El 5 de septiembre de 2005 en el Centro Cultural San Martín se festejó el Día del Lunfardo

 

Por el Académico de Número don Jorge Waisburd

Día "D". No… El día de… Eso. El día de… de tal o cual cosa…

¿Un invento comercial? Tal vez lo sea, en muchos casos. (Porque quién no recuerda a su vieja todos los días, a sus hijos… quién tiene necesidad de esperar el "Día del Amigo", para celebrar no estar solo en la cinchada?

En otros casos, es cosa justiciera, seguramente.

Y en todo caso, el Día del Lunfardo, celebrado este año por partida doble, demostró que valía la pena ser festejado, cuando una "Comunidad de Apasionados Tangueros" (más de 550), reunidos en la sala AB del Centro Cultural Gral. San Martín el pasado jueves 1 de sep-tiembre, aplaudía complacida cada vez que un "torcan" empezaba o termi-naba un tango lunfa.

La reunión artística tuvo, al menos, dos segmentos marcada-mente diferencia-dos:
Toda la primera parte constó de cantantes que se turnaron en el escenario, poniéndole cada uno su estilo personal al repertorio lunfa. Los músicos que los acompañaron fueron el pianista y arreglador Claudio Garcés, Raúl Martínez en el bajo, y en el fueye, Juan Manuel Silveyra.

Y entonces se turnaron acreditando aplausos Mony López aportando un sentido moderno a una trilogía de tangos tradicionales; el inefable Pollo Mactas, agregando humor y sentido crítico a la velada; Juana Patiño, haciendo un par de tangos del siempre aplaudido repertorio de Tita Merello y luego, -dejando una marca indeleble con su sello personal-, un Reynaldo Martín a quien el público no se resignaba a ver bajando del escenario.

Antes de la segunda parte (signada por el sonido de las guitarras), tuve el placer de llamar al micrófono a mi querido y admirado Luis Alposta, quien entre poesía y anécdotas se llevó una colección de aplausos que parecían bifes, parecían…

El turno de "34 puñaladas", jóvenes guitarristas con la voz de Guyot, que recrean el repertorio de don Edmundo Rivero (maestro de cantores, y difusor del lunfardo como no habrá ninguno igual). Los muchachos recibieron sus aplausos, orgullosos de haber formado parte de la celebración.

Otro grupo de guitarras y canto: "La Guardia Hereje". Estos jóvenes artistas a quienes tuve el placer de descubrir hace unos meses en La Plata, sólo interpretan canciones que les pertenecen. Canciones (y tangos y milongas) que llevan el sello de la originalidad y cierto atrevimiento, pero por sobre todo, un tratamiento, -especialmente en las letras-, oxigenado y libre, como una mirada nueva sobre nuestra circunstancia actual. Alorza, el de la voz cantante, pone dulzura y emoción a textos que trasuntan a veces desencanto, a veces acidez. En todo caso, muchos tuvieron la sensación de un descubrimiento.

Final, final, con Walter "El Chino" Laborde, (cantante de la Orquesta Típica Fernández Fierro y de la Sans Souci), que como solista, acompañado por su guitarrista, se plantó en un escenario que le queda cómodo, cantó 3 o 4 tangazos, e hizo palo y a la bolsa con el público y los aplausos.

Luego de la semilla original de José Gobello al publicar su célebre "Lunfardía", tal vez el hallazgo último se lo debamos a Marcelo Oliveri, cuando imaginó (y con ello entusiasmó a cofrades) la creación de "El Día".

Bien, allí, -aquella noche fría afuera y cálida adentro-, se evidenció que está bien de bien tomar y tener conciencia de que tenemos un vocabulario propio, original y en permanente evolución, que nos identifica y representa, y que además señala, -tal vez mejor que ningún otro-, las cambiantes reglas de juego de nuestras maneras de relacionarnos con nosotros, con "el otro", y con las cosas.

El lunfardo no es un vocabulario "aséptico", que se aprende. Es una herramienta de comunicación plena de intencionalidad y de complicidades. Por eso la alegría de la pertenencia… Un festejo entre comunitario y tribal. En todo caso, entre gente que por entender, se entiende.