Comentarios de libros: "Tango, voz cortada de organito"

 

Por el Académico de Número, don Luis Ricardo Furlan

Con excelente criterio y cautelosa revisión, Ricardo A. Ostuni supo advertir la escasa referencia, en la bibliografía existente, acerca de la influencia de la inmigración italiana en el tango. Una seria indagación documental, el cotejo de textos afines y la visión crítica del autor han fructificado esta obra, que será de consulta ineludible en el conocimiento y reconocimiento de los origenes de la música popular rioplatense por antonomasia.

En la apertura del ensayo, Ostuni recuenta antecedentes de la presencia en nuestro país -en particular, en la aldeana Buenos Aires-, de la italianidad, expresada no solamente en los núcleos humanos ingresados en la región sino, además, en la inserción de dicha colectividad europea en el trabajo, los usos y hábitos, las artes y, como han señalado hartamente los lexicógrafos, en el habla común del porteño.

Los datos censados de fines del siglo XIX y comienzos del XX, revelan, en porcentuales cotejados con otros grupos externos e internos, la primacía de los "tanos" en la Atenas del Plata. Modestos operarios de oficios manuales, en su mayoría, proveyeron, asimismo, un elemento insustituible en cualquier expatriación: la nostalgia. Esa melancolía que arraigó melódicamente ensamblando letrística y temáticas propias.

Confirma Ostuni, entre otros aspectos, que esa contribución itálica sentó dominio en el tango, casi apropiándose del arrabal orillero donde se añoraba aún la pampa vecina y se recelaba del afán progresista que prometía "una nueva y gloriosa Nación". Aquel espíritu bregante y laborioso, entonces, pudo aprovechar el ritmo local y, lejos del despojamiento, lo engrandeció con escritura y pentagrama, en un parto de piezas cuyo contenido abrevó más hondamente en sintonía con el alma humana.

"La inmigración italiana -escribe Ostuni- transplantó a nuestra geografía su cultura meditarránea y sus valores étnicos, al tiempo que tomó de las costumbres de estas tierras aquello que le permitió acriollarse y elaborar un sentido de pertenencia (…). Esta gesta tuvo su correlato en el tango". Para rotundo sostén de su visión, el autor agrega a la nómina de tangos que incluye personajes de ultramar y otra con los letristas, músicos e intérpretes afines.

Párrafo aparte, es sustentable el apéndice dedicado al cocoliche, figura emblemática cuya curiosa presencia en circos y teatros (especialmente dentro de la estructura del sainete criollo) dio surgimiento y colorido a un remedo de individuo extrañado de su ámbito oriundo y asediado por el desvelo de integrarse y comunicarse en otro ajeno, desparramando una jerga singular y graciosa.

Poeta y ensayista de reconocida solvencia intelectual y creativa, Ostuni hace un eficaz aporte a la historia del tango, reconociendo un ingrediente esencial de su composición. Es probable, como lo señala su autor, que los estudiosos hayan hurgado en diversos antecedentes soslayando involuntariamente el venero "tanístico" en el tango. Bienvenido, pues, este libro, de fluída prosa y lectura atrayente, donde Ostuni aporta un detallado y apodíctico análisis de la relación canyengue, rica y exitosa, entre el organito forastero y la guitarra nativa.