El aura del lunfardo de paseo por Lavalle

 

Por el Académico de Número don Marcelo Héctor Oliveri

2005 Buenos Aires. Medianoche de un lluvioso sábado primaveral de septiembre. Voy caminando por Lavalle y entre olor a frituras y pizzerías están los pibes de la calle. Esos del pegamento y el Poxi-ran que ante el paso cansino de una trasnochada nos piden un mango para vivir. El guachín de unos ocho años me espeta: Oiga máster ¿tiene un manguito? El lunfardo sin querer está en labios de ese pibe.

Más adelante casi llegando a Lavalle y Florida y entre comederos de asados criollos y deliverys de comida chatarra, se escucha a un cantor tratando de entonar a pesar del bochinche de una casa disquera, El ciruja. Un funyi cachuzo intenta cobijar los pocos morlacos de los otarios sonámbulos que, entre bostezos y aburrimientos, tratan de estirar la noche sabadeña.

Tribus de chabones avanzan por la peatonal lookeados para la gran farra. Mientras tanto, dequerusa, una pareja de Chaplines, intentan agradecer las chirolas que le ofrecen unos yanquis.

En las paralelas a Lavalle nos topamos con Esmeralda. Callecita angosta que cobija largas colas para tomar el bondi y a cartoneros que refugiados en bolsa de polietileno y nylon clasifican la mercadería. A esta altura de la noche y siendo casi las 2 de la mañana el Maipo está apagando su marquesina.

En un cabarute venido a menos un yorugua nos ofrece minas y birra desde 15 pesos. La otrora barra de la esquina le dice: Loco, no tenemos un cobre partido por la mitad.

Los que salen del cine se encuentran con los protagonistas de Iluminados por el fuego y La dignidad de los nadies en la rúa. La paradoja es que en el cine lloraron y se conmovieron, en la calle los cartoneros molestan y los ex-combatientes de Malvinas son ignorados.

En un café de Suipacha y Lavalle, tomando una birrita a las tres y media de la madrugada, que se coronará con un suculento desayuno, un buscavidas me dice: Maestro ¿quiere fasos sueltos?

Desde un sótano hediondo y de luz tenue (post-Cromañón), suena una de Los pibes chorros. El portero del boliche al ver la fachatosta de quien espía, me mira de reojo y me dice: En este boliche los pibes están de la cabeza vienen sacados y salen duros. ¿Será un cabaret del tercer mundo?

Llegando a Carlos Pellegrini diviso el obelisco. En derredor los pibes duermen, los buscas siguen mangando y el cana de la esquina, al verme cruzar por la calle que ya está durmiendo desde hace varias horas me dice: Así empilchado tenga cuidado con los chorros.

Desde una marquesina luminosa se promociona El aura, la última película de Darín, esa en la que el protagonista dice algunas palabras que están en el diccionario del lunfardo…