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Por el Académico
de Número, don Marcelo Héctor Oliveri
A menudo
escucho decir que la Academia ya no es la misma
de antes porque no hay figuras como César
Tiempo, Barcia, Morínigo, Villanueva, etc.
Estas apreciaciones que son válidas valen
como evocación para aquellos que nos antecedieron.
Creo que si aparecieran los
clones de esos prestigiosos académicos
faltarían los que dijesen: está
queriendo copiar a fulanito de tal. En una palabra,
nunca estamos conformes con lo que tenemos.
Estoy de acuerdo con que ellos
han sido grandes y prestigiosos, de hecho no pasa
sesión académica en que los recordemos.
Hoy en el 2005 somos otros los
académicos que tenemos la obligación
de seguir adelante levantando las banderas de
nuestra institución. Esto que pasa cuando
se dice que ya no hay académicos como los
de la primera época, va también
para aquellos que buscan al nuevo Gardel. El día
que aparezca alguien que se parezca y tenga el
mismo tono vamos a decir que en el fondo lo imita.
Sin embargo, muchos olvidan
que mientras los hombres viven pasan muchas veces
desapercibidos y no los valoramos de la misma
manera que después de fallecidos. A veces,
creo que en la mayoría de los casos la
muerte retroalimenta la figura y nos parecen más
grandes de lo que fueron. No es el caso de nuestros
académicos ya fallecidos.
En la actualidad nuestra Academia
se nutre de grandes figuras y considero imprudente
decir que ya no es la misma de antes.
Hoy son otros los tiempos, hoy
es otra la cultura y hoy somos otros los académicos.
En mi caso no tengo la formación de un
César Tiempo o de un Morínigo pero
sí tengo el entusiasmo y las ganas de seguir
apuntalando junto a los demás académicos
esta institución.
Quienes hoy ocupan sus sillones
son todos capos en lo suyo. Seguramente algunos
no los saben valorar porque están vivos.
Valoremos y digamos con dignidad que es un honor
seguir contando con 28 académicos que se
destacan en lo suyo y sigamos recordando a quienes
estuvieron antes que nosotros.
La Academia está viva,
sigue trabajando, sigue creciendo y sigue progresando.
Tendríamos que preocuparnos si aparecieran
clones que se parecieran a los que ya no están.
Entonces en vez de agrandar el idioma, estaríamos
plagiando nuestra propia memoria porteña.
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