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Por el Académico
de Número don Jorge Waisburd
Día "D". No
El día de
Eso. El día de
de tal o cual cosa
¿Un invento comercial?
Tal vez lo sea, en muchos casos. (Porque quién
no recuerda a su vieja todos los días,
a sus hijos
quién tiene necesidad
de esperar el "Día del Amigo",
para celebrar no estar solo en la cinchada?
En otros casos, es cosa justiciera,
seguramente.
Y en todo caso, el Día
del Lunfardo, celebrado este año por partida
doble, demostró que valía la pena
ser festejado, cuando una "Comunidad de Apasionados
Tangueros" (más de 550), reunidos
en la sala AB del Centro Cultural Gral. San Martín
el pasado jueves 1 de sep-tiembre, aplaudía
complacida cada vez que un "torcan"
empezaba o termi-naba un tango lunfa.
La reunión artística
tuvo, al menos, dos segmentos marcada-mente diferencia-dos:
Toda la primera parte constó de cantantes
que se turnaron en el escenario, poniéndole
cada uno su estilo personal al repertorio lunfa.
Los músicos que los acompañaron
fueron el pianista y arreglador Claudio Garcés,
Raúl Martínez en el bajo, y en el
fueye, Juan Manuel Silveyra.
Y entonces se turnaron acreditando
aplausos Mony López aportando un sentido
moderno a una trilogía de tangos tradicionales;
el inefable Pollo Mactas, agregando humor y sentido
crítico a la velada; Juana Patiño,
haciendo un par de tangos del siempre aplaudido
repertorio de Tita Merello y luego, -dejando una
marca indeleble con su sello personal-, un Reynaldo
Martín a quien el público no se
resignaba a ver bajando del escenario.
Antes de la segunda parte (signada
por el sonido de las guitarras), tuve el placer
de llamar al micrófono a mi querido y admirado
Luis Alposta, quien entre poesía y anécdotas
se llevó una colección de aplausos
que parecían bifes, parecían
El turno de "34 puñaladas",
jóvenes guitarristas con la voz de Guyot,
que recrean el repertorio de don Edmundo Rivero
(maestro de cantores, y difusor del lunfardo como
no habrá ninguno igual). Los muchachos
recibieron sus aplausos, orgullosos de haber formado
parte de la celebración.
Otro grupo de guitarras y canto:
"La Guardia Hereje". Estos jóvenes
artistas a quienes tuve el placer de descubrir
hace unos meses en La Plata, sólo interpretan
canciones que les pertenecen. Canciones (y tangos
y milongas) que llevan el sello de la originalidad
y cierto atrevimiento, pero por sobre todo, un
tratamiento, -especialmente en las letras-, oxigenado
y libre, como una mirada nueva sobre nuestra circunstancia
actual. Alorza, el de la voz cantante, pone dulzura
y emoción a textos que trasuntan a veces
desencanto, a veces acidez. En todo caso, muchos
tuvieron la sensación de un descubrimiento.
Final, final, con Walter "El
Chino" Laborde, (cantante de la Orquesta
Típica Fernández Fierro y de la
Sans Souci), que como solista, acompañado
por su guitarrista, se plantó en un escenario
que le queda cómodo, cantó 3 o 4
tangazos, e hizo palo y a la bolsa con el público
y los aplausos.
Luego de la semilla original
de José Gobello al publicar su célebre
"Lunfardía", tal vez el hallazgo
último se lo debamos a Marcelo Oliveri,
cuando imaginó (y con ello entusiasmó
a cofrades) la creación de "El Día".
Bien, allí, -aquella
noche fría afuera y cálida adentro-,
se evidenció que está bien de bien
tomar y tener conciencia de que tenemos un vocabulario
propio, original y en permanente evolución,
que nos identifica y representa, y que además
señala, -tal vez mejor que ningún
otro-, las cambiantes reglas de juego de nuestras
maneras de relacionarnos con nosotros, con "el
otro", y con las cosas.
El lunfardo no es un vocabulario
"aséptico", que se aprende. Es
una herramienta de comunicación plena de
intencionalidad y de complicidades. Por eso la
alegría de la pertenencia
Un festejo
entre comunitario y tribal. En todo caso, entre
gente que por entender, se entiende.
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