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Por el Amigo Medalla de
Plata, don Marcos Blum
1° de septiembre
de 1973. De
la sesión académica celebrada ese
día extractamos algunos fragmentos del
item Homenajes parte de los cuales estuvieron
en boca del Académico de Número
don Arturo BERENGUER CARISOMO al escritor ENRIQUE
LARRETA: "Pareciera incongruente y extraño
que en esta Academia Porteña del Lunfardo
se rinda homenaje, en el centenario de su nacimiento,
a uno de los escritores más profundamente
castizos con que cuenta nuestra historia literaria.
"Entiendo, sin embargo,
que nada más congruente ni oportuno. Nuestra
Academia -loado sea Dios- ha tenido la inteligencia,
el pudor y el buen gusto de no pretender crear
-como tantas veces se ha intentado- una "lengua
de los argentinos", aceptando con orgullo
el fundamento de nuestro decir: el español
y analizando en él, como los moluscos incrustados
en la roca que suelen darle brillo y belleza,
todo un mundo de palabras vibrantes y enérgicas
por las que el pueblo expresa sus emociones y
sus sentimientos. (
) Acatamiento a que esa
lengua heredada también es muy rica en
expresiones populares que no escaparon a Larreta
en "La gloria de don Ramiro" -el escudero,
el paje, las gentes de Ávila- y por ende
a su estar en lo más hondo del latir de
la lengua española; un carácter
de afirmación porque con estas breves y
modestísimas palabras de uno de sus más
oscuros miembros, la Academia vuelve a aceptar,
como lo acepta en sus comunicaciones, boletines
y actos solemnes, la radical base de una lengua
ecuménica y felizmente heredada, a la cual
la maravillosa inventiva popular supo dotar de
un "aire" o de un "vocabulario"
insinuante y pintoresco que antes la enriquece
que la denigra. (
) Tan evidentes como pudiera
serlo un homenaje a Cervantes o Quevedo, porque
quienes tienen verdadera intuición de una
lengua, de su genio y de su belleza saben que
en nada la ofenden, antes bien la resaltan y acrisolan
las anónimas voces del pueblo que la maneja.
"Vaya pues al autor de
"En la pampa" este homenaje de la Academia
Porteña del Lunfardo en el centenario de
su natalicio, con una rosa en su tumba que si
viene nacida del fango, todos sus pétalos
brillan en el aire más puro y azul de la
estirpe lingüística latina."
En la misma sesión dijo
el Académico de Número don Jorge
Alberto BOSSIO con respecto a NICOLÁS OLIVARI:
"Se nos marchó con su talento, dejándonos
su ejemplo de bondad exuberante, propia del sentimiento
de porteñidad que él supo expresar.
Porque él, como su poesía, para
decirlo con nuestro frate presidente, "
para
batirte el justo, está en el espíritu
y en el ademán humanos y, además,
en el lenguaje, porque si no hablás y calificás
como aquí se estila, no conseguís
nunca ser porteño bien debute". Y
Olivari fue un porteño bien debute
"La poesía hizo
de Olivari una de las figuras más señaladas
de nuestra literatura pero lo que no se borra
de nuestro recuerdo es todo lo que tuvo de humano
en cada estrofa de sus cantos ante el dolor de
los desheredados del submundo noctámbulo.
Quizás allá, en el otro mundo, las
bailarinas estén sentadas como viejas consumidas
escapadas de Pas de Quatre, escoltando el señorío
pícaro de Nicolás OLIVARI, porque
él fue el poeta que desde estudiante cantó
a los estratos de la sociedad en los que el ser
es el no ser, precisamente. Él los vio,
los apunó en las estrofas de sus versos,
los inmortalizó en cada una de sus obras,
en cada uno de sus poemas, y cuando los insensibles
y los fatuos estén olvidados, sus bailarinas
sonreirán junto a Madame Ivonne y a Margot
que, mudas, parece quisieran decirle
"Quisiera decirte y no
puedo/Quisiera tanto decirte, / Decirte tanto,
tanto
/
¿Cómo decirte?""
En la sesión mencionada
el Académico de Número don Luis
Adolfo SIERRA dijo de FRANCISCO FIORENTINO entre
otros conceptos: "
Siete años
con Pichuco. Los mejores años de Fiorentino.
Después la desvinculación. Recuerdo
que me confió la misión de sacarlo
de la orquesta al entonces "pibe" Piazzolla,
tratando de evitar el enojo del "Gordo".
Cumplí el encargo. El "Gordo"
se enojó. Pero Fiorentino se largó
nomás, haciendo debutar al promisorio Piazzolla
como director de su conjunto. En pleno éxito
sobrevino una pausa prolongada, que pareció
definitiva. Y el repunte final. Con Pepe Basso,
con Alberto Mancione. En eso, la tragedia. El
accidente que se lo llevó.
"Conservo entre mis mejores
afectos la amistad del "Tano" Fiore.
Una de las más gratas en ese confidencial
balance retrospectivo que todos hacemos al doblar
el último codo
Lo conocí a
Fiorentino en todas las facetas de su porteñísima
personalidad. Lo recuerdo alentando desde los
crujientes tablones de la antigua cancha de Avellaneda,
al viejo Racing de sus sueños infantiles.
Lo recuerdo aclamando al potrillo rezagado sin
remedio, en las tardes aciagas de Palermo, cuyo
desolado regreso al centro emprendía en
medio de firmes promesas, que se desvanecían
al despuntar el domingo siguiente. Así
era de porteño aquel muchacho sentimental.
"Nos consterna conjugarlo
en pasado, porque sabemos que nos queda su voz,
su voz de tango, la del quebrado acento, la del
fraseo arrastrado, que en las trasnochadas de
los estaños, surge como por arte de magia
de esas solemnes alcancías multicolores,
que vomitan discos por monedas, para arrancarnos
una lágrima de emoción en los versos
sentidos de "Tinta roja", de "El
bulín de la calle Ayacucho", de "Viejo
ciego", de "Malena", de "Percal".
"Nunca te recordaron, "Tano"
Fiore. Aquí estamos los cofrades de la
Academia, para disimular un poco tantos olvidos
de Buenos Aires."
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