular estilo, traza
el itinerario de símiles desde el latín
vulgar al argot porteño, insistiendo en
el valor intrínseco de la comunicación
plena. Recala, entre otras estaciones, en el sainete,
piedra de toque a su entender, de la expansión
del "dialecto" originado en la inmigración
variopinta.
Para Francisco P. Laplaza, en
Los laburos y los días, existen tres niveles
de lengua: hablada, secreta y prohibida. Luego
de incursionar en los atrayentes campos semánticos
(griego y latín), analiza la expansión
de lunfardismos entre el idioma español
oficial y el vocabulario del criollismo independentista.
Esa puja lo lleva a consignar que (la transfiguración
del mundo lunfardo bonaerense desde 1879 ha venido
a constituir una esencia del mundo popular porteño.
Es Marcos Augusto Morínigo,
en Indagaciones sobre el lunfardo y la lunfardía,
quien con máxima minuciosidad explica los
rasgos de la parla rantifusa, tanto en su correlato
histórico como costumbrista. Su aproximación
-clara, fluida y convincente- constituye un estimable
tributo al esclarecimiento ortodoxo de la lengua
coloquial. Y nos propone un oportuno y curioso
debate sobre la dudosa existencia del lunfardo
en nuestros días, a la luz de que "la
dinámica vida idiomática es constante
creación, y el corazón del lunfardo
ha dejado de latir hace ya más de 30 años".
Informativo, opinable
y polémico, este núcleo monográfíco,
conocido públicamente en los años
70 alentará aún más a estudiosos,
investigadores y lectores en el abordaje de ese
mundo curioso -oral y escrito- que denominamos
lunfardo. Decía Gregorio Marañón
de los dómines de la lengua culta, que
"entienden los tales por descuido el viento
de la calle que despeina un tanto el lenguaje,
como el cabello de los que gustan sentir el aire
libre en la cabeza. Pero, a la vez, el viento
le tonifica y le inyecta la savia creadora del
pueblo, artífice supremo del idioma".
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