Tango: Pan y manteca al techo

 

Por el Académico de Número, don Marcelo Héctor Oliveri

Tanguerías, salones de baile que aseguran que en un mes usted estará bailando el tango, restaurantes temáticos, charlistas, conferencistas, poetas, revistas y más revistas, directores de cine que ni siquiera vieron los cortos de Gardel o Tango y quieren filmar una película sobre la historia del tango, periodistas y locutores que compran un espacio de radio para hacer un programa de tangos. Todo esto forma parte de la fiebremanía del tango.

Los turistas obnubilados por estar en el país del bife de chorizo y el tango arrasan con la compra de CD, videos y se empachan con suculentos platos de aire.

Los bailarines que se presentan en los escenarios tangueros hacen sus pruebas acrobáticas como si estuviesen en el circo de Moscú.

Por una entrada han pagado varios dólares y hasta se llevan una foto recuerdo por otros tantos centavitos de dólar.

Mientras tanto, en el país del mientras tanto, nos siguen visitando turistas atraídos por el 2 x 4 y el lunfardo.

Los dueños de los boliches tangueros saben que al cobrar en dólares están tirando manteca al techo. Para los argentinos esos lugares son prohibitivos, no están al alcance de los bolsillos.

Todas estas peripecias y avatares que viven los turistas en esta misteriosa Buenos Aires nos la comentan día a día. Llegan con la ilusión de ver tango y terminan encontrándose con chantas de guante blanco que no sienten ni tienen amor por el tango.

Otro tanto ocurre con algunos señores que porque tomaron cuatro clases de tango ya pueden enseñar a bailar.

Creo que el negocio del tango se está devaluando por culpa de los oportunistas que no piensan que cualquier negocio es pan para hoy y hambre para mañana.

Señores, no quemen al tango. Todo eso que se le vende a los turistas de tango no tiene nada. El verdadero tango hoy lo encontramos en los salones y milongas y en ciertos restaurantes temáticos que cobran un precio razonable.

El lunfardo que quieren aprender los turistas no lo van a encontrar en las academias privadas o en avisitos clasificados de Segundamano que dicen: Aprenda a hablar en lunfardo.

En primer lugar el lunfardo no se puede hablar, ya lo hemos dicho un montón de veces y en segundo lugar el tango no se puede aprender a bailarlo en cuatro clases.

No mientan más a los turistas. Las evocaciones de los hacedores del tango se pueden encontrar en las comunicaciones académicas de nuestra academia o en los plenarios de la Academia Nacional del Tango y el lunfardo se lo puede aprender asistiendo los días miércoles de 19 a 21 a las clases de lunfardo que dicta José Gobello.

Con respecto a los restaurantes y lugares tangueros que cobran precios exorbitantes, no les hagamos el caldo gordo. El turista dejó de ser boludo. La primera vez se ensarta, pero la segunda sabe que no va a volver.

En todo caso los que se van a quedar con la frente marchita van a ser los dueños de esos locales que pretenden obtener los morlacos del otario a costa de los cosos esos que vienen en busca de nuestra cultura.